Dos leyendas del rock de barrio unen fuerzas en el escenario capitalino para festejar los 35 años de interpuesto con resistencia, guitarras afiladas y memoria colectiva
Por Alan Hernández/ @alandjhm
En la geografía del rock hecho en México, Interpuesto representa la voz auténtica de la periferia. Surgida en las calles del Estado de México a finales de los años ochenta, la agrupación transformó los desencuentros amorosos, la marginación y la prisa cotidiana en la columna vertebral de su sonido. Sus composiciones cruzaron la barrera del circuito subterráneo para convertirse en himnos de vida en el Lunario, donde la multitud se congregó para atestiguar tres décadas y media de historia sobre las tablas.


El recinto alterno del Auditorio Nacional lució abarrotado para recibir este festejo de 35 aniversario, donde la cercanía entre los músicos y el público convirtió el foro en una auténtica fiesta de barrio.
El trayecto para mantener vivo el proyecto no ha sido sencillo. A lo largo de estos 35 años, Interpuesto ha sorteado mutaciones en su alineación, ausencias dolorosas y el desafío constante de la autogestión. Desde sus primeros portazos en terrenos baldíos y tocadas comunitarias hasta su consolidación en escenarios de gran envergadura, la banda ha mantenido una postura inamovible: defender su identidad sin concesiones.
Su propuesta esquiva los atajos comerciales y las fórmulas de moda para apostar por la crudeza del hard rock y la melancolía del blues. Esa postura transparente sostiene la devoción de una comunidad de seguidores que une a quienes crecieron escuchándolos en casete con nuevas generaciones que hoy abarrotan sus conciertos.


La noche arrancó con el peso de la historia sobre el escenario. La Banda Bostik, compañeros fundamentales en la construcción de este movimiento, tomó los micrófonos para calentar los ánimos con su lírica social y su sonido demoledor, dejando la pista encendida para el acto estelar.
El despliegue musical de la velada ofreció un repaso exhaustivo por el repertorio de la agrupación. La nitidez acústica del espacio permitió disfrutar el trabajo de las guitarras, con solos ágiles y acordes potentes que sirvieron de respaldo a una voz rasgada que conserva toda su fuerza.



Sonaron temas emblemáticos como “Fantasma” y “Duele tu amor”, seguidos por la atmósfera azul de “Janis” y “Por qué tú”, donde los solos de armónica aportaron un matiz de nostalgia. La noche se vistió de gala al sumar secciones de metales y solos de batería en piezas como “¿Quién?” y “Amante”, además del dinamismo de bailarinas en escena durante la interpretación de “Volveré”.
El momento de mayor comunión llegó con “Historia de un minuto” y “Yo quisiera”, piezas que transformaron el recinto en un coro masivo que retumbó en cada rincón.









