Texto y fotografías: Juliana Kinnl / @juliana.kinnl (IG) / @Somoselmedio

Cada 8 de marzo, las calles de Jalisco se llenan de rabia, memoria y resistencia. Mujeres y mujeres diversas marchan para exigir justicia frente a una violencia que atraviesa la vida cotidiana y que, a pesar de los datos oficiales, sigue sin ser atendida con eficacia. Entre los distintos contingentes, el Bloque Negro avanza con fuerza: pañuelos, capuchas y consignas que denuncian un sistema que falla, que revictimiza y que ignora a quienes debería proteger.

8M en Jalisco: el Bloque Negro y la lucha que no da tregua

Un día de lucha, no de celebración

Para el Frente Feminista Jalisco, el 8 de marzo no es un día para festejar: “No es una fecha para festejar ni para el gozo. El 8 de marzo es lucha: es alzar la voz, es exigir, es tomar las calles para defender lo que nos corresponde”,explican.

Cada derecho conquistado por generaciones de mujeres está en juego: “Cada nueva administración, cada cambio en el Congreso y cada reforma legal puede poner en riesgo derechos que ya habíamos conquistado, que nosotras y nuestras ancestras lograron con años de lucha. Por eso las mujeres no podemos bajar la guardia”.

Salir a las calles año tras año es, para ellas, una forma de representar una lucha que se vive todos los días: en la vida doméstica, en el trabajo, en las escuelas y en los espacios públicos.

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La violencia que se vive en Jalisco

La violencia contra las mujeres en Jalisco es un problema estructural que atraviesa todos los ámbitos de la vida cotidiana. Según datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), 7 de cada 10 mujeres mayores de 15 años han vivido algún tipo de violencia —psicológica, física, sexual o económica— a lo largo de su vida.

El Frente Feminista señala que “aunque no siempre son catalogados como tales, numerosos asesinatos y muertes violentas de mujeres ocurren cada año, y activistas y organismos de derechos humanos denuncian que la violencia feminicida continúa con una frecuencia alarmante”. Estas cifras no son abstractas: son vidas de mujeres y niñas víctimas de violencia todos los días, y un recordatorio de la urgencia de la lucha.

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Nacimiento del Frente Feminista Jalisco

El Frente Feminista Jalisco nació hace más de cinco años a partir del movimiento nacional del tendedero “No es No”, que buscaba visibilizar la violencia sexual y las fallas institucionales frente a las víctimas. La colectiva decidió realizar un tendedero frente al Centro de Justicia para las Mujeres, un espacio que, en teoría, debería proteger y acompañar a las víctimas, pero donde muchas mujeres experimentaban revictimización.

Al inicio, participaron en mesas de trabajo con la institución revisando casos y avances. Pero pronto se dieron cuenta de que “aquello no funcionaba: los casos seguían estancados y presenciamos prácticas profundamente violentas, como archivos clasificados con lenguaje misógino hacia las víctimas”.Ante la ineficacia del diálogo institucional, el Frente optó por la acción directa: funas, acompañamiento en protestas, presencia encapuchada, cierres de vialidades, lonas, pintas y denuncias en redes.

“Descubrimos que solo así los casos empezaban a moverse y que la visibilización era la única forma de romper la impunidad”,relatan.

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Entre 2021 y 2022, la colectiva participó en protestas por un caso de abuso sexual infantil en Zapopan, durante las cuales diez mujeres fueron detenidas de manera arbitraria.

“Yo fui una de ellas, pero como llevaba a mi bebé —que tenía apenas tres meses— me liberaron antes. Otras dos compañeras eran menores de edad. Finalmente, siete compañeras sí fueron vinculadas a proceso, aunque las diez fuimos detenidas, golpeadas, amenazadas y criminalizadas por ejercer nuestro derecho a la protesta”.

Este episodio provocó un quiebre importante en la colectiva, pero en 2023 retomaron sus propias convocatorias y se definieron como espacio separatista, abierto solo a mujeres, niñas y niños menores de 12 años. Desde entonces, continúan organizando marchas del 8 de marzo y otras acciones durante el año.

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Motivaciones y objetivos del movimiento

Las integrantes del Frente explican que las motivaciones para unirse son diversas, pero casi siempre parten de una experiencia común: la injusticia. Muchas han sido víctimas directas de violencia sexual, familiar, psicológica, económica o institucional. Otras han sufrido violencia vicaria, cuando sus hijos o hijas son usados como forma de castigo o control.

