Por Mario Marlo / @Mariomarlo Fotografía de portada: Sago Romero
Hay una imagen que se repite en el Centro Histórico de la Ciudad de México desde hace semanas: carpas, mantas, maestras y maestros durmiendo en la calle. Para mucha gente que pasa caminando es una molestia, un bloqueo, una protesta más. Para entender qué está pasando hay que retroceder casi cinco décadas.
La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) nació el 17 de diciembre de 1979 en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. No la fundaron líderes sindicales profesionales ni partidos políticos. La fundaron maestros de base, la mayoría menores de 30 años, muchos egresados de normales rurales, que enseñaban en comunidades indígenas y campesinas donde la pobreza no era un dato estadístico sino la realidad cotidiana de sus estudiantes.
Esos primeros maestros tenían una demanda sencilla y urgente: aumento salarial del 30% y democracia sindical. Porque el sindicato que existía, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), no era suyo. Era un aparato controlado desde arriba, primero por Carlos Jonguitud Barrios y después por Elba Esther Gordillo, dos figuras que usaron el sindicato como herramienta de control político y personal. El SNTE negocia con el gobierno, administra plazas, gestiona prestaciones, y durante décadas lo hizo en beneficio de sus cúpulas, no de los docentes de banquillo.
La CNTE nació precisamente para disputar eso. Su diferencia fundamental con el SNTE no es de tamaño ni de recursos: es de estructura y de lealtades. Como documentó el periodista e investigador Luis Hernández Navarro en el artículo “La larga marcha de la CNTE”, en la Coordinadora “todos los dirigentes nacionales son simultáneamente representantes de sus estados. Cuando su mandato local termina, dejan de ser líderes nacionales”. No hay líderes morales permanentes. No hay caudillos. Hay representantes que regresan al salón de clases cuando termina su encargo.
Eso no significa que la CNTE sea perfecta ni que no haya habido traiciones, cooptaciones o errores dentro de su historia. Hernández Navarro los documenta también. Lo que significa es que su diseño organizativo hace mucho más difícil que sus dirigentes sean comprados o neutralizados por el gobierno o por el sindicato oficial. Y eso los ha mantenido en pie durante casi 47 años, sobreviviendo a siete presidentes y a campañas mediáticas que los han pintado como flojos, revoltosos e irresponsables.
Sus luchas más conocidas son las huelgas contra la reforma educativa de Enrique Peña Nieto, que arrancó en 2013. La Coordinadora se negó a aceptar una evaluación que no medía calidad educativa sino que servía de instrumento para despedir maestros incómodos. Resistieron. En 2016 protagonizaron un paro de 124 días. En Nochixtlán, Oaxaca, la respuesta del gobierno fue matar: seis personas murieron a manos de la policía federal ese año. Ningún responsable fue castigado.
Hoy las demandas han cambiado en sus formas, no en su raíz. La CNTE exige la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007, que eliminó el sistema solidario de pensiones y trasladó a los trabajadores del Estado a un esquema de cuentas individuales administradas por el mercado financiero. La presidenta Claudia Sheinbaum lo prometió en campaña. No lo ha cumplido. También exigen una mesa resolutiva directa con el Ejecutivo y la atención a rezagos salariales acumulados.
Desde el 25 de mayo, la Sección XXII de Oaxaca instaló un plantón indefinido sobre la calle Bolívar y las inmediaciones de avenida Juárez, en el Centro Histórico, luego de que elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana implementaron un operativo de cerco para impedir su ingreso al Zócalo capitalino.
El 1 de junio, día en que estalló la huelga nacional, dos docentes resultaron lesionados: Octavio Gerónimo recibió un petardo y Proceso Columbo fue alcanzado por una bala de goma y corre riesgo de perder la vista. El 11 de junio, mientras el mundo inauguraba el Mundial de Futbol en el Estadio Azteca, maestras y maestros marcharon desde Taxqueña sobre Calzada de Tlalpan rumbo al estadio. Un operativo policial contuvo al contingente en el cruce con División del Norte.
“La CNTE viene en manifestación pacífica para alzar la voz y hacerle conocer al mundo que estamos luchando, no por privilegios, sino por el derecho a una jubilación digna”, dijo Pedro Hernández, secretario general de la Sección 9 de la Ciudad de México. El Mundial terminará. Los maestros seguirán ahí.

