Texto y fotografías Isabel Sanginés / @IsaSangines
CIUDAD DE MÉXICO.– Sobre el asfalto de la Calzada de Tlalpan, intentando llegar al Estadio Azteca, la “fiesta futbolera” este 10 de junio, previo a la inauguración del Mundial de Futbol, fue una de memoria y resistencia.
Los colectivos de madres buscadoras, de varios estados del país, se reunieron en la Ciudad de México, con los rostros de sus hijos en el pecho, en pancartas o en carteles; con palas en las manos como símbolos de su incansable búsqueda; con antorchas velas simbolizando la esperanza que no muere; plantaron un cerco de dignidad que paralizó el sur de la capital.
La protesta, nacida del dolor pero impulsada por una rabia legítima, transformó una de las avenidas más transitadas de la ciudad en un espacio de denuncia ante la crisis de desaparición de personas que se vive en el país. El eco de las consignas exigiendo la presencia de aquellos que no están exige al Estado cumplir con su obligación de acabar con la impunidad y cumpla con lo más básico: ¡Qué los busquen! ¡Qué los encuentren! Que las investigaciones dejen de archivarse en la burocracia de las fiscalías.
Con dignidad y en una manifestación pacífica, las madres explicaron que cerrar las calles no es un capricho o afán de molestar a nadie, sino el último recurso que encuentran para romper con la indiferencia institucional, ante un sistema que, aseguran, maquilla cifras y las deja sosas en los campos de búsqueda. “Bloqueamos unas horas porque a nosotras nos detuvieron la vida entera”, expresa una de las pancartas, resumiendo el sentir de un colectivo que no pide favores, sino justicia.
“Si todos estos policías que hoy nos evitan pasar hubieran estado trabajando en lo que deben, nuestros hijos no estarían desaparecidos”, recriminan otras, ante los más de 500 elementos desplegados para bloquearles el paso al estadio Azteca y empeorar con creces el caos vial de la capital.



































