El comunicado con el que el Gobierno de Jalisco intentó desmentir a Morena admite que el sistema permanece fuera de operación, puede aportar menos agua de la difundida, requiere obras por alrededor de 7 mil millones de pesos y sólo funcionará como una fuente complementaria para Guadalajara.
Texto y fotografías: Mario Marlo / @Mariomarlo
El Gobierno de Jalisco difundió un comunicado para responsabilizar a Morena y a la Federación por la falta de operación de la Presa El Zapotillo. Sin embargo, entre acusaciones partidistas y explicaciones técnicas, terminó reconociendo algo más importante: la obra que Movimiento Ciudadano presentó como una solución histórica para el abastecimiento de agua en Guadalajara sigue incompleta y es insuficiente frente a las promesas construidas a su alrededor.
El documento, fechado el 31 de julio, señala que La presa El Zapotillo no está en funcionamiento y que su arranque parcial podría ocurrir el 1 de septiembre de 2026, siempre que la Comisión Nacional del Agua concluya las reparaciones, pruebas hidráulicas y trabajos electromecánicos pendientes.
También admite que la capacidad instalada del acueducto y del sistema de bombeo es de dos metros cúbicos por segundo, no de tres, y que el volumen adicional que podría incorporarse al sistema metropolitano sería de hasta 1.5 metros cúbicos por segundo.
Pero hay un reconocimiento todavía más revelador: para aprovechar plenamente ese caudal es necesario construir un nuevo acueducto y ampliar la Planta Potabilizadora 3, obras calculadas en alrededor de 7 mil millones de pesos.
Es decir, la Presa El Zapotillo no aparece en el comunicado como una solución concluida, sino como una infraestructura detenida, dependiente de nuevas inversiones y subordinada a otros proyectos para funcionar.
De la solución histórica a la fuente complementaria
La contradicción es evidente.
Durante el gobierno de Enrique Alfaro, Movimiento Ciudadano presentó El Zapotillo y las obras complementarias como parte de una estrategia que garantizaría el agua para la Zona Metropolitana de Guadalajara durante las siguientes décadas. La infraestructura fue supervisada, inaugurada y convertida en uno de los principales logros políticos de la administración estatal.
Ahora, el gobierno de Pablo Lemus, también emanado de MC, sostiene que la presa solamente será una fuente complementaria y reconoce que todavía no puede aportar el volumen difundido.
El Zapotillo no fue concebido por Movimiento Ciudadano. El proyecto comenzó desde 2005 y atravesó gobiernos del PAN, PRI, Morena y MC. Las responsabilidades técnicas, financieras y políticas corresponden a distintas administraciones estatales y federales.
Pero esa historia compartida no permite que MC se presente como un actor ajeno.
Enrique Alfaro asumió la defensa política de la etapa final del proyecto, acompañó su reactivación y participó en la narrativa de que el problema del agua en Guadalajara había sido resuelto. El actual Gobierno de Jalisco no puede deslindarse ahora de una obra que su propio movimiento convirtió en bandera.
El comunicado pretende corregir a Morena, pero termina corrigiendo la propaganda construida durante el sexenio anterior.
Las comunidades lo advirtieron
Durante más de ocho años, en Somoselmedio documentamos la resistencia de Temacapulín, Acasico y Palmarejo contra una obra que amenazaba con inundar sus territorios, desplazar a sus habitantes y borrar una parte de la memoria histórica de Los Altos de Jalisco.
Las comunidades, acompañadas del Instituto Mexicano Para El Desarrollo Comunitario (IMDEC), denunciaron que la Presa El Zapotillo no representaba una política integral para resolver la crisis del agua. Cuestionaron los estudios, los costos, la opacidad de las decisiones y el modelo que pretendía sacrificar pueblos enteros para sostener el crecimiento urbano y económico de otras regiones.
