La CDMX se despide del Mundial en medio de un fanatismo que generó desenfreno y decesos en Paseo de la Reforma, mientras la fuerza pública concentró sus operativos rígidos en el bloqueo de marchas de derechos humanos.
Por Alan Hernández / @alandjhm
El fanatismo constituye un fenómeno social complejo que suspende los mecanismos racionales de la conciencia colectiva. En el ámbito del deporte masivo, este comportamiento se manifiesta cuando el fervor comunitario anula la responsabilidad individual, transformando la identidad del ciudadano en una masa guiada por la emotividad. Tras la conclusión de la participación de la Selección Mexicana en la Copa del Mundo 2026, el retiro de la infraestructura provisional en las avenidas principales dejó un registro de modificaciones en el tránsito peatonal y en los operativos de la fuerza pública.
El fútbol opera de manera recurrente como el catalizador de estas conductas. De acuerdo con datos de la organización civil Salvemos al Fútbol, la incidencia de conatos de bronca y agresiones físicas en contextos de torneos oficiales documentó un incremento reciente de 103 incidentes violentos en el balompié profesional del país. El especialista en sociología del deporte, Christian Bromberger, argumenta que las frustraciones acumuladas de una sociedad encuentran en el fútbol un espejo amplificado; la arena deportiva no genera la agresividad por sí sola, ya que actúa como un recipiente donde las tensiones se canalizan bajo una “licencia social” para el desborde. Este concepto explica el desarrollo de las concentraciones multitudinarias en el centro de la capital tras el pase de la Selección Mexicana a los octavos de final.
La psicología de la masa y la pérdida del límite urbano
El principal indicador del fanatismo es la disolución del instinto de autocuidado y de la empatía elemental hacia el entorno así lo señala en su obra Psicología de las masas, Gustave Le Bon señalaba que, “al integrarse a una muchedumbre, los individuos experimentan una disminución drástica en su percepción de la responsabilidad personal” El individuo se sumerge en un estado de sugestionabilidad donde el criterio racional se subordina a la inercia del grupo.
Bajo está premisa los hechos durante el festejo que concentró a más de un millón de personas en los alrededores del Ángel de la Independencia en el Paseo de la Reforma y el desenfreno de la multitud generó embudos humanos en las intersecciones de la zona, cuyo saldo oficial reportado por las autoridades de protección civil fue de cuatro personas fallecidas.
Los informes de los servicios de emergencia detallaron que las condiciones de amontonamiento provocaron cuadros de asfixia por confinamiento y aplastamiento.


El antropólogo Desmond Morris apunta en La tribu del fútbol que el balompié funciona como un sustituto moderno de los rituales de confrontación territorial, donde los miembros de la tribu adoptan conductas de manada para prolongar la ilusión de una victoria común. Durante las aglomeraciones en Reforma, conductas punibles como el consumo de alcohol en la vía pública se normalizaron de forma extendida, mientras que los operativos de seguridad pública mantuvieron un criterio laxo para no interrumpir el flujo del festejo masivo, anteponiendo la continuidad del espectáculo a la gestión de los riesgos físicos del espacio urbano.
La instrumentalización del fervor y el contraste institucional
El desenfreno no se limita a la conducta de los aficionados; abarca también la forma en que las instituciones administran y dosifican la ocupación de la calle. El uso del espacio público durante el periodo mundialista contrastó por un criterio asimétrico: la flexibilidad gubernamental ante los daños materiales y aglomeraciones multitudinarias por el consumo del entretenimiento, frente a la rigidez hacia los diversos colectivos sociales, sindicales y políticos que se manifestaron en la capital de manera paralela al torneo.
Durante los festejos oficiales en el Paseo de la Reforma y los alrededores del Ángel de la Independencia, las concentraciones de aficionados registraron afectaciones directas al mobiliario urbano sin que mediaran detenciones masivas o despliegues de contención rígida. Reportes de movilidad y crónicas de campo documentaron la saturación de vialidades donde grupos de personas escalaron las estructuras y toldos de las estaciones de la Línea 7 del Metrobús, dañando techumbres, señalética y mamparas informativas. Asimismo, se registraron destrozos en luminarias, semáforos, infraestructura verde del corredor turístico y una omisión extendida ante el consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública, manteniéndose un criterio de tolerancia policial orientado a no interrumpir el flujo de la celebración masiva.


Esta permisividad operativa en el centro de la ciudad contrastó con los dispositivos de contención desplegados contra las movilizaciones de diversos colectivos sociales, sindicales y civiles que concluyeron de manera paralela a las actividades del torneo.
En la zona sur, la noche previa a la inauguración del campeonato, colectivos de madres buscadoras procedentes de diversas regiones del país y agrupaciones civiles bajo la consigna anti-FIFA concentraron sus contingentes en la estación Registro Federal del Tren Ligero con dirección al Estadio Azteca, con el objetivo de visibilizar la situación de las personas desaparecidas ante la prensa internacional. A la altura de la estación Textitlán, el contingente fue interceptado por un bloqueo de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) compuesto por elementos antimotines, barricadas y dovelas de concreto. Ante la obstrucción, las manifestantes cerraron la circulación en ambos sentidos de la Calzada de Tlalpan a la altura de la Universidad del Valle de México (UVM), lo que provocó que las fuerzas de seguridad pública intensificaran el cerco utilizando autobuses, vehículos pesados y un tráiler atravesado en la división vial con el Viaducto Tlalpan inmovilizando la protesta.

A la par de estos cierres en el sur, un grupo de familias buscadoras y colectivos solidarios realizaron concentraciones de apoyo en las inmediaciones de la estación del Metro Ermita, sobre el cruce de la Calzada de Tlalpan y el Eje 8 Sur. En este punto, se registró el despliegue de cadenas de custodios policiales para fragmentar el avance civil. Durante las maniobras de repliegue y encapsulamiento ejecutadas por los elementos de seguridad pública, se documentaron forcejeos y agresiones físicas directas que resultaron en lesiones corporales contra un par de padres buscadores que integraban el bloque de la manifestación.
Este esquema de contención perimetral coincidió con las protestas registradas durante la 48ª Marcha del Orgullo LGBT+ en la Ciudad de México. En dicho contexto, el Bloque Disidente Trans y No Binario acusó el uso de la fuerza pública para fragmentar su movilización. Al intentar ingresar al primer cuadro del Centro Histórico por los accesos viales de las calles 5 de Mayo y Francisco I. Madero, el contingente independiente fue interceptado por vallas metálicas y cadenas de elementos policiacos antimotines. La acción policial impidió que la protesta de los colectivos trans, enfocada en la denuncia de crímenes de odio y desabasto de tratamientos hormonales, accediera a la plancha del Zócalo capitalino, argumentando el resguardo de la seguridad logística y los flujos comerciales de las plataformas y marcas patrocinadoras del evento oficial.

Balances sobre el control de las masas
El comportamiento de las concentraciones multitudinarias y las operaciones institucionales durante el periodo mundialista registraron la aplicación de diferentes mecanismos de control urbano en la capital. El despliegue de infraestructura rígida, operativos de encapsulamiento y cercos policiales se concentró en las movilizaciones de las familias de víctimas, el plantón trans, las protestas anti-FIFA y las organizaciones sindicales en las vías del sur y el centro de la ciudad. Por el contrario, en el Paseo de la Reforma y el corredor turístico central se constató la ausencia de dispositivos para mitigar las aglomeraciones, los destrozos al equipamiento urbano, las alteraciones viales y los embudos peatonales derivados de los festejos de la afición.









