Danzantes se dieron cita en el Templo de Santo Tomás Apóstol para celebrar el día de la Virgen de La Merced y el 69 aniversario del mercado del barrio.
Texto: Alicia García | @aliciaaaa33
Fotos: Sebastián Cruz
Ciudad de México, 24 de septiembre 2026.- Al ritmo de tambores y cascabeles en los tobillos, los danzantes entraron hasta el altar con copal y una caracola para rendirle homenaje en su día a la Virgen de la Merced en el Templo de Santo Tomás Apóstol. Después, salieron a la explanada para colocar una ofrenda a la Virgen: en el suelo se colocó un pañuelo rojo, sobre el descansaba la imagen de la Virgen, un cirio pascual, un jarro de barro, una caracola, carbón, un sahumerio y diversos caparazones de armadillo.
Alberto Morales es danzante. Porta un traje con acabados en plumas de color verde, negro y amarillo, en su cuello lleva un paliacate azul, en sus tobillos se energizan un par de ayoyotes (nueces secas) que suenan al ritmo de la música. En la danza celebrada en conmemoración de la virgen de La Merced, utilizó su traje de Miquiztli, pero él refiere que también tiene trajes de diferentes deidades como Tláloc o Tonatiuh: –Miquiztli (…) es la representación de cuando hacemos las ofrendas a los difuntos, a las ánimas benditas–.
Él es originario de la alcaldía Azcapotzalco y danza desde hace aproximadamente 32 años. Su abuelo lo llevaba a la Basílica de Guadalupe para ver a la Virgen. Al ver a otros danzantes comenzó su fascinación e interés. Alberto recuerda que el gusto por la danza también fue porque su abuelo también fue danzante: –Ya lo traigo de herencia– recalcó.
Morales tiene una banda azul sobre su cabeza. Del lado derecho se lee su nombre, al centro un bordado de corazón y al lado izquierdo: Yaoyollohuacan. Ese es el nombre de su grupo dancístico. Alberto y más danzantes ensayan los miércoles en Plaza Tlaxcoaque de 7 a 10 de la noche.
Julio Molina, tiene 28 años y desde hace 12 años lleva a cabo la conformación dancística de la Virgen de la Merced. Él es originario del barrio de La Merced y desde que tenía 16 años comenzó a danzar: –Fue como una herencia de mi bisabuelo, mi abuelo y mi papá– contó.
Molina es parte del grupo de danza Palabra de la Virgen de la Merced. Para él, la danza “significa mucho”, ya que admite esta tradición lo alejó de malas personas, de las drogas y de los vicios. Recuerda con devoción el día en que prometió a la Virgen de La Merced llevarle la conformación dancística: –Tengo dos hijos, uno de ellos se me puso muy malo. El día 23 traen a la Virgen a la calle Abraham Olvera, me hinque y le pedí un milagro: Que sanara a mi hijo y gracias a dios salió bien. Yo le prometí a ella traer, durante los años que me quedan de vida, la conformación dancística– compartió Julio.
Las ofrendas: Unión, conformidad y conquista
“Unión, conformidad y conquista” es la frase dentro de la tradición de la danza. El rito conlleva mapeos de otras fiestas patronales, ofrecimientos a los santos o a las vírgenes y el cumplimiento de mandas a lo largo y ancho de México: –Si tú vas a una fiesta, estás conquistando ese corazón de esa persona par que él pueda venir a la tuya– precisó Alberto.
Lo difícil es lo que se va a ofrendar, el altar y la recepción de las personas que van a llegar o de las que no van a llegar: –Lo más complicado es salir a conquistar a la gente, es cómo pagarles la manda que ellos tienen– detalló Julio.
Durante la danza ofrendada a la Virgen de La Merced, a los danzantes se les ofreció papaya, tuna, melón y sandía en trozos, así como agua de tamarindo y horchata en bolsas de plástico para su fácil agarre. Después de bailar al ritmo de las baquetas que retumbaron en los huehuetl, unos tambores verticales blancos que utilizaron, la conformidad dancística tuvo 15 minutos de descanso para refrescarse y consumir alimentos.
Para que el cúmulo de danzantes en la explanada del Templo de Santo Tomás Apóstol fuera posible: –Al menos la mayoría de danzantes que vino es porque también ellos han ido a otras festividades y en agradecimiento, se dice que en pago toda esa gente viene ahora a acompañarlos en su fiesta– expresó Alberto.
En fechas de gran auge religioso, como el 12 de diciembre, las danzas se juntan y Julio Molina explicó que los danzantes tienen que seleccionar cuál es la ruta: –Tienes que seleccionar: Voy aquí un ratito, de ahí me paso a la otra y de ahí me paso a otra– indicó mientras mapeó con sus manos.
Durante la verbena en honor a la virgen de La Merced, había danzantes de Hidalgo, Yucatán, Guerrero. –Ellos pueden ir a diferentes lados: Estado de México, Querétaro, Guanajuato, Jalisco, San Luis Potosí, Puebla– mencionó Alberto para señalar los estados “donde hay mucha danza” en territorio nacional y añadió que en Estados Unidos, principalmente en San Diego, California, también hay presencia de danzantes.
