Una investigación presentada en la FILUNI cuestiona las políticas públicas que reducen el empoderamiento de las mujeres a conseguir empleo o generar ingresos, y advierte que la autonomía económica no garantiza por sí sola una vida libre de violencias.
Por Zazil Nahui / @zazilnahui
Ciudad de México, 25 de agosto, 2026.- A partir de su experiencia como Coordinadora de Empoderamiento en el Centro de Justicia para las Mujeres (CJM) de San Luis Potosí, Daniela Olvera entreteje las historias de vida de ocho mujeres: Clara, Julieta, Yanet, Manuela, Ana, Silvia, Claudia y Ela que acudieron a esta institución en busca de ayuda. Sus testimonios permitieron a la autora cuestionar una de las principales premisas de las políticas de atención a la violencia de género: que conseguir un empleo o generar ingresos propios necesariamente representa una salida de la violencia.
En el marco de la Feria Internacional del Libro de la UNAM (FILUNI) se presentó el libro Empoderamiento económico de mujeres, ¿la salida de las violencias?, de Daniela Eugenia Olvera Rosillo, maestra en estudios de género, sociedad y cultura: una investigación que cuestiona las políticas públicas que plantean la autonomía económica como una vía para que las mujeres puedan salir de contextos de violencia.
“Es decir, el ser mujer, de clase baja, ser madre, soltera, etcétera, cruzaba y volvía más compleja esa solución que para mí no era el empoderamiento económico”, explicó Daniela Eugenia Olvera durante la presentación.
El problema, plantea la autora, es que el empoderamiento económico como estrategia institucional parte de una concepción limitada tanto de la violencia como del propio empoderamiento. Aunque estas políticas encuentran sustento en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, en la práctica los esfuerzos gubernamentales se han concentrado principalmente en la incorporación de las mujeres al mercado laboral y en la búsqueda de empleo formal.
Sin embargo, tener un trabajo o acceder a financiamiento no garantiza por sí mismo una vida libre de violencias. Para muchas mujeres, la inserción laboral puede significar enfrentarse a nuevas formas de precarización, jornadas extenuantes, acoso en los espacios de trabajo y dificultades para conciliar el empleo con las responsabilidades de cuidado.
Los resultados del programa analizado por Olvera reflejan estas limitaciones. Entre abril de 2018 y agosto de 2019, mil 339 mujeres fueron beneficiarias del programa de empoderamiento económico del CJM de San Luis Potosí. De ellas, únicamente 52 buscaron acceder a un empleo formal; 14 lograron conseguirlo y, al momento de realizar el informe, solo una permanecía en ese trabajo.
Para Frida Xaman ek Estrella García, doctora en Ciencias Políticas y Estudios Interseccionales, estas cifras también obligan a cuestionar la idea de que la violencia desaparece cuando una mujer logra salir de una relación violenta.
“Me da una sensación de que la violencia no se termina, solo se transforma. Una mujer puede salir de una relación violenta y encontrarse con acoso laboral en su trabajo. Puede tener ingresos propios, pero seguir enfrentando obstáculos para acceder a la justicia y también, en este intento de acceder a la justicia, perder su trabajo”, señaló.
La especialista advirtió que uno de los problemas de las políticas públicas es que suelen tratar a las mujeres víctimas de violencia como un grupo homogéneo, cuando detrás de esa categoría existen experiencias y condiciones profundamente distintas.
“Una política no puede estar dirigida a mujeres víctimas de violencia, porque las mujeres víctimas de violencia no son unas, o sea, no es una realidad. Esa expresión reúne vidas diferentes; no todas cuentan con los mismos recursos, las mismas redes de apoyo ni las mismas posibilidades para utilizar la atención que reciben”, afirmó.
En ese sentido, la discusión también se trasladó hacia la necesidad de atender las causas estructurales de la violencia. Jair Maldonado, maestro en Desarrollo Social, señaló que el debate no debería centrarse únicamente en cómo empoderar a las mujeres, sino también en preguntarse qué estructuras sostienen el poder de los hombres, pues es necesario analizar los procesos mediante los cuales los hombres son educados.
El trabajo de Daniela Olvera evidencia una crisis que rebasa las respuestas de las políticas públicas actuales. De acuerdo con el INEGI, en 2021, el 70.1 % de las mujeres de 15 años y más había experimentado al menos un incidente de violencia (psicológica, económica, patrimonial, física, sexual o discriminación). Ante este panorama, la autora plantea que garantizar una vida libre de violencia requiere ir más allá de la autonomía económica y reconocer las múltiples condiciones y formas de violencia que atraviesan la vida de cada mujer.
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Esta nota es resultado del Programa de Periodismo Juvenil 2026, un proceso formativo impulsado por ARTICLE 19 y Somoselmedio para fortalecer las herramientas de jóvenes interesados en el periodismo y la comunicación.



