Ciudad de México.- Entre pasillos saturados de color y olor a incienso, miles de personas recorren los puestos del Mercado Jamaica, para preparar sus ofrendas: buscan las flores más frescas, las velas más brillantes y las figuras que acompañarán a sus difuntos en el regreso anual al mundo de los vivos.
Las y los comerciantes, muchos de ellos con décadas de tradición familiar, trabajan sin descanso desde días antes del 2 de noviembre. A la vista, se apilan montañas de cempasúchil, terciopelo, nube y gladiola; en el aire, los pregones se mezclan con música de mariachi y las risas de quienes compran pan de muerto, calaveras de azúcar o coronas para los altares.
El Jamaica no sólo es un mercado: es un punto de encuentro donde la memoria florece. Aquí se cruzan generaciones que mantienen viva una de las tradiciones más profundas de México, esa que transforma el duelo en celebración y la ausencia en presencia.
Fotografías: María Pichardo Ramírez / mar_visual_




















