“La universidad que no filtró quién entra ahora filtra quién la representa”
Por: Mario Marlo / @Mariomarlo
En el libro que la Universidad Autónoma de la Ciudad de México entrega a sus estudiantes de nuevo ingreso hay una frase que explica por qué esa universidad existe. Su oferta educativa está abierta a todo el que quiera realizar estudios superiores, dice el texto, sin importar edad, credo, condición socioeconómica, escuela de procedencia ni los años transcurridos desde que obtuvo su certificado, y “sin prejuzgar sus méritos, sus calificaciones o sus promedios previos”.
El 1 de septiembre de 2026, la Coordinación de Servicios Estudiantiles y la Secretaría General publicaron la Convocatoria al Encuentro de Egresados 2026. Entre los criterios con que se ponderará a los aspirantes a ponente están los títulos de posgrado, los cargos de responsabilidad y los puestos alcanzados, las patentes registradas, las consultorías prestadas, las empresas fundadas, los negocios creados y las medallas obtenidas en la carrera deportiva. La formación crítica, científica y humanista de los egresados —aquello que distingue a la UACM de cualquier otra universidad del país— aparece hasta el último renglón, dentro de la fórmula “cualquier otra actividad”.
Ese catálogo de logros dibuja un perfil: el del profesionista con posgrado, patente y empresa propia. Es el modelo de éxito con el que se mide a los egresados de cualquier universidad del país, y es justamente el que la UACM fue creada para no reproducir.
Queda el último criterio, que sí nombra la formación crítica, científica y humanista y el compromiso con la sociedad del egresado. Aparece después de las medallas deportivas, encabezado por la fórmula donde una lista guarda lo que no cupo en sus categorías anteriores. El proyecto educativo de la universidad quedó archivado ahí.
Se puede objetar que la convocatoria sí pide trayectoria comunitaria, y es verdad: su Base Segunda la solicita expresamente, junto con la académica, la artística y la deportiva. Lo comunitario se invita en la Segunda y se pondera en la Quinta, y es la Quinta la que decide quién sube al escenario del 29 de octubre.
Hay una contradicción más dentro del mismo documento. El encabezado convoca a toda persona que cuente con certificado de término de estudios o título, en igualdad de condiciones. Ocho renglones después, el primer criterio de ponderación advierte que si se dispone “solamente” del certificado, hay que contar con una sólida trayectoria profesional comprobable. La convocatoria abre la puerta a todos y adentro los ordena.
Ese “solamente” pesa distinto en esta universidad. El proyecto educativo de la UACM critica de frente a un sistema que, por producir egresados en el menor tiempo y al menor costo posible, limita las oportunidades de estudiar a quienes las instituciones consideran capaces de lograrlo en un tiempo predeterminado. Y explica por qué aquí no se fija un número de materias por semestre: para que puedan seguir estudiando quienes deben dedicar buena parte de su tiempo a obligaciones familiares, laborales, políticas, artísticas o socioculturales. El documento nombra el compromiso político y sociocultural como razón legítima de una trayectoria larga. La convocatoria lo convierte en un déficit que hay que compensar.
La Universidad de la Ciudad de México se creó en abril de 2001. La Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó su ley el 16 de diciembre de 2004 y la publicó el 5 de enero de 2005. Se fundó sobre la convicción de que el examen de admisión mide origen antes que capacidad, y de que un promedio previo suele ser el registro contable de las condiciones materiales de una familia. Por eso su ingreso prescinde de exámenes de selección y de comprobación de promedios, y adopta el sorteo como el medio más equitativo para dar a todos los solicitantes las mismas posibilidades.
La Exposición de motivos de la propia ley es todavía más explícita sobre el sentido de lo público. Sostiene que el propósito de la educación pública es formar servidores de la sociedad, profesionales con compromiso social, y advierte que introducir el criterio de beneficio privado por encima y al margen del beneficio colectivo corrompe el sentido público de este servicio educativo.
Lo dice el documento que fundamenta la creación de esta universidad. Y es la misma universidad la que hoy le pide a sus egresados que acrediten patentes registradas, consultorías prestadas y negocios creados.
