Milpa Alta, corazón rural del sur de la Ciudad, ha sido escenario durante décadas de la vida cotidiana de sus habitantes. Vecinos de Villa Milpa Alta, Tecomitl y pueblos cercanos recorren largas rutas cada día hacia otras alcaldías, buscando ingresos que la zona no siempre puede ofrecer, mientras discuten cómo equilibrar tradición y desarrollo económico.
Por Alan Hernández / @alandjhm
Son las 4:15 de la mañana, Mariana ya está despierta. Madre soltera de dos hijos, vive en Villa Milpa Alta y cada día se enfrenta al mismo ritual: café rápido, mochila al hombro y un largo recorrido que la llevará hasta Chapultepec, donde trabaja. Su razón es clara, en su comunidad los empleos escasean, los sueldos son bajos y las posibilidades de crecimiento prácticamente inexistentes.
Para llegar a su trabajo, Mariana toma un primer camión hacia el metro, viaja varias estaciones y hace un par de transbordos, luego aborda un segundo camión que la deja cerca de su destino. “Me levanto con sueño y frío. Si llego tarde, pierdo el día y mis hijos se quedan sin comer”, comenta. La rutina no termina al salir de su empleo, de regreso a casa, debe preparar la comida y asegurarse de que sus hijos estén listos para otro día.

Historias como la de Mariana no son excepcionales. Muchos habitantes de Milpa Alta, Tecomitl y otros pueblos cercanos atraviesan trayectos similares, donde horas de transporte diario se suman a jornadas de trabajo que superan las 10 horas. La rutina desgasta física y emocionalmente, y en ocasiones, la vida familiar queda relegada al tiempo que sobra entre combis y calles vacías a altas horas de la noche.
Sergio, un joven guardia de seguridad en Iztapalapa, lo confirma con su propia experiencia: “Tengo que agarrar el primer camión que va a la central de abastos y rogar que no viaje a 20 km/h… llegas con el cuerpo agotado”
Transporte: dificultad diaria y esperanzas de cambio
El trayecto que muchos vecinos recorren a diario evidencia la falta de alternativas de transporte eficiente en la zona. La Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México, en diagnósticos internos publicados en el Programa Integral de Movilidad (PIM), reconoce que las rutas que conectan Milpa Alta con el centro y con Tláhuac presentan saturación, irregularidad en horarios y deficiencias en la coordinación de unidades.
Como respuesta, la jefa de gobierno, Clara Brugada, anunció la Línea 6 del Cablebús, una infraestructura que conectará Villa Milpa Alta con Tláhuac mediante siete estaciones. Según declaraciones en rueda de prensa, la construcción dependerá de una consulta ciudadana: “Si los pueblos lo aprueban, arrancamos la obra” La expectativa es que las obras comiencen hacia finales de 2025.
Para Mariana y otros vecinos, el Cablebús representa una esperanza de alivio, menos tiempo en combis saturadas y más horas para estar con la familia.“¡Ojalá llegue ya! Podría descansar un poco más”, comenta Mariana entre risas, mientras ajusta la mochila antes de subir al primer camión. Sin embargo, la demora en la implementación mantiene la rutina diaria intacta, y los largos trayectos continúan condicionando la vida de quienes buscan un ingreso digno fuera de su comunidad.

Economía local y la llegada de franquicias
La discusión sobre transporte se entrelaza con otra preocupación, la instalación de cadenas comerciales en Milpa Alta. Domino ‘s, Aurrerá, Steren y 3B han buscado establecer sucursales en la zona, pero algunos comerciantes y vecinos se oponen. Temen que la entrada de estas empresas pueda alterar la economía local, encarecer productos y afectar a los negocios tradicionales que han sostenido la vida del pueblo por décadas.
Don Juan, dueño de una tienda en el centro de Milpa Alta, expresa: “Dicen que estas tiendas traen otra gente, otro modo de vida… y que después ya nada es para los de aquí”. Por su parte, Ricardo, quien ha trabajado fuera de la comunidad durante muchos años, señala: “Vivir aquí es un privilegio. Si las tiendas ofrecen empleos con mejores condiciones, no lo veo tan malo. Y si quiero comprar algo rápido, no tendría que salir de la zona”.
Entre estos contrastes, Jazmin comenta sobre la atención en los comercios locales: “Muchos locales atienden con desgano. Si lo mejoraran, no habría necesidad de buscar fuera”. Estas voces muestran cómo, mientras algunos buscan preservar la identidad del comercio, otros priorizan oportunidades de empleo y conveniencia.
El alcalde de Milpa Alta, en declaraciones previas a medios locales, ha señalado que su administración busca equilibrar desarrollo económico y protección de los negocios tradicionales “Queremos fomentar oportunidades de empleo, pero sin que las cadenas comerciales terminen desplazando la economía familiar. Estamos evaluando políticas que apoyen a los emprendedores locales y mejoren la movilidad”.

Expertos: periferia, movilidad y cohesión comunitaria
La situación en Milpa Alta no es única. De acuerdo con el Instituto de Planeación de la CDMX, la falta de conexión entre transporte y periferia obliga a miles de personas a recorrer largas distancias. La investigadora Angélica Lozano explicó que “quienes viven fuera del centro gastan más tiempo y dinero para llegar a su empleo”
La propia Secretaría de Movilidad reconoce esta realidad. En su diagnóstico más reciente, advierte que cuando los empleos y servicios están lejos, las familias deben hacer “más viajes multimodales”, lo que termina por aumentar el tiempo y el costo diario. Y aunque en su Segundo Informe Anual prometen priorizar a la periferia para “mejorar los tiempos de traslado y la accesibilidad”, esos cambios aún no se reflejan en la rutina de quienes, como Mariana, siguen saliendo de madrugada.
Estas reflexiones subrayan la necesidad de un enfoque integral, donde la mejora de transporte vaya acompañada de oportunidades laborales locales y estrategias que protejan a la economía tradicional y la identidad cultural de Milpa Alta.
Resiliencia y decisiones comunitarias
A pesar de las dificultades, los habitantes de Milpa Alta muestran resiliencia. Desde la madrugada hasta la noche, combis y colectivos transportan a vecinos que buscan ingresos fuera del pueblo. Al mismo tiempo, los grupos vecinales y redes de Facebook son espacios de debate, donde se discuten desde la llegada de franquicias hasta la mejora de rutas de transporte.
Rodrigo, vecino activo, señala “Hay que presionar para que se cumplan regulaciones, que Profeco haga su trabajo y que los precios sean justos. Pero también necesitamos transporte que nos permita vivir sin que nuestras jornadas nos devoren”.
La consulta ciudadana que se realizará para la Línea 6 del Cablebús podría ser un punto de inflexión. Si se aprueba, reducirá los tiempos de traslado y facilitará la vida diaria de Mariana y cientos de vecinos.
Al final del día, Mariana regresa a casa después de más de catorce horas fuera. Sus manos preparan la cena, sus palabras acompañan a sus hijos y su mirada refleja la rutina que viven muchas familias, un equilibrio entre transporte, trabajo, economía local y comunidad.
Entre combis, tiendas y decisiones colectivas, así es la vida en Milpa Alta.








