Frente al Reloj del Mundial y con la consigna “¿Y los desaparecidos cuándo?”, diversas colectividades anunciaron jornadas de resistencia contra el megaevento deportivo que —denuncian— profundiza la crisis humanitaria en el país.
Por: Mario Marlo / @Mariomarlo
Fotografías: Otomíes en Resistencia y Rebeldia
Ciudad de México, 3 de mayo de 2026.- Frente al Reloj del Mundial instalado en el Auditorio Nacional, decenas de personas provenientes de colectivos, redes y comunidades originarias se reunieron este domingo para anunciar la conformación de la Asamblea por el Común y Contra la Guerra y el arranque de sus Jornadas Antimundialistas. La convocatoria, que incluyó una conferencia de prensa y una cascarita popular impulsada por la Comunidad Indígena Otomí residente en la Ciudad de México, marcó el inicio formal de una articulación que acumula semanas de organización.
El comunicado leído en el lugar dirigió señalamientos directos a Claudia Sheinbaum, jefa del Ejecutivo Federal, y a Clara Brugada Molina, jefa de Gobierno de la Ciudad de México: “Ustedes dicen que la pelota vuelve a casa. Nosotros preguntamos: ¿y los desaparecidos cuándo? ¿Cuándo podrán volver a casa los desalojados y los desplazados? ¿Cuándo nos van a devolver los territorios arrebatados, el agua acaparada?”
La asamblea agrupa a organizaciones, colectivos y personas que se definen como apartidistas, antiimperialistas y antifascistas. Su posicionamiento ubica al Mundial 2026 como un megaevento que, lejos de representar una celebración popular, profundiza dinámicas de despojo ya documentadas en ediciones anteriores del torneo: el desplazamiento forzado de comunidades en Brasil, las muertes de trabajadores migrantes en Qatar bajo condiciones denunciadas internacionalmente como esclavitud laboral, y la turistificación de ciudades que expulsa a sus habitantes históricos.
El comunicado de la Asamblea no reduce su crítica a lo deportivo ni a lo económico. Coloca a la FIFA dentro de una cadena más amplia de responsabilidades: “Consideramos que la FIFA es una de tantas encarnaciones de la maquinaria destructiva del imperialismo y el capitalismo más nocivo para los pueblos del mundo”, señala el texto, que también menciona el premio otorgado por la organización a Donald Trump como un símbolo del vínculo entre el megaevento y el intervencionismo global.
En ese marco, la asamblea denuncia que mientras el torneo se desarrolla en territorio mexicano, se discuten en paralelo temas como la ratificación del T-MEC, el uso del fracking para extracción de gas y la entrega de concesiones sobre minerales estratégicos a empresas extranjeras. “Si ya este mundial es catalogado como el más contaminante de la historia, la condena que el progreso trae se acompaña de procesos de turistificación, gentrificación, explotación sexual de infancias, mujeres y hombres”, establece el pronunciamiento.
Las y los integrantes de la asamblea también nombraron la contradicción entre el despliegue institucional en torno al Mundial y la magnitud de la crisis humanitaria en México: más de 130 mil personas desaparecidas, más de diez mujeres asesinadas cada día, comunidades originarias en resistencia frente al despojo territorial, y presos políticos que siguen exigiendo justicia. En ese contexto, citaron explícitamente el caso Ayotzinapa: “Bajo esta consigna se llevan a cabo crímenes de Estado como los 43 de Ayotzinapa”.
La asamblea también señaló afectaciones concretas y ya visibles en las ciudades sede: restricciones laborales que eliminan días de descanso, obras de infraestructura aceleradas que dificultan el transporte cotidiano, reformas habitacionales que impulsan la inversión inmobiliaria en detrimento del derecho a la vivienda, y lo que denominaron “limpieza social” para garantizar la experiencia turística alrededor de los estadios. En Guadalajara, agregaron, los partidos se jugarán en el estadio Akron, construido sobre lo que activistas han identificado como fosas clandestinas.
La Asamblea convocó a unirse a una serie de acciones que incluyen protestas pacíficas, una reta antiFIFA, el llamado Metro Popular, intervenciones artísticas, recuperación de espacios públicos y la construcción de contranarrativas. También refrendaron su respaldo a los colectivos de búsqueda de personas desaparecidas y su solidaridad con el pueblo palestino bajo la consigna: “Lo que pasa en Gaza, pasa en casa”.
“Las calles son nuestra cancha”, dijeron, “y ejerceremos nuestro derecho a la ciudad, a la protesta y a la libertad de encuentro. La protesta pacífica no se detendrá y estorbará la fiesta mundialista.”




