Atleta mexicano de lucha de brazos, Adrián Hernández perdió una pierna tras un cáncer a los 14 años. Hoy pide que lo primero que se vea de él sea su capacidad.
Por Sebastián Cruz / @s_desebas
“Desde que me agarro la mesa y aprieto el brazo, se me olvida”.Así describe Adrián Hernández, atleta mexicano de lucha de brazos, lo que pasa cuando compite. En ese momento su atención está en la fuerza, en la técnica y en el contrincante que tiene enfrente. La discapacidad deja de ser el centro y queda lo que para él importa: competir, mejorar y demostrar sus habilidades.
Su historia forma parte de Más que un deporte, un fotodocumental sobre atletas que, además de prepararse para competir, enfrentan estereotipos sociales y una idea de la discapacidad que se fija más en las limitaciones que en las capacidades.
Del cáncer a la mesa de competencia
A los 14 años, Adrián enfrentó un cáncer que tuvo consecuencias importantes en su salud y que terminó con la pérdida de una pierna. Su historia no se queda en la enfermedad ni en lo que perdió. Habla también de las decisiones que tomó después, de cómo aprendió a seguir adelante y de cómo encontró en el deporte un espacio para sentirse él mismo.
Adrián no presenta su discapacidad como lo principal de su identidad. Quiere que se reconozcan sus habilidades y el trabajo que hay detrás de cada logro. “Busco eso, que se vea mejor mi capacidad que mi discapacidad”, dijo en entrevista.
No se trata de ignorar las dificultades que enfrentan los deportistas con discapacidad, sino de evitar que sean lo único que se ve de ellos. Detrás de cada atleta hay disciplina, preparación y una historia que va más allá de su condición física.
La lucha de brazos exige fuerza, técnica, concentración y constancia. Para Adrián, cada entrenamiento es una oportunidad para mejorar. También es un espacio para concentrarse en sus capacidades y dejar de lado, aunque sea un rato, las barreras que existen fuera de la competencia.
Su trayectoria lo ha llevado a representar a México en competencias internacionales. Adrián llegó a coronarse campeón mundial de lucha de brazos, y competir en Japón significó más que salir del país: fue el resultado de años de esfuerzo y de la determinación para seguir detrás de sus objetivos.
“Si me lo propongo, lo puedo lograr”
Cuando se le pregunta qué lo impulsa a seguir, Adrián responde desde la voluntad personal: “Si me lo propongo, lo puedo lograr”. Detrás de esa frase hay una vida que le exigió adaptarse a circunstancias que no eligió y encontrar nuevas maneras de continuar.
Para él, levantarse después de una situación difícil no depende solo de lo que pasa alrededor, sino también de cómo cada persona decide enfrentar lo que vive. Reconoce que hay obstáculos, pero no los ve como el final del camino.
Su fe también forma parte de esa manera de ver la vida. “Sin Dios no se logra nada”, dice. Para Adrián, seguir adelante no significa que las dificultades desaparezcan, sino encontrar motivos para continuar aunque el camino se complique.
En su testimonio, el deporte es un espacio donde se construyen hábitos, se fortalecen capacidades y se aprende a vivir con los retos. También es una forma de mostrar que el cuerpo no determina por sí solo lo que una persona puede alcanzar. Esa determinación está en cada entrenamiento, en la preparación para competir y en la forma en que enfrenta las miradas de otras personas para que su desempeño se reconozca por encima de los prejuicios.
Mirar primero la capacidad
Más que un deporte no presenta la superación como una obligación ni afirma que todas las dificultades se resuelven con voluntad. Busca acercarse a la persona que está detrás del atleta: alguien que encontró en su disciplina una manera de seguir creciendo, recuperar la confianza y ponerse nuevas metas.
Lo que Adrián pide es que la discapacidad no sea lo primero que se vea de él, sino la capacidad que tiene. Cuando se le pide resumir el deporte en una palabra, escoge una: “Determinación”.
***
Este trabajo es resultado del Taller de Fotografía Documental impartido por Mario Marlo / @Somoselmedio y el Colectivo 11/11.
















