Poner el cuerpo, sacar la voz 3.0

Por Cristina Híjar

No es simplemente morir cuando te arrebatan la vida, no es simplemente morir cuando te violentan solo porque eres… Eres novia, esposa, amiga, transeúnte, mujer simplemente, la única condición que define a los feminicidios. Vida y muerte dignas son derechos indiscutibles de todo ser vivo, no en este México que-herido. Del mismo modo que los desaparecidxs no desaparecen sino que lxs desaparecen, los asesinatos de mujeres acusan responsables.

Bien dice Liliana Mizrahi que somos “herederas de una moral inquisidora” que nos acusa, que nos atribuye males y defectos, que nos asigna roles, que nos hace sentir culpables por desear, querer y hacer. Somos hijas de Eva y no de Lilith, somos pecadoras de origen y víctimas potenciales solo por ser mujeres. Señaladas y calificadas desde los libros sagrados de todas las religiones, reducidas y maltratadas a lo largo de la historia hasta por reconocidos pensadores hombres: astutas, tramposas y mentirosas, nos califica Schopenhauer; discontinuas e impulsivas, dice Otto Weininger; naturales y abominables, nos califica Baudelaire y así hasta el refrán charro que dicta: “sin contar a la mujer, el más traidor es el vino”.

Larga historia de la humanidad en lucha por los derechos más elementales y sin embargo hoy, siglo XXI, solo en el Estado de México se reportan 550 asesinadas de enero de 2015 a octubre 2016; 263 solo en 2016; 2043 desaparecidas en 18 meses… para muestra no basta un botón. En México hubo 7 feminicidios diarios entre 2013 y 2015 y en cuatro años, la desaparición de mujeres jóvenes aumentó 974%, no hay estado de la República que se salve de las estadísticas del horror. Cuesta rebasar los números, entender que uno a uno son vidas, vidas truncas de niñas, adolescentes, mujeres adultas, historias que no serán. A cada número le corresponde un nombre propio y ciertas características únicas. En este país, en esta realidad, una de esas características, o quizá ninguna, fue razón suficiente para alguien que les arrebató la vida porque quiso y porque pudo en un acto de violencia inimaginable a pesar de las crudas descripciones y testimonios que nunca darán cuenta de la sorpresa y del azoro, del dolor sufrido, de la muerte injusta y a destiempo. Cada niña nacida tiene por qué temer en esta realidad, solo por ser mujer.

Cadena de violencia sin principio ni fin: desde el acoso callejero hasta las violencias laborales, domésticas, escolares… violencias “privadas” que tienen su correlato en la violencia estructural: económica, judicial, patriarcal y machista que somete y conspira para que ni siquiera pueda haber verdad y justicia. Son pocos los casos catalogados como feminicidios, con todo lo que esto implica. Las alertas de violencia de género exigidas son siempre minimizadas y puestas en duda, al igual que las víctimas y las sobrevivientes, y la tragedia de cada vida trunca se extiende a la familia y a los amigxs que caminan en medio del dolor inconcebible. Cruces rosas, campos algodoneros y tierras sin más, tiernas señalizaciones en terrenos baldíos, murales, relatos con historias particulares, retratos de rostros bellos y sonrientes acompañan a las familias huérfanas en su cotidiana lucha contra el olvido y la indiferencia y nunca es suficiente para cimbrar la realidad y transformar la ceguera social en acción demandante de verdad y justicia, de acciones preventivas, de cuidados y políticas públicas efectivas, de reeducación social. Ya no basta la compasión ni el sacudimiento efímero: cada 3.3 horas una mujer es asesinada en este país ¿cuántas van hoy desde que despertaste?

Poner el cuerpo, sacar la voz 3.0 propone una acción cruda y contundente, sin eufemismos. Es un alerta encendida en el espacio público, es un grito doliente y solidario: no me ignores, no me olvides. Se suma a las acciones anteriores de Edgar Olguín: la primera, el cuerpo-consigna contra las violencias de Estado en lugares urbanos; la 2.0 por los desaparecidxs que hoy suman más de 30,000 reconocidos oficialmente, a través de sus ropas vacías tendidas en el Monumento a la Revolución. Hoy es por las mujeres, las asesinadas y las que aquí seguimos sin saber hasta cuándo, marcadas, definidas y expuestas solo por nuestra cualidad biológica.

Todxs somos en mayor o menor medida responsables, desde el cruel asesino, el grupo criminal impune, la autoridad judicial indiferente hasta quien voltea la cara ante una realidad atroz. Todxs perdimos, ellas nos faltan a todxs. ¡NI UNA MENOS!

Cristina Híjar
Investigadora CENIDIAP

Marzo 2017

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