“El rotulismo, lejos de ser solo un adorno, es un oficio utilitario. Es un espacio donde se manifiesta la tensión entre género, trabajo, visibilidad y supervivencia. Las mujeres que pintamos rótulos no solo producimos arte: producimos presencia”.
Por: Ángel Izquierdo / @Somoselmedio Fotografías: Bruno Amézcua López
Ciudad de México, 24 de noviembre 2025.- Ángel Acosta, rotulista, muralista y artista de 24 años, presentó un taller introductorio de lettering en el marco del 25N, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, realizado en el Centro Nacional de Comunicación Social, reivindicó el rótulo mexicano no como mera publicidad, sino como un transformador social y político, pocas veces reconocido como arte.
El rotulismo, históricamente un oficio masculino, mantiene hoy una brecha de género profunda: “en comunidades digitales, de cada 10 mil hombres rotulistas hay apenas 100 mujeres”, explicó Acosta en entrevista para Somos el Medio.
Licenciada en Gestión Cultural, Ángel Acosta trabaja por convicción y corazón en el oficio. Para ella, el rótulo debería valorarse como un verdadero arte: un trabajo manual de letras, imagen y composición visual que ocupa el espacio público y forma parte de la vida cotidiana. Según un reportaje de Coolhuntermx, el rotulismo es “el arte de las letras a pie de calle… donde se reflejan humor, identidad y cultura”, una descripción que coincide con la visión de Acosta.
Durante el taller, explicó que el rotulismo surgió como un oficio informal entre los siglos XVIII y XIX, cuando comenzó a expandirse el comercio urbano en México, especialmente en los negocios pulqueros. Desde entonces, se ha convertido en un oficio que construye memoria urbana y genera identidad barrial. Además, señaló que esta forma de comunicación tiene un impacto neurolingüístico capaz de detonar actos de rebeldía, apropiación del espacio y transformación social.
“El arte es un transformador social, político y económico. Y el rótulo, desde esa perspectiva, es fundamental”, afirmó.
Pese a su importancia, la participación de mujeres en el rotulismo continúa marcada por la invisibilidad y la sexualización de su trabajo. En su investigación de tesis, Acosta confirma que la enorme disparidad —10 mil hombres por cada 100 mujeres— es una muestra de las violencias simbólicas que persisten en el oficio.
“No es violencia directa, pero sí es violencia estar en un espacio donde no te sientes segura, donde no valoran tu trabajo por lo que haces, sino porque quieren obtener algo de ti”, explicó.
Aunque Acosta evita encasillar su trabajo estrictamente dentro del feminismo, reconoce que la desigualdad no es una batalla entre géneros, sino contra un sistema que históricamente ha colocado a las mujeres en posiciones subordinadas, incluso dentro del ámbito laboral.
“Nos crían para ser empleadas domésticas, para ser mamás. ¿Por qué estaría yo pintando paredes en lugar de estar criando hijos? Esa expectativa también es violencia”, reflexionó.
La artista detalló que “el camino de las mujeres en el rotulismo es, en definitiva, una lucha que rebasa el arte y el diseño: es un enfrentamiento directo contra la violencia estructural que invisibiliza su talento.” La brecha de 10 mil a 100 rotulistas es el reflejo de un sistema que aún sexualiza y minimiza la presencia femenina.
Ángel Acosta es prueba de que la pasión puede abrir espacios donde antes no los había: su arte no solo embellece muros, sino que reclama territorio y presencia.