Los traslados a otras partes de la República Mexicana o a otras alcaldías de la Ciudad de México son solventados por quien va a danzar: –Salen del trabajo que tú tienes. Mucha gente dice ‘yo te ofrendo unos dulces’ porque le piden un milagro a la virgen: ‘Sáname a mi hijo y si lo sanas te traigo tres veladoras a tu imagen’. Entonces los gastos salen de tu propio bolsillo–.
Sobre la logística que siguen las y los danzantes, Julio Molina, como organizador de la conformidad dancística en el barrio de La Merced, explicó que la organización también implica que, en comunidad, se reparta agua y comida, además de ponerse de acuerdo para realizar la misa religiosa. A ello se suma que, cada mes, el grupo Palabra de la Virgen de la Merced, realicen una junta para revisar dichas cuestiones y también decidan a dónde ir: –Tenemos que ver a dónde nos toca responder la conquista que nos hicieron–. Una vez coordinados, lo demás es fé: –Llegar con fé y con voluntad y ofrendarlo de todo corazón– externó Julio.

Julio dice que en algunas festividades, a la danza se le suma la velación, la cual consiste en cantarle a la imagen toda la noche hasta las 6 o 7 de la mañana, hasta que se vuelve a danzar: –Con la misma velada que tienes, con el mismo cansancio, lo vuelves a ofrendar al otro día–.
Mientras los danzantes se fundían al ritmo de los tambores y de sus cascabeles explosivos, Julio les pasó una libreta azul, en la que cada uno anotó su mesa y sus festividades de cada fin de semana. Cada sábado o domingo se festeja un Santo, él tiene que estar atento porque: –Cada gente que viene a ofrendar, cada gente que viene a este grupo, tengo que ir a conquistarlos: se le llama Unión, Conformidad y Conquista. Yo voy a conquistarlos y ellos vienen a pagar su manda que le puedan prometer a la virgen en su altar y vienen a ofrendar a la virgen de la merced cada 24 de septiembre– explicó.
Cada fiesta patronal es una celebración. Es unión y es conquista. –Es como un cumpleaños– dice Julio y continúa con su voz modulada: –Así se conforma esto de la danza: Si tú vas a mi fiesta, yo bajo a tu fiesta. Muchas festividades son al año, pero debes de tener y seleccionar a personas con las que debes de conquistar y a las personas que les debes de responder durante todo el año. Todo el año tengo que recorrerlo para yo posteriormente traer a la gente acá a la fiesta de La Merced–.
Ser danzante es un caminar profundo en la religiosidad y espiritualidad. Ayer fue la celebración por el día de la Virgen de la Merced y el 69 aniversario del mercado. Julio y Alberto han dedicado más de la mitad de su vida a danzar y a organizar:–La danza es un camino de reflexión, un camino de voluntad y posteriormente entregarte a dios (…) Mucha gente lo agarra como hobbie, pero si lo agarras de corazón y con fé, aprendes mucha sabiduría– afirmó Julio.
La danza
–Agradezco siempre a la vida y a dios. Mi primer sentimiento es agradecer por lo que tengo, por la vida, por lo que se me ha permitido vivir y por lo que no. Ya después viene el sentimiento de lo que es la danza y su forma, la tradición y lo bonito de ensalzar nuestra danza– refirió Alberto.
Cada uno de las y los participantes lucía un traje con penachos y atuendos con plumas, pañuelos, collares con piedras turquesas, cascabeles en los tobillos y máscaras o pinturas en su cuerpo y rostros con las que hacían referencia a aves o animales como el jaguar, el quetzal, el tucán. La indumentaria tenía detalles a base de lentejuelas, chaquiras o piel de algún animal como víboras. Algunos tenían huaraches y algunos otros estaban descalzos y vendados en el arco plantar de los pies, tambores.

La danza tiene su origen en el sincretismo, un proceso de transculturación y mestizaje de culturas. Álvaro Villalobos, en El sincretismo y el arte contemporáneo latinoamericano, alude que esta mezcla se dio entre Europa y el “Nuevo Mundo”. El danzante Alberto señaló que la danza estaba “relacionada para los santos o para las vírgenes” y precisó que hay diferentes danzas: la de tradición, la de cultura y las relacionadas con deidades.
La danza realizada para la virgen de La Merced es de tradición. La de cultura “está relacionada al rescate de aquellos tiempos de los antiguos aztecas”. Las relacionadas a las deidades, pueden ser al sol, al maíz, a la tierra o a los elementos. Alberto señaló que se ha perdido mucha información sobre esta tradición y sus significados, por lo cual se ha tratado de rescatar a través de los códices, pero él no dota de certidumbre a los manuscritos: –Los hicieron los mismos frailes, los mismos españoles. No podemos tener la certeza que realmente era así–.
Además, Alberto expuso que esta tradición tiene poca visibilidad y que además tiene estereotipos: –Muchas veces la gente todavía nos llama apaches y chapulines. Piensan que nada más venimos a brincar por brincar. Hay un rito y hay una devoción detrás de todo lo que hacemos. No nada más es venir a dar saltos–.

