Pertenezco a una generación que fue educada en el temor a la guerra nuclear entre las potencias. Un temor que no desmovilizaba, sino que habilitaba para la lucha política y construcción de otra opción social desde abajo. Antes de la disolución de la URSS, el mundo estaba dividido en dos bloques: Estados Unidos (EU) y la Unión Soviética. Dos potencias económicas, militares, políticas, ideológicas, civilizatorias y nucleares. Dos potencias con la capacidad nuclear de destruir la tierra.
Precisamente por lo extremo de una guerra nuclear se desarrolló la “teoría de la disuasión” (después analizamos sus falacias y e ineficacia). Esa teoría implica que ninguna potencia que poseyera armamento nuclear atacaría o será atacada, pues implicaba el riesgo de la escalada nuclear en la que no habría ganadores ni vencedores, lo que se conoce como “Destrucción Mutua Asegurada”. Es sabido que el único país que usó armas nucleares contra la población fue EU en 1945. Arrojaron dos bombas el 6 y el 9 de agosto sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, y asesinaron a miles de personas. Las cifras exactas aún son objeto de polémica. Oscilan entre los 200 mil y los 300 mil asesinados por Estados Unidos.
Por todo lo que implica en términos de destrucción y las tensiones durante la “guerra fría” entre EU y la URSS, particularmente con la crisis de los misiles en Cuba en 1962 en la que se llego al nivel DEFCON 2 (que es el paso previo a una guerra nuclear, el DEFCON 1), se desarrollaron diferentes estrategias, acuerdos y organismos con la finalidad de regular y prescribir su fabricación y uso.
Sin embargo, las dos principales guerras que actualmente se libran: la de Rusia contra el eje Ucrania-OTAN-EU y la de EU-Israel contra Irán, han puesto sobre la palestra la peligrosa retórica del paso de las armas convencionales a las nucleares. Pero sobre todo la emergencia de políticos de corte neofascista, como Donald Trump y Benjamin Netanyahu, así como de políticos belicistas en algunos países miembros de la OTAN, particularmente en Alemania, Francia y Gran Bretaña, además de que la descomposición del capitalismo suele recurrir al complejo militar en momento de crisis económica.
Un dato adicional que también debemos tener en cuenta es el laboratorio de experimentación militar en esas dos guerras para el uso de drones, Inteligencia Artificial, big data y otras tecnologías disruptivas, como se demostró con el genocidio en Gaza por parte del Israel al usar la máquina de IA, Lavender; con lo cual tenemos el embridamiento del poder político, los tecnofascistas, la industria militar y el capital financiero. No es casualidad que los tecnofascistas (como parte de la clase capitalista), ya estén construyen sus resguardos a cientos de metros de profundidad o en zonas alejadas de los centros de conflictos bélicos.
RUSIA CONTRA UCRANIA-OTAN-EU
Si bien formalmente la guerra es entre Rusa y Ucrania, no se puede ocultar el apoyo que ésta recibe por parte de la OTAN y de Estados Unidos, escalando peligrosamente el conflicto al apoyar a Ucrania con la fabricación de drones y armamento militar desde Alemania, Inglaterra y Francia, tres países claves de la OTAN, además de apoyos logísticos, financieros, estratégicos, comunicacionales y tecnológicos, tanto de la OTAN como de Estados Unidos.
No debe olvidarse que Rusia es la principal potencia nuclear; cuenta con más de 4400 armas nucleares. Se entiende el peligro de que Ucrania-OTAN escalen sus apuestas militares sin atender a la estrategia de disuasión nuclear y llevando el conflicto al grado de que se comience a plantear la opción de “ataques nucleares tácticos preventivos” contra Ucrania o uno de los países de la OTAN que han servido y apoyado en el bombardeo al interior de Rusia. Esta es la opinión de expertos y analistas geopolíticos como Karaganov, Dugin y Sivkov, que tienen un peso político en Rusia.
