Activistas feministas y anti-gentrificación protestaron con Retas anti-FIFA frente a la Glorieta de las Mujeres que Luchan contra el Mundial 2026, denunciando el lavado de imagen ante la crisis social y el despojo territorial. Rechazaron la censura, así como la violencia patriarcal, llamando a boicotear marcas y defender la autogestión comunitaria.
Por Alan Hernández / @alandjhm y Denisse Ureña / @denisseure_
Ciudad de México, 25 de mayo de 2026.- La tarde del pasado domingo 24 de mayo, mujeres activistas y disidencias sexogenéricas, pertenecientes a colectivas anti-gentrificación, feministas y anti-mundialistas, se concentraron en la Glorieta de las Mujeres que Luchan para llevar a cabo una jornada de protesta denominada Retas anti-FIFA. Esta actividad se realizó en oposición al próximo evento deportivo del Mundial 2026 y en conmemoración del Día Internacional del Fútbol Femenil, con el objetivo de evidenciar la resistencia frente a un sistema patriarcalista, capitalista, extractivista y excluyente.
A través de un pronunciamiento conjunto, las integrantes de las colectivas denunciaron que la justa mundialista funciona como un dispositivo de lavado de imagen, o “sportwashing”, que legitima despojos territoriales, encubre violaciones a derechos humanos y profundiza las desigualdades económicas bajo la lógica del capitalismo global.
“No es solo sobre fútbol, se trata de un sistema global que utiliza el deporte para legitimar despojos, encubrir ocupaciones de los territorios y profundizar desigualdades”, evidenciaron.
Durante el encuentro, señalaron que los preparativos del torneo han recrudecido problemáticas locales en la Ciudad de México, como la gentrificación de barrios, la precarización del transporte público, el acoso policial a comerciantes, los desalojos de vivienda y la expulsión de trabajadoras sexuales de sus zonas de trabajo.
Además, denunciaron la existencia de una censura gubernamental que, desde noviembre de 2025, busca borrar del espacio público las intervenciones gráficas que visibilizan la crisis sistémica. Las activistas calificaron a este evento como un mecanismo que opera como un encubrimiento político para ocultar la presencia de fosas clandestinas en los alrededores del estadio Akron en Jalisco y censurar las declaraciones públicas que alertan sobre las más de 130,000 desapariciones en México.

Frente a esta situación, las colectivas manifestaron su rechazo al voluntariado sin garantías laborales, al uso excesivo de cuerpos policiales como herramienta de intimidación durante las protestas antimundialistas y contra el despojo en fechas previas al magno evento futbolístico. Asimismo, expresaron su rechazo al borrado histórico de las mujeres en el ámbito deportivo, denunciando que la violencia patriarcal censura la presencia femenina en espacios públicos y privados. En este sentido, reconocieron la importancia de la presencia de mujeres en el fútbol, considerándolo un espacio donde se puede organizarse en contra de las violencias patriarcales.
Con la consigna “no queremos fútbol, queremos justicia”, hicieron un llamado al boicot de los patrocinios de marcas corporativas y defendieron la autogestión de las canchas futboleras en las periferias del Valle de México y otras geografías. Las activistas afirmaron: “Nosotres nos organizamos desde la autogestión en las periferias, en los espacios olvidados por el Estado. Somos quienes cuidamos y sostenemos la resistencia popular y organizada”.
El pronunciamiento concluyó reivindicando la reapropiación del juego fuera de los intereses macroeconómicos, enfatizando que:
“el fútbol que debe existir no es una marca ni una máquina que cubre crímenes, sino una práctica con identidad comunitaria que no olvida las exigencias de las madres buscadoras, de los pueblos desplazados por la violencia inmobiliaria y del pueblo palestino”.
Con la afirmación de que “la FIFA no representa el espíritu deportivo”, las participantes del torneo solidario hicieron un llamado urgente a la movilización por la defensa de los derechos humanos y la libre expresión. Rechazaron el borrado de la memoria colectiva y la desarticulación de los procesos de resistencia frente al aceleramiento de la gentrificación, el saqueo y la impunidad en relación con las desapariciones forzadas, agravadas por la crisis social que afecta a México frente a la Copa del Mundo 2026, que se realizará el próximo 11 de junio.



















