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Ecos del paro estudiantil contra la violencia patriarcal en la UAM

Después de dos meses de paro estudiantil en la Metropolìtana, la Casa Abierta al tiempo, enfrenta desafíos enormes para erradicarla completamente y garantizar un ambiente libre de violencia machista para su comunidad, en especial para las y los estudiantes de todas sus unidades.

Por Adrián Peña

CDMX, 17 de Junio 2023.- El 9 de marzo de 2023 la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)  enfrentó un prolongado paro en todas sus unidades durante más de dos meses, en respuesta a una serie de denuncias de abusos, acosos, hostigamientos y violencias sexuales. La situación se desencadenó cuando una alumna de la unidad Cuajimalpa hizo pública la inacción de las autoridades ante un caso de violencia sexual ocurrido dentro de la propia institución. Este hecho fue el detonante de asambleas estudiantiles en las cinco unidades y de una suspensión de actividades que se prolongó por 8 semanas.

Si bien cada unidad de la casa de estudios tuvo dinámicas organizativas y demandas diferentes, y por lo tanto proceso de negociación también diferentes, todas las asambleas estudiantiles demandaban acciones y medidas reales que interrumpieran la impunidad con la que violentan, sobre todo a las mujeres, trabajadores de todos los sectores de la universidad y también de sus compañeros de aula.

Aunque no todas las unidades construyeron acuerdos para levantar el paro estudiantil al mismo tiempo, poco a poco cada uno de los planteles volvieron a clases, en algunos, primero de manera virtual y luego de manera presencial. Entre los estudiantes se compartieron denuncias de presiones por parte del profesorado, sobre todo de posgrado, para volver a clases, por lo virtual, antes de que las paristas devolvieran las instalaciones. En general, la vuelta a la “normalidad” fue vivida por la comunidad con tensión, pues después del paro, y a pesar del activismo de las mujeres que lo protagonizaron, no queda claro cómo actuarán las autoridades universitarias frente a la normalizada  violencia machista que se vive dentro de la casa de estudios, la tercera universidad pública más importante del país.

Si bien las denuncias sobre violencia sexual tienen una larga data en esta y otras universidades públicas y privadas, la denuncia de violación sucedida en la unidad Cuajimalpa que no fue atendida correctamente por las autoridades universitarias fue la gota que derramo el vaso. Detrás, afirmaban las activistas, había años de negligencias y desatención de otras denuncias de abuso y acoso sexual. Por eso, la resolución que las autoridades universitarias dieron a la denuncia por violación de una alumna por parte de otro estudiante fue el detonante para que el hartazgo de sus compañeras acabara en paro. Y es que, la comisión evaluadora del caso que funcionó de manera colegiada, se declaró incompetente para ejercer ninguna acción en contra del acusado.

El paro puso contra las cuerdas a la institución y obligó a las autoridades a entablar una negociación con las alumnas, que demandan que luego de esta crisis, las acciones de las autoridades deben traducirse en cambios estructurales dentro de la universidad.

Después de una larga negociación diferenciada entre planteles, podemos resumir que entre los acuerdos están el compromiso de reformar la legislación interna, crear un protocolo único de género y erradicar por completo la violencia machista de los campus, entre otros asuntos. Hoy en día la universidad se encuentra operando de manera “normal”, pero, segùn opiniones de la comunidad uamita el paro modificó la vida interna de la institución. En entrevista para Somos el Medio, la profesora uacemita Samantha Zaragoza, egresada del doctorado en Ciencias Sociales en el área de Mujer y Relaciones de Género por la UAM Xochimilco, afirmó “Por desgracia en algunos planteles incluso se acentuaron las divisiones entre la comunidad que apoyaba el paro y sus demandas y la que no. La relación con las rectorías por plantel y general también cambiaron.”

El impacto de la violencia sexual en la comunidad universitaria

En las universidades la violencia contra las mujeres se manifiesta de diferentes formas, a través de acoso, hostigamiento, agresión o abuso sexual o violación. Estos actos son perpetrados por parte de otros estudiantes, profesores, personal administrativo o cualquier otro miembro de la comunidad universitaria. Además de que todas las expresiones de violencia sexual tienen un impacto en las víctimas, debido a que desencadenan trauma y heridas en sus vidas,  afectando el rendimiento escolar, pero sobre todo, violando sus derechos fundamentales, empezando por el derecho a estudiar en un entorno libre de violencia de género.