Han señalado que Ucrania-OTAN han desarrollado acciones temerarias al incentivar e incluso promover ataques de Ucrania a la zona de la triada nuclear rusa, como en el caso de la “Operación Telaraña” del 1 de junio del 2025 y diversos ataques a infraestructura estratégica y la población civil, incluido el bombardeo con drones a la residencia estudiantil en Starobelsk, que dejó 21 muertos, incluidos algunos menores de edad y más de 60 heridos (hecho del cual la prensa y medios dominantes de Occidente hicieron poca difusión) el pasado 22 de mayo del 2026; por lo que consideran que la única manera de poner fin a esas escaladas es con el uso de ese tipo de armas. Adicionalmente no hay que olvidar que el régimen de Zelenski es cada vez más dominado por tendencias fascistas, como lo demuestra los homenajes que le hicieron a Yevgueni Konovalets, Stepan Bandera y Andréi Melnik, colaboradores de la Alemania nazi, lo cual desató una tormenta diplomática con Polonia, pues esos personajes estuvieron involucrados en genocidios de polacos y judíos.
Si bien la guerra fue iniciada por Rusia el 24 de febrero del 2022 con la “”operación militar especial” y ese hecho debe ser condenado, no hay que olvidar los antecedentes de esa operación: las agresiones de la OTAN a Rusia desde la disolución de la URSS, la incorporación de países que fungían como zonas existenciales para Rusia, las ataques a la población rusa en Ucrania y el renacimiento de la rusofobia en los dirigentes de la OTAN y gobernantes de algunos de esos países europeos (un caso típico es el de la Alta Comisionada Europea de Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, conocida por sus posiciones antirusas y belicistas; para ella no se trata de buscar una salida negociada para lograr la paz, sino de derrotar a Rusia).
Pero el principal problema de la emergencia de la retórica nuclear se encuentra en EU, Tump y su zona geopolítica de influencia.
EU-ISRAEL CONTRA IRÁN
El fracaso de la agresión militar de EU-Israel contra Irán ha llevado a los halcones de Washington a sugerir el uso de armas nucleares para derrotar a Irán, poner fin a la guerra y restituir su hegemonía unipolar en el mundo.
Trump parece ser de la idea de usar las armas nucleares. Por ejemplo, durante un acto de campaña, el 10 de enero de 2024 justificó el uso de las bombas nucleares en el pasado con las siguientes palabras: “Hiroshima, no fue precisamente un acto agradable, pero sí puso fin a la Segunda Guerra Mundial, ¿verdad?”.
El mensaje más explícito sobre el uso del armamento nuclear por parte de Trump, lo publicó en su red social el 29 de octubre del 2025: “Debido a los programas de pruebas de otros países, he instruido al Departamento de Guerra para que comience a probar nuestras armas nucleares en igualdad de condiciones.”
En ese contexto, diversos medios han registrado que Estados Unidos elabora una nueva estrategia militar para el uso de las armas nucleares, que no es otra cosa que bajar los umbrales para su uso. El Telegraph en su edición del 5 de agosto de 2020 cabeceó una nota de la siguiente manera: “El Pentágono elabora una nueva estrategia de armas nucleares para la guerra con Rusia y China.”
En la nota se da cuenta que quien encabeza esa nueva estrategia es Elbridge Colby, el subsecretario de Defensa para Asuntos Políticos. Para entender su peso político hay que recordar que es principal asesor del Secretario de Defensa y del Jefe del Pentágono en lo relacionado con la seguridad nacional y defensa de EU. Según ese medio, Estados Unidos “haría mayor hincapié en las armas nucleares tácticas de corto alcance en caso de una guerra regional, en lugar de depender de misiles estratégicos de largo alcance.”
