Colectivos lowrider y lowbiker de la Ciudad de México y el Estado de México reivindican la identidad, la familia y la comunidad frente a los estigmas que históricamente han vinculado a la cultura chicana con el pandillerismo.
Ciudad de México 6 de septiembre 2026.- Autos lowrider, bicicletas modificadas y danza ocuparon la explanada del Palacio de Bellas Artes como parte de las actividades de la exposición Aztlán, túnel del tiempo, donde participaron colectivos lowbiker y el proyecto de danza experimental Jarocholos.
La cultura chicana y el movimiento lowrider han fortalecido su presencia en la Ciudad de México y el Estado de México. Clubes como Mexican Family e Impala Club realizan rodadas por las principales calles de la ciudad, donde los automóviles y bicicletas modificadas se convierten también en expresiones de identidad y comunidad.
Para quienes integran estos clubes, la presencia de esta cultura es cada vez más fuerte. Así lo explicó en entrevista Mr. Borrego, rapero, integrante de Impala Club y originario de Nezahualcóyotl.
“La cultura lowrider aquí en la Ciudad de México y el Estado de México no tiene tanto tiempo de haberse arraigado. Claro, son influencias de la cultura chicana de Estados Unidos, pero aquí ya tomó una muy buena fuerza. Ahorita venimos representando el barrio y el club de puros Impalas”.
Para El Chicano, integrante de Mexican Family, el movimiento lowrider tiene entre sus principales valores la hermandad, la familia y la defensa de las raíces mexicanas.
“Es el estilo de las bicis y el honor de ser mexicano. De hecho, a mí me dicen Chicano, pero no soy de allá. Simplemente agarré el estilo desde chavillo y es lo que me gusta. Representa a la raza mexicana, la hermandad, la unión, el respeto, la humildad y, sobre todo, la familia. Es lo que defendemos: las raíces”.
Citlali TéllezCitlali Téllez
La exposición Aztlán, túnel del tiempo, inaugurada en marzo en el Museo del Palacio de Bellas Artes, también ha permitido que personas que no conocían esta cultura se acerquen a ella.
Carlos Ernesto Aquino Alonso, integrante de Mexican Family y originario de Oaxaca, explicó que su principal vínculo con el movimiento chicano comenzó a través de la fotografía y su gusto por los autos lowrider.
“Sí tuvo mucho auge y llamó mucho la atención porque llegó gente que en realidad no conocía este movimiento. No es tan cotidiano que tú veas una bicicleta lowrider en la calle y, cuando nos ven, se acercan a tomarnos fotos, pedirnos fotos y hacernos entrevistas. La gente se motiva”.
Aquino señaló que incluso nuevas personas se han integrado al club después de conocer las bicicletas y automóviles modificados.
“Hay mucha gente que apenas se integró a nuestro club y que no tenía nada que ver con esto. No son pandilleros ni cholos; simplemente les llamó la atención y ahora también están armando sus propias bicicletas porque les gustó el estilo”.
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El automóvil como identidad y memoria
Los automóviles lowrider se caracterizan por diversas modificaciones estéticas y mecánicas. Una de las más visibles es el sistema de suspensión, que permite elevar el automóvil o bajarlo prácticamente hasta el piso.
Sin embargo, para sus propietarios estas modificaciones no son únicamente estéticas. En muchos casos, cada automóvil incorpora símbolos, imágenes y referencias vinculadas con la historia personal y familiar de quien lo conduce.
Es el caso de Julio César Corona, quien además de modificar su automóvil creó su propia marca de ropa, Corona Brand. Para él, su vehículo representa distintos momentos y personas importantes de su vida.
“Todo lo que viene pintado en el cofre es en memoria de mi mamá, que se me fue hace dos años y medio. Ya no lo vio físicamente, pero ahí la traigo conmigo”.
Corona explicó que en distintas partes del automóvil también incorporó referencias a su esposa, sus hijos y a un perro de la familia que murió.
“A mi esposa le gusta mucho Marilyn y le gustan mucho las rosas. Cada que le regalo algo son rosas. También tenemos un perro bully que se nos murió y la foto de mi hijo. En uno de los costados hay dos payasitas; yo siempre he catalogado así la vida: sonríe ahora y llora después”.
Además del significado personal de las imágenes, Corona ha invertido tiempo y recursos en modificar distintos aspectos del automóvil.
“Lo compré bien, ya tenía unos detallitos y yo se los arreglé. Le arreglé los rines porque estaban pintados y solamente traían la paloma dorada. Le mandé a hacer el cromo negro, los rayos dorados, los naipes y modificamos el nombre de atrás para ponerlo en hoja de oro”.
También realizó modificaciones al sistema de aire para mejorar el funcionamiento de la suspensión.
“No es fácil mantener un carro. Otra de las cosas que siempre le digo a la gente es que creen que lo tengo guardado, pero es de uso diario. Yo siempre he dicho que los fierros son para usarse”.
Corona radica en Nezahualcóyotl, Estado de México, uno de los territorios donde esta cultura ha tenido presencia durante años.
Citlali TéllezCitlali Téllez
Cultura chicana frente al estigma del pandillerismo
Uno de los principales obstáculos que enfrentan quienes forman parte del movimiento es la asociación entre su estética y el pandillerismo.
Aquino explicó que la ropa, los tatuajes o la forma de llevar el cabello todavía generan prejuicios.
“Nos ven mal porque varios de nosotros pertenecimos a alguna pandilla en algún momento. Ahora lo único que hacemos es rodar y representar la cultura. Nos seguimos vistiendo tumbados, pelones, y mucha gente tiene el estigma de que, por vernos así o tatuados, piensa que les vamos a robar o hacer algo”.
Para Aquino, las rodadas y el trabajo sobre las bicicletas también buscan mostrar otra dimensión de esta cultura.
“Tratamos de dar un buen ejemplo haciendo lo que hacemos: salir a rodar, practicar y dedicar nuestro tiempo a modificar nuestras bicicletas a nuestro gusto”.
Citlali Téllez
Mr. Borrego coincidió en que todavía hace falta mayor difusión para desmontar los prejuicios que persisten alrededor de la cultura chicana.
“Hace falta difundirla porque hay muchos estigmas por nuestra forma de vestir, porque nos ven pelones o tatuados. Pero lo que traemos ahorita es una cultura. Puedes ver un carro muy bien detallado y eso es lo que queremos dar a conocer: que no nada más es pandilla o calle, también hay cultura”.
Borrego consideró que la dinámica vinculada con las pandillas pertenece principalmente a otra etapa del movimiento.
“Las pandillas se quedaron atrás y ahorita representamos con otro tipo de expresiones, como los carros”.
Las rodadas también buscan sumar a más personas y mostrar que, actualmente, el movimiento en México tiene características distintas de las que históricamente adquirió en algunas comunidades chicanas de Estados Unidos.
Citlali Téllez
El Chicano explicó que en México existe un mayor énfasis en la convivencia familiar.
“Allá sí es un poquito más por las clicas y todo eso; aquí es más por la unión de la familia. Antes también era más por barrios, pero ahorita ya se respeta un poco más todo eso”.
Para él, uno de los objetivos es que cada vez más personas conozcan esta cultura sin asociarla automáticamente con el pandillerismo.
“Queremos llegar a más personas, hacer rodadas más masivas y que se vea que esta cultura aquí dentro de la ciudad no es pandillerismo”.
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Periodista transmedia, enfocada en temas de género y periodismo cultural.
Comunicóloga egresada de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, con experiencia de mas de cinco años en medios digitales.
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