A pesar de esta problemática, existe un subregistro de casos debido sobre todo a la impunidad con que operan los perpetradores de estas violencias, no sólo en la UAM, sino en todas las universidades mexicanas, donde impera la tolerancia social a la violencia por parte de autoridades de todos los colores ideològicos, incluída la UACM desde donde se escribe este reportaje. Y es que, a pesar de que en buen número de instituciones de educación superior existen protocolos o procedimientos contra diversas formas de violencia de género,  éstas normativas son inoperantes o ineficaces. Además, y en concordancia con esa tolerancia institucional y social a la violencia machista, las víctimas, muchas veces no denuncian al profesor, al trabajador, al investigador, al funcionario, al compañero de aula que las violenta, y se abstienen, según diversas fuentes por el miedo, la vergüenza y la falta de confianza en los sistemas de denuncia existentes.

Por eso, la lucha contra el abuso sexual en las universidades públicas requiere de una respuesta integral, que incluya políticas y protocolos de prevención, así como una cultura de respeto y equidad de género. Como afirmó la Dra. Samantha Zaragoza: Se requiere de una respuesta integral que incluya políticas institucionales, protocolos de atención a las violencias y acciones de prevención que involucren a toda la comunidad universitaria.

El paro estudiantil terminó en torno a la última semana de abril y la primera semana de mayo cuando las negociaciones en las diferentes unidades lograron concretar acuerdos mínimos. El rector general de la UAM, José Antonio de los Reyes, aseguró en una entrevista con EL PAÍS que el regreso a clases en el mes de mayo no significa que la universidad no continúe con las investigaciones y se comprometió a la publicación del nuevo protocolo único para el mes de agosto y más inversión para atender los temas de violencia de género dentro de los campus. “Tenemos que perfeccionar nuestra legislación para mejorar la atención a los problemas y sobre todo trabajar en la prevención, atención y erradicación de la violencia”, aseguró.

Las activistas y las víctimas de la violencia machista, al centro

Para obtener una comprensión más profunda de la violencia denunciada por las estudiantes de la UAM, Somos el Medio entrevistó a estudiantes de la unidad Xochimilco que accedieron a compartir su punto de vista y experiencias en torno tanto al paro estudiantil, como sobre las violencias patriarcales vividas en su casa de estudios.

Valeria N. es estudiante de la licenciatura en Derecho en la unidad Cuajimalpa, tiene 19 años y estudia en esa universidad desde el año pasado. En entrevista explicó que considera que el acoso abarca cualquier forma de hostigamiento no aceptado, ya sea a través de mensajes, agresiones verbales o físicas de naturaleza sexual, y puede ocurrir en cualquier entorno. Aunque afirmó que no había experimentado acoso dentro del campus de la UAM, si que ha vivido situaciones de acoso en los alrededores de la universidad.

Durante la entrevista, la estudiante mostró ejemplos de acoso cibernético del que ha sido objeto, desde compañeros que no respetaban los límites de la relación amistosa, hasta recibir fotografías íntimas, incluso nos mostró ejemplos de fotografías de otras compañeras enviadas sin su  consentimiento. También admitió haber sido juzgada y acosada debido a su apariencia y personalidad, lo que refleja las dificultades que enfrentan las mujeres para expresar su identidad sin ser objeto de juicios y tocamientos no deseados.

La estudiante enfatizó la importancia de denunciar a quienes acosan sexualmente, ya que considera que esto generaría un cambio real y contribuiría a poner fin a estas conductas. Reveló que su deseo de convertirse en abogada estaba relacionado con su creencia en el poder de la ley, aunque aún no había decidido en qué área se especializará.

En cuanto a las normas de protección contra el acoso sexual en la universidad, la estudiante afirmó que se les informaba continuamente sobre las políticas de apoyo y protección existentes. Sin embargo, dijo que, en su perspectiva, el paro estudiantil ha dejado claro que para la institución cumplir con estas normas es un desafío y que aún hay mucho camino por recorrer para garantizar la implementación efectiva de estos protocolos.

