El Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel difundió imágenes de una flotilla en Tel Aviv en apoyo a rehenes, mientras continúa la detención de activistas internacionales de la Flotilla Global Sumud que transportaban ayuda humanitaria hacia la Franja de Gaza.
Por Redacción / @Somoselmedio
El mismo día en que la marina israelí interceptó y trasladó al centro de detención de Ketziot a integrantes de la Flotilla Global Sumud, el gobierno de Israel difundió imágenes de una flotilla con banderas azul y blanco en el puerto de Tel Aviv, bajo el lema de solidaridad con los 48 rehenes aún en poder de Hamas en Gaza.
Desde su cuenta oficial, el Israel Foreign Ministry (@IsraelMFA) publicó:
“Hoy, flotillas azul y blanco navegaron desde el puerto de Tel Aviv en solidaridad con los 48 rehenes que permanecen retenidos en Gaza. Elevamos nuestras oraciones por su regreso seguro, por la paz en Israel y por la fortaleza de las comunidades judías en el mundo”.
El contraste entre ambas escenas es significativo: mientras se celebra en Tel Aviv la navegación simbólica de yates en apoyo a víctimas israelíes, se mantiene la detención de activistas de más de veinte países que navegaban rumbo a Gaza con ayuda médica y alimentos para la población palestina bajo bloqueo.
El acto oficial refleja una estrategia comunicacional que busca reforzar el discurso de Israel en torno a la seguridad y el sufrimiento de sus ciudadanos. Sin embargo, esta narrativa se produce en paralelo a la criminalización de iniciativas civiles internacionales que, como la Flotilla Sumud, denuncian el bloqueo y exigen la apertura de un corredor humanitario hacia Gaza.
La diferencia de trato revela un doble estándar: mientras se otorga legitimidad política y mediática a una flotilla nacional organizada en el Mediterráneo, se priva de libertad a quienes pretendían ejercer un derecho reconocido por el derecho internacional humanitario, como lo es la asistencia a poblaciones civiles en situación de asedio.
La acción del gobierno israelí ocurre en un escenario donde múltiples organismos internacionales —incluyendo la ONU y la Corte Internacional de Justicia— han advertido sobre la posible comisión de crímenes de lesa humanidad en Gaza. En este contexto, el despliegue de flotillas nacionales contrasta con la represión de aquellas que buscan visibilizar la crisis humanitaria.
La flotilla lanzada desde Tel Aviv es un acto simbólico cargado de propaganda que busca sostener la narrativa de Israel en torno a sus rehenes, mientras se ignora deliberadamente la situación de millones de palestinos bajo bloqueo.