De acuerdo a la trascripción de la oficina del U.S. Department of War, Elbridge Colby declaró en la “2026 United States Strategic Command Deterrence Symposium” que “en lo que respecta a las fuerzas nucleares, no cabe duda de que la modernización de nuestra capacidad de disuasión nuclear es la iniciativa más importante para el ejército estadounidense.” En otras palabras, EU no está proponiendo reducir el armamento nuclear o eliminarlo sino modificar su doctrina para flexibilizarla y que el Presidente de EU pueda disponer de ellas con mayor facilidad. Según acotó Colby, el objetivo de la nueva estrategia es que “lo que estamos haciendo también en el ámbito nuclear está diseñado para garantizar que ampliemos las opciones del presidente, para asegurarnos de que el presidente cuente con esas opciones como parte —por así decirlo— de una respuesta flexible.”
En ese marco, no es casualidad que EU se haya retirado de algunos acuerdos para el control de armas y seguridad nucleares: el Tratado sobre Misiles Antibalísticos (en 2002); el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (en 2019) y el Tratado de Cielos Abiertos (2020); finalmente, en 2019 se retiró unilateralmente del Plan de Acción Conjunto y Completo, cuyo fin era evitar el desarrollo militar nuclear de Irán. Todo esto a pesar de que el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares fue aprobado en 2017 por las Naciones Unidas con 122 votos (aunque las potencias nucleares no lo firmaron).
Aunque desde el punto de vista del psicoanálisis, Trump pasa por un narcisista, a ese escenario hay que sumar que el círculo cercano de Trump está plagado de neofascistas, de halcones, de promotores del deep state, de financieros gestores de la guerra, belicistas, cuya cabezas visibles son el primer halcón Marco Rubio, Secretario de Estado, y Pete Hegseth, Secretario de Guerra. Es sintomático de esta espiral belicista y giro neofascista que la Secretaría de Defensa haya cambiado de nombre (Secretaría de Guerra) y que su titular lleve diversos tatuajes son implícita ideología ultraderechista.
Esta hibridación de belicismo, neofascismo e imperialismo se expresó con crudeza en la doctrina bautizada como Donroe, contenida en las 33 cuartillas de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de Trump y ha tenido su momento más despiadado en el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores y la agresión militar a Venezuela. Pero no debe perderse de vista que el gran enemigo de EU es China: China está en el trasfondo de la lucha imperialista.
Diversos analistas han destacado cómo en sus redes sociales Trump recurre a imágenes belicistas y narcisistas que tienen como telón de fondo la posibilidad de usar las armas nucleares, regodeándose en la retorica belicista.
EXISTEN MÁS DE 12 MIL ARMAS NUCLEARES
La cantidad de armas nucleares que poseen los países suele ser un secreto de Estado. Aunque con breves periodos de apertura, las cifras exactas se guardan celosamente.
Se estima que nueve países cuentan con más de 12 mil armas nucleares: Rusia, Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte. De acuerdo a la Federación de Científicos Estadounidenses la distribución de esas armas sería la siguiente:
Además, seis países albergan armamento nuclear: Alemania, Bélgica, Italia, Países Bajos, Turquía y Bielorrusia. Es de llamar la atención que las armas que albergan los cinco primero países son de EU (y en acuerdo con la OTAN), mientras que las de Bielorrusia, son de Rusia.
En una investigación del 2025, Hans Kristensen, Matt Korda, Eliana Johns, Mackenzie Knight-Boyle y Kate Kohn, afirman que si bien “el inventario total de armas nucleares está disminuyendo, […] el ritmo de reducción se está ralentizando en comparación con los últimos 30 años. Además, estas reducciones se producen únicamente porque Estados Unidos y Rusia siguen desmantelando ojivas nucleares previamente retiradas.” Sin embargo, precisamente por las tendencias belicistas, neofascistas e imperialistas de EU y las inevitables reacciones a ello por parte de Rusia y China, no es ninguna exageración afirmar que estamos en la línea en la que se invertirá la tendencia.
Según el comunicado del 4 de marzo del 2025 del Monitor de la Prohibición de Armas Nucleares, eso ya está sucediendo, pues el “número de armas nucleares disponibles para su uso ha aumentado de 9.585 a principios de 2024 a 9.604 a principios de 2025 […] El 40 % de estas armas están desplegadas y listas para su uso inmediato en submarinos y misiles terrestres, así como en bases de bombarderos.”
