Tras años de búsqueda, la madre buscadora Ceci Flores identificó mediante ADN los restos de su hijo; el caso expone la crisis de desapariciones y la ausencia del Estado en México.
Por Citlalli Téllez /@tlalikopizkli
Hermosillo, Sonora. La activista y madre buscadora Ceci Flores confirmó que los restos óseos localizados el pasado 24 de marzo en Hermosillo corresponden a su hijo, Marco Antonio Sauceda Rocha, desaparecido desde 2019.
La identificación se realizó mediante pruebas de ADN, tras el hallazgo en el kilómetro 46 de la carretera 26, en una zona marcada por la violencia y la presencia de fosas clandestinas.
El caso de Marco Antonio no solo representa una tragedia familiar, sino que se inscribe en la crisis estructural de desapariciones que atraviesa México, donde miles de familias han tenido que asumir tareas de búsqueda ante la insuficiencia de las instituciones.
Desde la desaparición de su hijo, Ceci Flores emprendió una búsqueda que la llevó a recorrer distintos puntos de Sonora y a fundar el colectivo Madres Buscadoras de Sonora, convirtiéndose en una de las voces más visibles en la exigencia de verdad y justicia para las personas desaparecidas.
A través de sus redes sociales, la activista dio a conocer la confirmación:
“Los restos encontrados en días pasados corresponden a mi hijo, Marco Antonio Sauceda Rocha. La prueba de ADN ha confirmado lo que tanto temía… y aunque pasaron los años, nunca estuve preparada para este momento. Hijo, nunca dejé de buscarte… nunca perdí la esperanza de encontrarte, de abrazarte otra vez. Cada día sin ti fue un dolor que no se puede explicar con palabras”.
En el mismo mensaje, Flores expresó:
“Hoy no es un final… es un reencuentro distinto, lleno de dolor, pero también de amor eterno. Hijo mío, te encontré… y jamás dejaré de amarte”.
De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), en México hay 132,771 personas desaparecidas y no localizadas, mientras que al menos 21,942 han sido encontradas sin vida.
En este contexto, el hallazgo de Marco Antonio evidencia el papel central de los colectivos de búsqueda, integrados principalmente por familiares, quienes han denunciado de forma reiterada la omisión, la falta de recursos y la insuficiencia de las autoridades en la localización de personas desaparecidas.
El caso también vuelve a colocar en el centro la exigencia de verdad, justicia y garantías de no repetición, en un país donde la desaparición sigue siendo una crisis vigente y sin respuesta integral por parte del Estado.

