Lizeth y Carmen Cardona buscan a su padre desde 2009. Su iniciativa Corazones Robados borda los nombres de desaparecidos para sostener la memoria colectiva.

Por Catherine Nava / cath_r_n

Ciudad de México, 18 de abril de 2026.- Lizeth y Carmen Cardona Martínez llevan 17 años buscando a su padre. Gersaín Cardona Martínez desapareció el 21 de marzo de 2009 en Piedras Negras, Coahuila, junto con otras 11 personas originarias del Estado de México y la Ciudad de México que se dedicaban a la venta de pintura y recorrían distintos estados de la República. Desde entonces, las hermanas Cardona no han recibido una respuesta del Estado. Lo que sí han construido es memoria.

De esa búsqueda nació la Acción de Memoria Corazones Robados: una iniciativa que usa el bordado para sostener, de manera colectiva y permanente, los nombres de las personas desaparecidas. Una vez al mes, a partir del mediodía, la acción se convoca en el Kiosco Morisco de la Ciudad de México, donde familiares y personas solidarias se sientan a bordar corazones en tela con el nombre de quien falta y una frase que, según explica Lizeth, “dignifica la búsqueda de su familia”.

Corazones Robados: bordar los nombres que el Estado no ha encontrado

“A partir del bordado hacemos memoria”, dice Lizeth Cardona Martínez. “Nos sentamos a bordar, a generar comunidad, a apoyarnos. Ese es el objetivo principal.”
Los corazones bordados funcionan como almohadas: llevan el nombre de la persona desaparecida al frente y una frase al reverso, y son entregados como regalo a las familias buscadoras. No son objetos decorativos. Son actos de presencia ante una ausencia que el Estado no ha resuelto.

Carmen Cardona, cofundadora de la iniciativa, impulsa además un proyecto propio: Historias Bordadas. Se trata de una serie de piezas de gran formato que visibilizará desapariciones forzadas grupales, tejiendo nombres y frases que cobijen esas ausencias. Para Carmen, ese bordado tiene un referente concreto: “Lo traté de hacer yo, él es mi papá. Traté de plasmar que ellos salieron a buscar trabajo, a vender, porque se dedicaban a la venta de pinturas. Por eso salían a diferentes estados de la República.”

Corazones Robados: bordar los nombres que el Estado no ha encontrado

Entre quienes desaparecieron junto a Gersaín Cardona están Roberto, Víctor y otras personas cuyos nombres las familias siguen pronunciando, bordando, reclamando.
A lo largo de estos años, las hermanas Cardona han mantenido interlocución con la Fiscalía y el Gobierno de Coahuila: revisiones de expediente, audiencias con el gobernador y mesas de trabajo. La respuesta institucional sigue pendiente.

En ese camino se han sumado más familias. Marina Armenta de la Rosa, originaria de la Ciudad de México, busca a su esposo Eduardo Toyota Espinoza, desaparecido el 20 de junio de 2009 en Tamaulipas. Su caso es uno de los que Corazones Robados ha acogido como parte del tejido colectivo que construyen.

Corazones Robados: bordar los nombres que el Estado no ha encontrado

La iniciativa también acompaña búsquedas de campo. En el Ajusco, mientras equipos de búsqueda trabajan en el terreno rastreando restos, Corazones Robados permanece en los puestos de mando —las carpas desde donde se coordina— bordando junto a familiares que, por distintas condiciones, no pueden participar en el frente directo.

“Acompañar, hacer memoria y tejer tejido social para visibilizar esta situación”, resume Lizeth. “Ese es el objetivo.”

Corazones Robados también imparte Talleres de Memoria en universidades y se suma a intervenciones en Tlalpan y otros puntos donde convergen distintas luchas. La iniciativa no se limita a un espacio ni a una fecha: se despliega donde haya una familia que busca y una aguja con hilo.

 

 

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