La Comandanta Insurgente Ramona, indígena tsotsil nacida en San Andrés Larrainzar, fue la primera mujer comandanta del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional que se da a conocer públicamente, según lo señala Márgara Millán en su libro: Des-Ordenando el Género/¿Des-Centrando la Nación? El Zapatismo de las mujeres indígenas y sus consecuencias.
Por Redacción / @Somoselmedio
La Comandanta Insurgente Ramona, indígena tsotsil nacida en San Andrés Larráinzar, Chiapas, fue la primera mujer comandanta del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en hacerse visible públicamente. Así lo documenta la socióloga Márgara Millán en su libro Des-ordenando el género / ¿Des-centrando la nación? El zapatismo de las mujeres indígenas y sus consecuencias.
“Entre los jefes indígenas de la rebelión hay una mujer pequeña, de por sí pequeña entre las pequeñas. El rostro amordazado en negro logra dejar libres los ojos y algunos cabellos que guardan la nuca. En la mirada, el brillo de quien busca. Una escopeta recortada calibre 12 terciada a la espalda”.
La Comandanta Ramona impulsó activamente la Ley Revolucionaria de las Mujeres, uno de los documentos políticos más relevantes del zapatismo, y se convirtió en un ícono de la lucha por la dignidad, la igualdad y los derechos de las mujeres indígenas dentro y fuera de las comunidades.
En la última noche de 1993, Ramona iba acompañada de cientos de mujeres hacia la ciudad de San Cristóbal de las Casas. Junto con la comandanta Susana y otros hombres indígenas, formaba parte del Comité Clandestino Revolucionario Indígena–Comandancia General (CCRI-CG) del EZLN.
La figura de Ramona apareció públicamente al lado del Subcomandante Insurgente Marcos —hoy Subcomandante Galeano— cuando, junto con 19 delegados zapatistas, participó en las Jornadas por la Paz y la Reconciliación, celebradas en febrero de 1994 en San Cristóbal de las Casas, documenta Millán.
“Su figura pequeñita, resaltada por el pasamontañas que la hace ‘otra’, contrasta con las decenas de mujeres indígenas que se intercalan con extranjeros y mexicanos para formar los cinturones de paz (…) Esta figura se convierte casi de inmediato en artesanía hecha por las mujeres chamulas, inundando el mercado de San Cristóbal”.
Durante esas jornadas, la Comandanta Ramona llevaba en su morral la bandera nacional recuperada por el EZLN tras la toma de la ciudad el 1 de enero de 1994, un gesto cargado de simbolismo político.
“Nosotras ya estábamos muertas, no contábamos para nada”, expresó Ramona frente a integrantes del EZLN, autoridades estatales, nacionales e internacionales.
Millán relata que en octubre de 1996 Ramona rompió el cerco militar impuesto en la zona de conflicto para viajar a la Ciudad de México como representante del EZLN, en un momento clave del diálogo nacional. El desplazamiento también respondió a razones de salud: la comandanta padecía una grave enfermedad renal y posteriormente recibió un trasplante que le permitió continuar su labor política.
“Ramona ríe cuando no sabe que se está muriendo. Cuando lo sabe, sigue riendo. Antes no existía para nadie, ahora existe: es mujer, es indígena y es rebelde. Ahora vive Ramona, una mujer de esa raza que tiene que morirse para vivir”, señaló un comunicado de Enlace Zapatista.
Tras su intervención política, la Comandanta Ramona fue la principal oradora en la conmemoración del 8 de marzo de 1997, Día Internacional de la Mujer, realizada en Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México.
El 6 de enero de 2019 se cumplieron 13 años de su fallecimiento. Sus restos descansan en su comunidad de origen, en San Andrés Larráinzar, Chiapas, territorio que hoy sigue siendo símbolo de resistencia, autonomía y memoria viva.