AUMENTO DEL PRESUPUESTO PARA ARMAMENTO NUCLEAR
De acuerdo a la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN), China, Francia, India, Israel, Corea del Norte, Pakistán, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos destinaron casi 119 mil millones de dólares en 2025; es decir, 226,060 dólares por minuto. Un aspecto grave que oculta esa cifra estratosférica es que el presupuesto se incrementó en un 19% con respecto al periodo anterior, lo cual da cuenta de lo que venimos indicando en este artículo: la progresión hacia un umbral nuclear en el que se haría posible una guerra nuclear. Insistamos: se aumentó casi una quinta parte el presupuesto militar nuclear. Y EU lleva la delantera, no sólo es el que más gasta sino el que más aumentó en relación al periodo previo: un 22%. Y de hecho, más del 58% del presupuesto de los casi 119 mil millones de dólares fue ejercido por EU.
De esta manera, los hechos, símbolos y la dialéctica geopolítica apuntan a un infortunado y siniestro escenario bélico nuclear: el perfil neofascista de Trump, Netanyahu y otros dirigentes; la escalada militar en las guerras de Rusia contra Ucrania-OTAN-EU y la de EU-Israel contra Irán; la crisis de capitalismo que requiere del complejo militar y sus máquinas de guerra; la crisis del petróleo; la “normalización” de la inhumanidad sionista del genocidio contra los Palestino; la emergencia de los tecnofascismos y la deriva financiera con la especulación de la IA y su embridamiento a las guerras; el aumento del presupuesto destinado a armamento nuclear; la brutal deuda de EU que ronda el 1.3 del PIB; los halcones de Washington y Rusia que tienen sed de sangre; el enfrentamiento multisectorial entre las potencias, particularmente EU y China; la flexibilización de las políticas nucleares de EU para usar ese tipo de armamento.
EL RELOJ DEL JUICIO FINAL (DOOMSDAY CLOCK)
Por lo anterior, no es ninguna exageración que el Reloj del Juicio Final adelantó este 2026 sus manecillas como pocas veces en la historia: estaríamos a 85 segundos de la medianoche; es decir, de la destrucción del mundo. Aquí se puede leer Declaración del Reloj del Juicio Final de 2026.
De acuerdo a la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN), una sólo arma nuclear “puede destruir una ciudad y matar a la mayoría de sus habitantes”; la bola de fuego que produce libera enormes cantidades de energía, calor y radiación, matando a las personas de las zonas más lejanas, generando lesiones pulmonares, cáncer y hemorragias internas en zonas más alejadas del epicentro. “La radiación térmica es tan intensa que casi todo lo que se encuentra cerca del epicentro se vaporiza.”. Una conflagración nuclear podría alterar el clima global, asesinaría a millones de personas y amenazar a otros millones con hambruna y provocar un invierno nuclear, que destruiría el ecosistema.
El Reloj del Juicio Final fue creado en 1947 y es un medio simbólico que mide lo cercano que estamos de la destrucción, aniquilación y catástrofe del mundo por diferentes factores, entre otros, la guerra nuclear, el cambio climático y las tecnologías disruptivas. Más allá de su resonancia religiosa, conceptual y metodológicamente tiene un fallo al no contemplar que la raíz de esos fenómenos es la lógica de acumulación del capital, pero dejándolo al nivel simbólico mostraría el momento actual de aguda crisis y la posibilidad del precipicio en el que se encuentra la humanidad por la escalada en la carrera armamentística nuclear.
Como sea, el período en el que estuvimos más alejados de la medianoche fue en 1991 con el fin de la guerra fría: a 17 minutos. El momento en el que estamos más cerca de la aniquilación del planeta y del denominado “invierno nuclear” es hoy. Pero no necesitamos una metáfora para comprender el peligro. Los datos y hechos de los riesgos son contratables. Y en esta investigación los hemos puesto con objetividad.
*Universidad Autónoma Metropolitana-C