En 2012, la comunidad universitaria sostuvo un paro de más de 200 días. Aquel conflicto admite varias lecturas y todas siguen en disputa. La mía es que debajo de la pugna por la rectoría se discutía si la UACM debía parecerse a las demás universidades, medirse con indicadores externos y ordenarse con las varas que fue creada para no imitar.
La convocatoria de 2026 avanza en esa dirección sin conflicto abierto ni rectoría en disputa. Llega en el lenguaje administrativo de una lista de criterios, revisada por un comité que integran el Despacho de la Secretaría General, la Coordinación de Servicios Estudiantiles y su servicio Formación para el Trabajo, y cuyo fallo la convocatoria declara inapelable. Una palabra difícil de sostener en una universidad que se concibió deliberativa.
Alguien dirá que la convocatoria democratiza lo que antes se resolvía por invitación, y el punto merece respuesta: abrir la participación a cualquier egresado es preferible a elegir a dedo. La discusión está en la vara y en quién la aplica. Un comité sin colegios académicos, sin egresados y sin estudiantes, que declara su fallo inapelable, sustituye la invitación por un filtro con menos deliberación que antes.
Lo más grave está en la primera base. El formato será un foro abierto, dice, un diálogo frontal con los estudiantes, en especial con los de nuevo ingreso.
Es decir: con quienes acaban de entrar por sorteo. Con quienes fueron admitidos sin que nadie prejuzgara sus méritos. Con quienes recibieron, al inscribirse, el libro donde la universidad promete exactamente eso.
A esos estudiantes se les presentará, como modelo de desarrollo profesional uacemita, a doce egresados seleccionados mediante un filtro que, aplicado a la entrada, habría dejado fuera a la mayoría de ellos. La universidad que se negó a filtrar quién entra está filtrando quién la representa.
El 4 de marzo de 2025, en el auditorio 1 del plantel Casa Libertad, se realizó el Primer Simposio de Egresados de la UACM, organizado junto con el Colegio de Ciencia y Tecnología y el Colegio de Ciencias y Humanidades. Aquel encuentro se armó con un programa de ponencias, sin criterios de ponderación, sin plazas limitadas y sin fallo inapelable.
En ese programa se habló de la reacción de los habitantes frente a los problemas del agua, de los impactos socioterritoriales de las energías renovables, de promoción de la salud y del arte en las calles. Ninguna de esas trayectorias se explica por patentes registradas, empresas fundadas o certámenes ganados. Los egresados que la propia universidad puso en el escenario hace un año difícilmente puntuarían con la vara que publicó este año.
Entre marzo de 2025 y septiembre de 2026 el evento pasó de manos académicas a manos administrativas de empleabilidad. Con la unidad que lo opera cambió también la pregunta que se le hace al egresado.
Actualmente hay egresados de la UACM trabajando en organizaciones de derechos humanos, en educación popular, en acompañamiento a comunidades indígenas, en medios que documentan sin respaldo institucional. Hay investigadores, maestrantes y doctores entre ellos. Han formado a otros estudiantes. Han contribuido a defender los derechos de comunidades enteras. El grado que algunos alcanzaron sí puntúa en la Quinta base; el trabajo que hicieron con él, no.
Decir que la convocatoria los mide mal se queda corto. El valor de esas trayectorias depende de no medirse así. El acompañamiento comunitario funciona porque quien acompaña se corre del centro. La educación popular no produce galardones porque su método consiste en repartir la autoría. El periodismo que se sostiene sin dinero institucional lo hace por no depender de quien otorga los reconocimientos. Ejercen un trabajo que sería peor si aprobara ese examen.
Escribo como egresado de esta universidad y como periodista y fundador de dos medios digitales. Decidí no enviar relatoría, y lo digo aquí para que quien lea sepa desde dónde está escrito esto.
Nada de lo anterior implica que quien fundó una empresa o consiguió un doctorado haya traicionado algo. Hay egresados de la UACM en esos lugares haciendo trabajo digno y necesario. Lo que está en discusión es que la universidad haya decidido que principalmente eso cuenta, y que se lo vaya a decir a los estudiantes de primer semestre.
Al pie de la convocatoria, debajo de los logotipos, está impreso el lema de la institución: Nada humano me es ajeno.

