San Fernando: última parada. De Marcela Turati

Mayo 18

El viaje de la memoria

En 1781, Tupac Amaru fue descuartizado, a golpes de hacha, en el centro de la plaza de armas de Cusco. Dos siglos después, un niño descalzo lustraba zapatos en ese exacto lugar, cuando un turista le preguntó si conocía a tupac amaru. Y el pequeño lustrabotas, sin alzar la cabeza, dijo que sí lo conocía. Casi en secreto mientras hacía su trabajo, murmuró: viento es

Eduardo Galeano Los hijos de los días

Por Ana Rosen

PALABRAS

“Despalabrada” así inicia Marcela el prólogo de este libro, para llenar de palabras inmediatamente cuatrocientas y tantas páginas después. Palabras suyas, palabras de quiénes fueron testigos, palabras de padres, esposas, madres buscadoras, palabras que intentan hacer presentes a quiénes ya no están, palabras que construyen memorias.

FUE EL ESTADO

A lo largo de la lectura de todo el texto hubo eco de muchas cosas en algunos rincones de mi cabeza y de mi corazón… escuchaba desde ahí la frase “Fue el Estado” una y otra vez…. Fue el estado, el que permitió, el que perpetró, el que no juzgó, el que no estuvo presente para evitar las masacres, el que no supo acompañar las búsquedas. Sin duda, fue y sigue siendo el estado el principal responsable. El estado, en sus distintos niveles, sabía que esto estaba pasando: lo muestra Marcela en varios de los capítulos donde hay averiguaciones oficiales, denuncias no atendidas de familiares, mecanismos inhumanos de identificación de víctimas. Fue el estado, como como omiso o cómplice.

En el curso de Estudios históricos 3 – historia de México del siglo XX y XXI- cuando trabajamos sobre los y las desparecidas de los años 70´s, muches estudiantes me cuestionan que por qué digo que el Estado fue el responsable; platicamos y. a veces hasta discutimos, sobre las responsabilidades que tiene el Estado con sus ciudadanos, sobre derechos humanos. Me doy cuenta, entonces, que la mayoría de elles no tienen una formación política en términos de pensarse como ciudadanos y ciudadanas, como parte del Estado, este estado no les representa. A mí tampoco. Ningún estado que no pueda cuidar de los seres humanos que alberga nos puede representar.

ESCRITURA

Desde que empecé a leer el libro, dudé que pudiera escribir un texto coherente para presentarlo. Escribí y borré muchas veces. Hice garabatos en mis fichas con distintos colores a ver si podía dibujar algo sobre estas palabras que menguara el dolor, la incertidumbre, el espiral de impunidad, la impotencia… no, no se puede. Luego pensé en cuánto le había costado a Marcela este ladrillo de memoria, todos esos años que ella narra que pasó buscando y buscando información, datos, gente, restos, sentimientos, esperanzas. Ahí hay más de lo que tenemos que aprender quiénes transitamos por las universidades: es necesario el tiempo, pero sobre todo la constancia, algunas estrategias, dedicación y esfuerzo. Pero sobre todo, pasión por encontrar lo que se busca.

MIEDO

“Aunque ya pasaron los años malditos, el miedo aún congela la lengua y ahuyenta la memoria” (103) Dice una trabajadora de una funeraria…

Se repite, se dice, se huele, se siente a lo largo de todos los testimonios. En el de Marcela también. En todos lados, más que justificado, compartido. ¿cómo no tenerlo frente a la evidente espiral de impunidad que crece y crece?

Tener miedo frente a semejantes niveles de violencia no debe avergonzar a nadie, vergüenza deberían sentir quiénes la permiten y la fomentan.

TESTIMONIOS

Este libro está lleno de testimonios, como decía antes, lleno de la intención de devolver la palabra a quiénes no la tienen. Pero hay más. Marcela resalta el valor del testimonio tanto como la duda sobre la utilidad del mismo. Por ello creo que es tan importante que abramos estos libros en nuestras aulas, que pongamos esas dudas, esos testimonios sobre nuestras mesas de trabajo y lo veamos, lo lloremos, lo rabiemos y lo trabajemos desde las aulas universitarias. Que nos preguntemos qué parte de esto nos toca como universitaries, y que podamos ir respondiendo, de a poco, como vayamos pudiendo, pero tenerlo presente, cerca.

SILENCIOS

Los principales son los de la impunidad: “no hacen nada porque saben que si buscan ellos mismos se encuentran, porque la verdad los inculpa” (27) Son las palabras de una madre buscadora. Sabemos que los silencios dicen cosas también, “Abordar la memoria involucra referirse a recuerdos y olvidos, narrativas y actos, silencios y gestos. Hay en juego saberes, pero también hay emociones. Y hay también huecos y fracturas” [1] Dice Elizabeth Jelin, una investigadora que lleva todos los años trabajando con memorias y olvidos.

