Por Aline Magaña Zepeda
Profesora en UAM-I
Encuentro patética, por no decir vomitiva, esa necesidad obsesiva, casi patológica, de muchos —mmm, ¿Cómo decirles?— progresionales de “izquierda” de calificar a Maduro de dictador y, por supuesto, marcar su distancia moral con él (y de preferencia también con el chavismo en general) antes de siquiera pensar en condenar el intervencionismo yankee, la invasión a Venezuela y el secuestro de su presidente.
Ahora resulta que el rechazo a una agresión criminal e imperialista, para ser aceptable, tiene que pasar por el filtro del repudio total y sin la menor duda al presidente Maduro. Como si la condena a Maduro fuera una especie de “cover” de decencia, impuesta por la ideología liberal, para poder pronunciarse en cualquier sentido. Cover -dicho sea de paso- que pagan con una alegría y/o sumisión que da miedo y pena ajena.
Su tibieza pareciera responder a su necesidad de validación, como si la política internacional fuera un concurso de moralidad o demostrar quién es más ético/a, y no estuvieran en juego cosas que a todo el mundo y en particular a LATAM pone en riesgo. Como si la soberanía, la autodeterminación, la seguridad, los recursos naturales y hasta el derecho a la vida de los pueblos pudieran pasar a un segundo plano. Hacen exactamente igual que hicieron con Hamas, a quien condenaban fuertemente, como pago forzoso para poder asomar una crítica al estado israelí.
Caen nuevamente en el mismo truco y repiten una narrativa impuesta por el imperio. De lo que no se dan cuanta (o peor aún, lo saben muy bien) es que la narrativa del imperio ya cambió, éste ha dejado de recubrir sus ataques y saqueo con el discurso de la libertad y no se percatan de que esa equidistancia que se cuidan muy bien de poner, entre Maduro y Trump, es una forma de justificar veladamente la agresión criminal de este último; de aceptar que -de alguna manera- existe cierta legitimidad en la invasión a Venezuela. Incluso dejan entrever que hay algo de merecimiento en el secuestro del presidente venezolano. Y piensan -con una ingenuidad que asusta- que el pueblo venezolano puede salir beneficiado de alguna manera con este ataque.
Si no entendemos que la invasión del imperio no tiene relación alguna con el hecho de que Maduro haya sido o no un dictador (cosa que, por cierto, yo no tengo empacho alguno en afirmar que NO lo es); o con que Maduro tenga vínculos con el inventado cartel de los soles, o con el real cartel de Sinaloa (una total mentira); y que mucho menos tiene que ver con los derechos humanos o la supuesta falta de libertad y democracia en Venezuela; sino con la búsqueda desesperada de EU de no seguir perdiendo su hegemonía, de hacerse de los recursos naturales de lo que considera su patio trasero y de asegurarse el dominio y control de Latinoamérica, es que hemos terminado de perder toda brújula política.
Si no entendemos que a lo que estamos asistiendo es a la reacción desesperada del gigante herido que ante un mundo multipolar (o mejor dicho, multilateral) ya no tiene el control total y ha decidido volver a usar su garrote para restablecer la doctrina Monroe (ahora con el coralario Trump y ya sin adornos de defensa y libertad) y no seguir perdiendo terreno ante los bloques económicos que ya no controla, es que de plano la historia no nos ha enseñado nada.
Trump negocia siempre con la pistola en la mesa y el sábado pasado decidió sacar la metralleta y soltar un tiro para que nos quede claro que está dispuesto a disparar y tiene con qué hacerlo. Manda un mensaje claro tanto a la revolución bolivariana que aún ejerce el poder en Venezuela, como al resto de los países latinoamericanos que no se han mostrado lo suficientemente dóciles con los intereses y mandatos gringos. Y de paso, hace una demostración de fuerza hacia todo el mundo. ¡Si no bailan el son que toca la bestia, ésta los va a morder! Nos dice, Pero ¿qué creen? la naturaleza de la bestia es morder, así que la sumisión y alineación ante la bestia herida de nada servirá o, peor aún, solo puede allanarle el camino al gigante herido para amortiguar su caída a costa de nuestra independencia, soberanía y recursos. El guión de EU no ha cambiado, es conseguir la sumisión, imponer elites obedientes y apropiarse de los recursos, solo que ahora lo hace sin tapujos ni hipocresía, el cinismo es abrumador y asusta y -a pesar de todo- nos han domesticado tan bien que consideramos fundamental pronunciarnos en primer término en contra de Maduro y el país agredido ¡ver para creer!
Hoy no hay más orden internacional que impere, los acuerdos que existían ya ni siquiera se simulan respetar o recurrir a ellos como coartada. Hoy los llamados a la prudencia y los justos medios, no solo son complicidad pura y dura, sino que nos ponen en aún más riesgo.
La reacción internacional contundente ante la agresión del imperialismo yankee es la única respuesta. Porque la soberanía ni se mendiga ni se negocia. Y además, la historia ha dejado claro que los imperios avanzan cuando no encuentran resistencia; que cuando los imperios ya no respetan ni sus propias reglas es porque han entrado en decadencia y en su caída pueden arrasar territorios completos si los pueblos no se unen y se plantan con fuerza.
Podemos ser gusanos y arrastrarnos, seguir reproduciendo la narrativa equidistante de “es tan malo el uno como el otro”, pero que no se nos olvide que los gusanos son prescindibles y que a los gusanos siempre -SIEMPRE- los terminan por pisotear. Si no se reacciona contundentemente, pasarán por sobre todo el hemisferio y su ataque no será selectivo.
El asesinato a los 32 cubanos en Venezuela fue bien dirigido, para dar una lección a quienes no se doblegan, para castigar la dignidad, y por eso es doblemente doloroso. Con ello buscan sembrar el terror para domesticarnos. Pero no se equivoquen, ellos van contra todo/as, y van por nuestros recursos. Y están midiendo la aceptación ante su barbarie y la capacidad de respuesta que tienen los pueblos. Saben también muy bien, que las incursiones por tierra son costosas, peligrosas y tienen un alto riesgo de fracasar, como ya les ha ocurrido
El dictador es Trump. Punto. El único dictador es Trump.
Hoy Nicolás Maduro y Cilia Flores son los villanos favoritos del imperio y de su bola de focas aplaudidoras (algunas de izquierda) que tienen tanta miopía política que no se dan cuenta que han caído en la trampa. Que ello/as son villanos por una sola razón: no haberse alineado total y absolutamente ante el imperio. Y todo aquel que no se doblegue está en la lista de próximos villanos a eliminar.
Los coletazos de la caída del gigante ya empezaron y la tibieza, pasividad y sumisión solo garantiza que éstos sean más duros y contundentes. Hoy y ahora la tibieza y lo políticamente correcto -repito- no es otra cosa que complicidad ante las pretensiones intervencionistas y el terrorismo de EU.
¡Libertad al presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro!
¡Libertad a la primera combatiente de Venezuela, Cilia Flores!
¡Condena total a la intervención de EU en Nuestra América!
¡Fuerza Venezuela, fuerza LATAM!
¡Apoyo y solidaridad al pueblo venezolano que se sigue negando a ser colonia y a ser el patio trasero de los gringos!

