Desde finales de 2025, la comunidad del plantel San Lorenzo Tezonco de la UACM exige respuesta institucional tras la denuncia de un intento de feminicidio. Las asambleas del 28 de abril reunieron a más de 500 personas, pero las comisiones propuestas aún no se forman y los protocolos siguen sin modificarse.
Por Abarca López Francisco Gabriel / @Somoselmedio
Ciudad de México, 7 de mayo de 2026.- Más de 500 integrantes de la comunidad universitaria del plantel San Lorenzo Tezonco de la UACM se reunieron el 28 de abril en dos asambleas para exigir respuestas institucionales ante la violencia, el acoso sexual y la inseguridad que persisten en el campus desde al menos finales de 2025.
La preocupación no surgió recientemente. Desde finales de 2025, distintos sectores de la comunidad comenzaron a exigir atención institucional tras la denuncia de un intento de feminicidio cometido por un estudiante contra su pareja, también alumna del plantel.
El colectivo ACTUANTE realizó un sondeo entre integrantes de la comunidad como parte de este proceso. Los resultados señalaron tres problemas recurrentes: consumo de alcohol y drogas, acoso sexual entre estudiantes y fallas en los accesos al plantel.
La primera asamblea reunió a más de 300 personas durante la mañana y contó con la participación de autoridades universitarias, entre ellas el rector Juan Carlos Aguilar; Cuauhtémoc Mendoza, de la Defensoría; Jorge Larios, del área administrativa; y Mauricio Ballesteros, asesor jurídico. Más tarde, una segunda asamblea congregó a cerca de 250 integrantes de la comunidad, quienes discutieron propuestas concretas para atender las problemáticas señaladas.
En ambas reuniones participaron estudiantes, docentes, trabajadores administrativos, colectivas feministas e integrantes de la comunidad sorda. Estudiantes, docentes y trabajadores señalaron inseguridad recurrente en áreas verdes, sanitarios, estacionamientos y pasillos, y relacionaron esos espacios con el consumo cotidiano de alcohol y drogas.
Durante las intervenciones se propusieron medidas como reforzar la vigilancia y el control de acceso, mejorar la iluminación, agilizar la atención a denuncias y fortalecer la aplicación de protocolos institucionales relacionados con las violencias. También se insistió en la necesidad de crear mecanismos permanentes de atención emocional y comunitaria.
Las asambleas derivaron en la propuesta de formar comisiones de trabajo sobre normas de convivencia, recuperación de espacios, comunicación universitaria y diálogo con autoridades, además de talleres de apoyo psicológico y prevención de adicciones.
Las entrevistas realizadas durante la jornada reflejaron preocupaciones similares. Jesús Calderón, estudiante de Promoción de la Salud, calificó la seguridad del plantel como “ineficiente” y aseguró que el consumo de alcohol y drogas ocurre “diariamente”. Wendy Guillén, estudiante de Ciencias Sociales, señaló que las medidas actuales resultan insuficientes debido al incumplimiento de normas y a la presencia constante de personas externas.
Una de las reflexiones más amplias surgió del profesor Itzam Pineda, de la Academia de Ciencias Sociales, quien describió la situación de seguridad como “muy deficiente”, pero advirtió que el problema no puede reducirse únicamente a vigilancia o castigos. El docente propuso construir respuesta desde la comunidad: “Actuar en conjunto, no como policías sino como comunidad”, señaló, y planteó fortalecer actividades extracurriculares y espacios de atención emocional para reconstruir el tejido comunitario.
La profesora Beleguí Gómez, de la Academia de Expresión Oral Escrita, señaló que los sanitarios y jardineras son “zonas de riesgo” y cuestionó la capacidad institucional para responder ante situaciones de violencia.
Las asambleas no resolvieron las demandas planteadas. Las comisiones propuestas aún deben formarse y los protocolos institucionales siguen sin modificarse. La comunidad, sin embargo, dejó constancia de que no esperará a que la violencia escale para exigir respuesta.