CUIDADO

Marcela cuida a quiénes, valientemente, le dan sus testimonios. A algunes, con el anonimato que solicitan, a otres en sus formas de preguntar, de insistir que su objetivo es acompañar en la búsqueda de la verdad, en la construcción de otro relato de esta historia. Esa es otra de las cosas que podemos aprender como universitaries, de este libro: la importancia del cuidado a quién nos cuenta su historia, a quién denuncia, a quién escribe. De la Ética del Cuidado que se contrapone al maltrato institucional que sufren todas las personas que buscan.

OLVIDO, CRUELDAD

“Ella, como otras mujeres que conocí, lo que quería era olvidar” (79) El olvido, la indiferencia, la costumbre aparecen en los relatos de las personas que dan su testimonio.  El olvido como un intento inútil de quiénes protagonizaron el horror de alguna u otra manera. El olvido por parte del estado, de una sociedad que no repara en ellos, en ellas: “No estaba asustado ni deprimido, estaba enojado. Mucho. Y lo más difícil es ver cómo se normaliza” (132)

Rita Segato le llama pedagogía de la crueldad: “La repetición de la violencia produce un efecto de normalización de un paisaje de la crueldad y, con esto, promueve en la gente los bajos umbrales de empatía indispensables para la empresa predadora. La crueldad habitual es directamente proporcional a formas de gozo narcisista y consumista, y al aislamiento de los ciudadanos mediante su desensibilización al sufrimiento de los otros. …]”[2] El término “crueldad” se queda corto en muchas de las descripciones de lo que ha encontrado Marcela en este “holocausto migrante” como ella le llama.

SUEÑOS

Muchas de las familiares de los migrantes desaparecidos, de los encontrados en las fosas, de los que aún no se logran identificar, sueñan con ellos y ellos les hablan desde sus sueños. El de los sueños es el único espacio que podemos mantener libre de violencia, prístino, brillante. No nos han quitado la capacidad de soñar.

BÚSQUEDA

Búsqueda es un sustantivo que atraviesa todo el texto, la búsqueda de la memoria, de la verdad, de la justicia, sí, pero también aparecen otras

La búsqueda de rastros de humanidad en algunes de les testimoniantes, como el panteonero, que se niega a enterrarlos en fosa común y exige una cruz, aunque sea de madera, con algún número.

También la búsqueda del regreso a la normalidad de quiénes viven en San Fernando, de quiénes sobrevivieron a horror y a la espiral de impunidad.

La búsqueda del lenguaje de los huesos, que desde las fosas claman por justicia.

Y la más conmovedora, de las familias buscadoras. Ejemplo de lucha y de perseverancia.

MEMORIA

Hace muchos años, en HIJOS México, empuñamos la idea de hacer de la memoria un verbo. Conjugarla hasta que se nos haga costumbre, que no nos sea fácil como sociedad mirar para otro lado, hacer como que no pasa todo esto que pasa. Creo que, aunque no lo llama de esa manera, parte de eso compone el texto que armó Marcela, hay algo en cómo está escrito el texto que, a pesar del horror, invita a seguir leyendo: su escritura se conforma como una forma amorosa de reportar el horror y la impunidad.

VERDAD

La segunda parte del libro está dedicada a dar cuenta de la búsqueda de las familias de sus seres queridos desaparecidos. Narra los intentos de colectivos y organizaciones de encontrar un camino legal para la identificación y recuperación de los restos de sus desaparecidos. Describe también la invaluable labor del EAAF ( labor a la que personalmente le debo tanto de mi historia, pero eso lo cuento otro día) También cuenta Marcela que las familias buscadoras no dicen querer justicia,  sólo saber qué pasó con sus seres queridos,  que les devuelvan sus restos. Parece ser que con esa promesa de impunidad, los asesinos les permiten realizar la búsqueda. Pero cuando, después de un largo camino, consiguen conocer la verdad,  empiezan a querer justicia,  como un último acto de amor (391) Esa es una convicción contagiosa,  ahí comienza lo que ella llama una “ cascada de justicia” Es entonces cuando algunos se organizan y, juntos, juntas,  se acompañan en la búsqueda de justicia como un consuelo compartido.

JUSTICIA

Este no es un libro optimista. Es un libreo realista. Dónde ese dicho que dice que la realidad supera a la ficción se hace latente en cada página. Para 2019,  cuando Marcela terminaba de escribir,  aún no había justicia.

No podemos dejar de clamar por ella,  aunque sea a manera de una utopía,  para que,  como decía Galeano,  no dejemos de caminar hacia allá.

[1] Elizabeth Jelin, Los trabajos de la memoria, Siglo Veintiuno editores, España 2001

[2] Rita Segato. Pedagogías de la crueldad. El mandato de la masculinidad (fragmentos)

Feminismos / DOSSIER / noviembre de 2019 en: https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/9517d5d3-4f92-4790-ad46-81064bf00a62/pedagogias-de-la-crueldad

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