“La impotencia de ver a tantas mujeres violentadas de todas las maneras posibles y sentir que parece que a nadie le importa”,describe una integrante.

“El dolor de las niñas y los niños”, agrega otra, refiriéndose a la violencia que marca sus cuerpos, sus vidas y su futuro.

“Que no se vuelva a repetir mi historia y la de mi mamá, donde nadie nos creyó y a los victimarios les creyeron sin ponerlos siquiera en duda”,dice otra compañera.

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En el Frente también reconocen que la participación es cíclica: algunas mujeres se suman, se van y regresan según lo que estén viviendo, siempre motivadas por la violencia que las rodea o por la necesidad de no estar solas. Para muchas, la fuerza colectiva es lo que mantiene viva la lucha: “El hecho de que juntas sí somos más fuertes; que urge incomodar a la sociedad; que urge que más mujeres se cuestionen y sepan que no estamos solas”.

Los objetivos centrales incluyen crear espacios verdaderamente seguros, mantener la sororidad cotidiana, visibilizar casos que nadie quiere ver y colaborar con Parvada Verde en acompañamiento de interrupciones legales del embarazo, educación y prevención, y apoyo a mujeres que deciden ser madres.

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El 8M y la energía de las calles

La movilización del 8 de marzo es un momento de confrontación, pero también de cuidado y comunidad. “La energía de una marcha del 8 de marzo es algo muy difícil de explicar con palabras, porque está atravesada por muchísimas emociones al mismo tiempo. Hay rabia, tristeza, dolor, pero también hay algo muy fuerte que se siente: el amor entre mujeres. Un amor genuino, sin competencia, sin jerarquías, sin divisiones”, relatan.

Durante la marcha, especialmente cuando van encapuchadas, se vuelven una sola entidad: siguen protocolos, se cuidan entre ellas y defienden el espacio separatista con firmeza. Si una compañera se lastima, varias se acercan de inmediato a ayudar; si un hombre intenta entrar, lo señalan y lo retiran. La sensación de hermandad y protección colectiva es una de las experiencias más potentes que viven las manifestantes.

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Demandas y contexto social

Las mujeres del Frente denuncian que Jalisco vive una crisis profunda de violencia, impunidad y abandono institucional. “Cuando una mujer denuncia, muchas veces es cuestionada, desacreditada o culpabilizada. A eso se suma la violencia mediática, que expone a las víctimas y muchas veces justifica a los agresores”, explican.

Señalan también la priorización del embellecimiento urbano para eventos internacionales, como el Mundial, mientras aumentan los feminicidios, desapariciones y precariedad económica. Ejemplos como la Mercadita de la Resistencia, desmantelada porque “se veía mal”, muestran cómo el gobierno prioriza la estética sobre la vida y la dignidad.

El Frente exige transparencia, recursos públicos para la protección de la vida y la dignidad de las personas, y un compromiso real de la sociedad y las autoridades frente a la violencia estructural que atraviesa Jalisco.

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Periodismo y visibilidad

La colectiva denuncia que los medios tradicionales criminalizan y distorsionan las protestas feministas, mientras que los independientes y feministas ofrecen cobertura ética. Solicitan respeto, contexto y compromiso a quienes documentan sus acciones:

“Humanizar al Bloque Negro es también empatizar con las víctimas y con todas las mujeres que marchan. No buscamos la aprobación de nadie ni que nos aplaudan. Buscamos no ser asesinadas, buscamos una vida libre de violencia, acceso real a la salud, educación, justicia y nuestros derechos”.

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Una lucha sin pausa

Para el Frente Feminista Jalisco, el 8 de marzo no es un cierre: es un momento de visibilización dentro de una lucha cotidiana y colectiva. Continúan con talleres, charlas, acompañamiento en redes, campañas de información, círculos de maternidad y acciones con Parvada Verde, además de organizarse para otras fechas clave del movimiento feminista como el 28 de septiembre y el 25 de noviembre.

“Detrás de cada capucha hay mujeres comunes: madres, trabajadoras, hijas, hermanas. No somos grupos de choque, no somos infiltradas, no estamos pagadas ni movidas por partidos políticos. Somos mujeres organizadas. Y eso debería bastar para que se nos respete”.

8M en Jalisco: el Bloque Negro y la lucha que no da tregua

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