A 41 años del sismo que derrumbó su edificio en la colonia Juárez, músicos y público inauguraron el mural del Profeta del Nopal en el lugar donde murió junto a Françoise Bardinet.
Texto y fotografías: Mario Marlo / @Mariomarlo
Rockdrigo Gonzálezvolvió este 19 de septiembre a la calle Bruselas. A 41 años del sismo que derrumbó su edificio en la colonia Juárez, músicos, escritores y público se reunieron en Bruselas número 8, en la Plaza Giordano Bruno, para inaugurar un mural con la imagen del autor de “Estación del Metro Balderas”, en el mismo punto donde quedó sepultado junto a su compañera, la francesa Françoise Bardinet, la mañana del 19 de septiembre de 1985.
El homenaje, comenzó a las 16:00 horas y combinó rock en vivo, lectura de textos y conversatorio. Entre los músicos y las agrupaciones que tocaron estuvo Paco Barrios El Mastuerzo, Luis Saldaña, la Sonora Skandalera. El cartel anunciaba también la presencia de Genoveva González, hermana del músico, y de Rod Levario, quienes no asistieron al encuentro.

La iniciativa partió de Raúl Esquivel, rockero y escritor que firma sus libros como “Rock and Rul”. En entrevista con la agencia Amexi, Esquivel contó que conoció a Rockdrigo como vecino antes que como músico: le compraba tamales a su abuelo Jesús, quien vivía a dos cuadras de su departamento. Según esa misma publicación, los pintores encargados de la obra son de la alcaldía Cuauhtémoc, y el propósito del mural es devolver simbólicamente al trovador a las calles que recorrió en vida.
El mural se suma a la escultura que lo recuerda en la estación Balderas del Metro y a los homenajes que cada año se realizan sin respaldo institucional. La memoria de Rockdrigo se ha sostenido desde abajo, en la misma lógica con la que él produjo su obra: fuera de la industria, con guitarra de palo y armónica, y con la ciudad como tema.

Bruselas 8: el edificio que se volvió tumba
Rockdrigo vivía en el edificio de Bruselas 8 cuando el sismo de magnitud 8.1 lo hizo colapsar. No fue la única vida perdida en ese inmueble: bajo los mismos escombros murieron Manuel Altamira, reportero de La Jornada, y el mimo Frederick Vanmelle, conocido en las calles del Centro de la ciudad. Sus cuerpos fueron reconocidos por Roberto Ponce, integrante del movimiento rupestre, quien encontró entre los escombros su guitarra y sus gafas, pero no la libreta donde tenía escritas unas 300 canciones.
Los edificios que cayeron esa mañana en la Juárez, la Roma, el Centro y Tlatelolco no cayeron solo por la fuerza del sismo. Cayeron por corrupción en la construcción, por reglamentos incumplidos y por décadas de omisión estatal en la revisión de inmuebles. El gobierno de Miguel de la Madrid tardó días en reconocer la magnitud del desastre y rechazó en un primer momento la ayuda internacional. Fueron brigadas de vecinos, estudiantes y costureras quienes removieron escombros, y las cifras oficiales de muertos nunca coincidieron con las estimaciones civiles. La misma fecha, 32 años después, volvió a sacudir a la ciudad con el sismo de 2017.

El Profeta del Nopal y la ciudad que cantó
Rodrigo Eduardo González Guzmán nació el 25 de diciembre de 1950 en Tampico, Tamaulipas. Llegó a la Ciudad de México a mediados de los setenta y cantó en plazas, cantinas y cafés. Dejó de hacer versiones en inglés para escribir lo que veía: el metro, el smog, la renta, el desempleo. En 1984, a petición del Museo Universitario del Chopo, redactó el Manifiesto Rupestre, que definió a un movimiento de músicos sin equipo eléctrico ni respaldo de las disqueras.
Ese mismo año editó por su cuenta el casete Hurbanistorias, el único material que supervisó en vida, con canciones como “Vieja ciudad de hierro” y “No tengo tiempo de cambiar mi vida”. Su obra se difundió después de su muerte a través de los discos póstumos de Ediciones Pentagrama y de la película ¿Cómo ves?, de Paul Leduc. Parte de sus grabaciones permanece inédita, en disputa entre el productor José Xavier Návar y la familia del músico.
Cuatro décadas después, la calle donde murió tiene por primera vez su rostro pintado en un muro. El homenaje no llegó de una institución, sino de quienes lo conocieron en el barrio y de los músicos que siguen tocando sus canciones cada 19 de septiembre.