El IMDEC y los pueblos de Temacapulín, Acasico y Palmarejo sostuvieron durante años que la presa El Zapotillo no resolvería por sí sola el problema del agua en Jalisco. Frente al modelo basado en grandes obras hidráulicas, defendieron la construcción de un plan integral orientado a la sustentabilidad, la protección de las cuencas y el acceso equitativo al agua.

También impulsaron alternativas concretas, como la reparación de fugas y redes de distribución, la captación de agua de lluvia y una gestión responsable de las fuentes superficiales y subterráneas. Estas propuestas fueron presentadas públicamente y discutidas con especialistas, organizaciones y comunidades, pero los gobiernos las relegaron mientras mantuvieron a El Zapotillo como la principal respuesta institucional a la crisis hídrica.
Durante años fueron acusadas de oponerse al desarrollo. Hoy, el propio Gobierno de Jalisco reconoce que la presa no puede resolver por sí sola el abastecimiento metropolitano.
El comunicado también señala que el proyecto original contemplaba una capacidad de almacenamiento de 911 hectómetros cúbicos, pero que, después de la construcción de las llamadas “ventanas”, quedó reducida a 45 hectómetros cúbicos.
Presentar esa reducción únicamente como una limitación técnica borra la razón por la que se modificó la presa.
Las ventanas fueron construidas para evitar la inundación de Temacapulín, Acasico y Palmarejo. No fueron una concesión gratuita de los gobiernos, sino el resultado de una resistencia comunitaria que se mantuvo durante más de 15 años.
El problema no es que los pueblos se negaran a desaparecer. El problema fue que el diseño original consideró aceptable inundarlos.
El agua como disputa partidista
El comunicado aparece mientras habitantes de numerosas colonias de la Zona Metropolitana de Guadalajara denuncian agua turbia, sedimentos, malos olores, cortes y fallas constantes en el suministro.
Esa crisis no se explica únicamente por la cantidad de agua almacenada en las presas. También intervienen las fugas, el deterioro de las redes, las deficiencias en la potabilización, la falta de mantenimiento y la gestión del SIAPA.
Construir una presa o aumentar el caudal no garantiza que el agua llegue de manera continua y potable a los hogares.
Mientras Morena acusa al Gobierno de Jalisco de no aprovechar El Zapotillo, el estado responsabiliza a Conagua por las reparaciones pendientes. Cada parte intenta trasladar el costo político a su adversario, pero ninguna asume completamente las promesas incumplidas ni explica cuánto más deberá invertirse para que la infraestructura funcione.
La discusión pública tendría que ir más allá del intercambio de acusaciones.
¿Por qué una obra entregada como concluida necesita reparaciones antes de operar? ¿Quién financiará los 7 mil millones de pesos pendientes? ¿Cuándo se construirán las obras complementarias? ¿Cuánto del caudal anunciado será realmente agua nueva? ¿Qué colonias se beneficiarán y cómo se garantizará su calidad?
El comunicado no responde estas preguntas.
El fracaso de una promesa
El Zapotillo no es responsabilidad exclusiva de Movimiento Ciudadano. Morena también debe responder por la entrega anticipada del sistema, por los trabajos a cargo de Conagua y por haber participado en la narrativa de que el conflicto estaba resuelto.
Pero MC tampoco puede borrar su papel.
Durante años, Enrique Alfaro presumió que su gobierno había garantizado el abastecimiento de agua para Guadalajara. Hoy, la administración de su mismo partido reconoce que El Zapotillo no está operando, que su capacidad es menor a la difundida, que requiere miles de millones de pesos adicionales y que solamente funcionará como una fuente complementaria.
El Zapotillo no fracasó porque las comunidades se negaron a desaparecer.
Fracasó la política que presentó un megaproyecto como respuesta única, minimizó sus impactos sociales y ambientales, prometió volúmenes sin explicar cómo llegarían a las viviendas y utilizó el derecho al agua como propaganda gubernamental.
El comunicado quiso desmentir a Morena. En realidad, terminó desmintiendo la historia triunfalista que Movimiento Ciudadano contó sobre sí mismo.