Finalmente, la estudiante compartió su perspectiva sobre las protestas y su eficacia para generar un cambio. Reconoció que enfrentar a los directivos e instituciones a través de las protestas puede ser aterrador, pero pareció que la inacción era aún más alarmante.

Mariana J. es estudiante del sexto cuatrimestre de la licenciatura en Psicología en la unidad Xochimilco, explicó que para ella la violencia de género en las instituciones de educación superior se refieren a acciones que perjudican y violentan los derechos de las mujeres universitarias, como la violencia física, sexual y digital. Mariana compartió un caso de violencia presenciado en su círculo universitario, donde parejas de compañeros de su salón tuvieron discusiones a los gritos en el campus; a pesar de la intervención de ella y otras compañeras las parejas se negaron a la mediación, tiempo después Mariana registró una situación similar en la que un profesor intentó ayudar ante la violencia explícita de un estudiante para con su novia en el campus y también fue desacreditado por el varón violento. Por eso, para Mariana resulta central la existencia de espacios institucionales como la Unidad de Prevención y Atención de la Violencia de Género (UPAVIG), pero sobre todo, la presencia de colectivas feministas como el Comité Feminista UAM.

Finalmente, Somos el Medio entrevistó a Laura C., estudiante de la licenciatura en Nutrición Humana de la unidad Xochimilco, quien destacó que, a pesar de la existencia de espacios y recursos para abordar situaciones de abuso y violencia para los estudiantes que lo necesitan en su la UAM, en los casos de las denuncias formales que las paristas dieron a conocer durante el episodio de lucha, las deficiencias institucionales quedaron a la intemperie.

En cuanto a las acciones necesarias para prevenir y abordar la violencia de género en la UAM, Laura resaltó la importancia de impartir talleres y promover foros sobre el tema desde la institución pero también como iniciativas estudiantiles y enfatizó que es fundamental que la comunidad estudiantil se involucre y demuestre interés en el tema para crear un entorno seguro para todos y todas. Dijo que, considera que la UAM está haciendo esfuerzos para prevenir la violencia de género, pero aún no hay un margen de mejora al cien por ciento.

Las estudiantes entrevistadas destacaron la importancia de visibilizar los protocolos y leyes existentes en la universidad para abordar la violencia de género, pero sobre todo, que las autoridades se comprometan a conseguir que dichos protocolos y leyes sean ejecutables.

Además de suceder en la UAM…

El paro estudiantil puso en el centro del debate universitario las formas que toma la violencia patriarcal en la universidad, tanto en la Metropolitana como en el resto de las instituciones de educación superior en México. Según la defensoría de los Derechos Humanos Universitarios de la UAM, el riesgo de sufrir violencia sexual en la universidad es elevado, y los datos muestran que las víctimas son principalmente jóvenes mujeres entre 18 y 24 años. Las violencias patriarcales presentan diversas formas, como física, sexual, psicológica e incluso económica. Recientemente, la UNESCO ha dado a conocer un aumento en el número de casos de abuso sexual que tienen lugar en las universidades públicas de América Latina y el Caribe. El informe de marzo de 2023 reveló que “más de la mitad (53%) de las encuestadas reveló haber experimentado algún tipo de violencia psicológica o emocional en las IES. Un porcentaje similar percibe hostilidad por parte de profesores o colegas hacia las mujeres y el 46% declaró haber oído a personas de sus instituciones insultar, ridiculizar o burlarse de las mujeres en general. Cuando se les preguntó si creían que su institución las protegería si denunciaban violencia psicológica/emocional, el 50% se mostró en desacuerdo y muy en desacuerdo con la afirmación.”

Por eso resulta urgente abordar este tema en los campus universitarios, convertirlo en tema de charla en los espacios de esparcimiento de estudiantes, que se tematice como una prioridad en los consejos académicos y administrativos de las instituciones de educación superior y, como en nuestro caso, volverlo tema de periodismo de investigación.

Con información de Ginelle Gallegos y Aimmé Casillas.

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Esta pieza fue elaborada en el Taller de Periodismo de la UACM

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