Durante más de una década, el fotógrafo Alejandro Medina Guzmán documentó la peregrinación de habitantes de Tepito hacia Chalma y convirtió ese proceso en un fotolibro sobre identidad, comunidad y resistencia barrial.
Por Rodrigo Ivan Sánchez / @Somoselmedio
Ciudad de México, 11 de septiembre de 2026.- El fotógrafo Alejandro Medina Guzmán documentó durante más de una década la peregrinación de habitantes de Tepito hacia Chalma, una tradición que atraviesa la vida comunitaria del barrio y que quedó reunida en el fotolibro Chalmeros de Tepito. Barrio peregrino, presentado el 9 de septiembre en el Museo de la Ciudad de México.
La obra reunió una selección de entre 5 mil y 6 mil fotografías tomadas a lo largo de varios años y propuso una mirada sobre la fe, la organización comunitaria y la identidad de Tepito, frente a las representaciones que históricamente han reducido al barrio a la violencia y la marginalidad.
La presentación contó con la participación del autor, la editora Sandra Luna, el periodista Jorge Pedro Uribe y Miguel Ríos, peregrino veterano del barrio.
Medina explicó que su acercamiento a esta tradición comenzó en 2010, cuando un primo lo invitó a participar en la peregrinación. Con el paso del tiempo, aquella experiencia se convirtió en un proyecto personal y documental.
“Llegué a la peregrinación queriendo retratar personas que caminaban y salí conociendo a un grupo de personas que me enseñó toda una filosofía de vida”, explicó Medina Guzmán durante la presentación.
El proceso de selección del material fotográfico también formó parte de la construcción del libro. De un archivo de entre 5 mil y 6 mil imágenes, el autor y su equipo realizaron una depuración hasta construir la narrativa visual final, organizada cronológicamente con apoyo de Sandra Luna.
La obra fue apoyada por la Secretaría de Cultura y publicada bajo el sello Artes de México.
Durante su intervención, Jorge Pedro Uribe señaló que la peregrinación no podía entenderse únicamente como una práctica religiosa individual, sino como una experiencia colectiva vinculada con la historia y la organización del barrio.
Uribe relacionó la fuerza comunitaria de Tepito con distintos procesos de resistencia y organización popular, y recordó que desde las décadas de 1980 y 1990 habitantes del barrio se organizaron para realizar el recorrido de tres días hacia Chalma.
“Es un gran aprendizaje de la identidad. Un encuentro espiritual, de devoción, de humildad y de demostración de fuerza de un barrio independiente”, señaló el periodista.
La peregrinación hacia el Señor de Chalma también fue presentada como un espacio de transmisión de memoria entre generaciones.
Miguel Ríos, peregrino veterano, habló durante el encuentro sobre el agradecimiento, el perdón y el sentido comunitario que acompañan el trayecto.
“Cantando y rezando los caminos son más cortos”, expresó Ríos al recordar a quienes transmitieron esta tradición dentro del barrio.
Para los participantes, la peregrinación también permitió construir vínculos comunitarios y reforzar una identidad colectiva que desbordó los estigmas asociados históricamente con Tepito.
El libro buscó mostrar precisamente esa dimensión del barrio: la de una comunidad que se organiza, sostiene sus tradiciones y mantiene prácticas religiosas y colectivas que forman parte de su memoria cotidiana.
Chalmeros de Tepito. Barrio peregrino quedó así como un registro de una tradición que combinó devoción, organización comunitaria y memoria barrial, y que mostró otra dimensión de Tepito más allá de las representaciones centradas únicamente en la violencia o la marginalidad.

