La Unión de Trabajadores y Académicos Semiescolar convoca a una concentración este 15 de mayo frente al plantel Coyoacán. Son 406 docentes que atienden a estudiantes en condición de vulnerabilidad en 28 planteles de la ciudad, sin contrato colectivo, sin escalafón y con salarios que no han aumentado en tres años.

Por Mario Marlo / @Mariomarlo

María Isabel Rodríguez Ramos lleva 19 años dando clases de historia en el Instituto de Educación Media Superior de la Ciudad de México. En ese tiempo ha egresado a generaciones enteras de estudiantes que hoy cursan carreras en la UNAM, la UAM, UACM y el IPN. No tiene plaza. No tiene contrato colectivo. Hasta hace tres años no tenía seguro médico. Durante la mayor parte de esas dos décadas cobró por honorarios, con pagos que llegaban a retrasarse más de seis meses.

“Yo lo hacía porque me encantaba esto y tenía quien me mantuviera”. “Pero yo veía cómo mis compañeras se tronaban las manos porque no llegaban a la quincena, y cuando nos pagaban tenían que pagar todo lo que habían pedido prestado.”

Rodríguez Ramos es una de las 406 profesoras y profesores que integran el sistema semiescolarizado del IEMS, la modalidad que atiende a madres de familia, adultos mayores, personas con discapacidad y jóvenes que trabajan, en 28 planteles distribuidos en 15 alcaldías de la ciudad. Este viernes 15 de mayo, Día del Maestro, el colectivo celebrará su propia versión de la efeméride: una concentración frente al plantel Coyoacán, a un costado del Estadio Azteca, a las 9 de la mañana. La convocatoria es de la Unión de Trabajadores y Académicos Semiescolar, y sus demandas llevan años sin respuesta.

Una institución creada para incluir que excluye a sus propios docentes

El IEMS fue fundado en 1998 por el primer gobierno electo de la Ciudad de México, encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, en respuesta a una demanda popular: llevar educación media superior a zonas marginadas donde otras instituciones no llegaban. El primer plantel abrió en las instalaciones de la antigua cárcel de mujeres de Santa Martha Acatitla, en Iztapalapa, luego de que comunidades vecinas organizaron la resistencia bajo la consigna “prepa sí, cárcel no”. El instituto fue hecho ley por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal en 2006.

El sistema semiescolarizado surgió al interior del propio IEMS porque el esquema original resultó insuficiente para la población que tenía como objetivo: personas que no podían ajustarse a horarios convencionales. Madres solteras, jubilados, personas con empleos de tiempo completo. Hoy, ese sistema lleva 19 años operando.

La paradoja es estructural: una institución diseñada para incluir a los más excluidos reproduce, al interior de sus planteles, una jerarquía que convierte a los docentes que atienden a esa población en trabajadores de segunda.

Diecinueve años sin base

La brecha entre los docentes del sistema escolarizado y los del semiescolarizado está documentada en los propios contratos. Los primeros cuentan con contrato colectivo negociado con dos sindicatos, tienen derecho a incrementos salariales anuales, permisos de paternidad y maternidad, y acceso pleno a los espacios físicos de cada plantel. Los segundos, hasta 2023, trabajaban por servicios profesionales bajo la figura de honorarios.

“Firmábamos contratos cada mes, luego cada tres meses, luego cada seis meses, luego cada diez meses”, relató Rodríguez Ramos. “No querían que hiciéramos antigüedad.”

Benjamín Castro González, profesor de física con posgrado que da clases en el mismo plantel además de trabajar en la Facultad de Ciencias y en la Preparatoria Nacional de la UNAM, identificó una irregularidad adicional: a él le pagan 14 horas, aunque su contrato establece 15. “A los compañeros que tienen 6 y 8 horas contratadas les están pagando 5 y 7”, señaló. “Es una inconsistencia sistemática que afecta a todos los que están por asignatura.”

El dato más revelador sobre las condiciones del sistema lo ofrece una infografía que circula entre los docentes del colectivo: después de 25 años de trabajo bajo el esquema actual, la pensión a la que tendrían derecho equivale a lo que hoy ganan en año y medio. El salario base con el que aparecen registrados en el sistema de seguridad social es inferior al salario mínimo de la Ciudad de México. “Cuando quieres ver con qué te vas a jubilar, el sistema te dice que no es posible calcularlo”, explicó Castro González, “porque no ganamos ni el mínimo.”

Desde la creación del sistema semiescolarizado, hace 19 años, los docentes han tenido únicamente dos aumentos y una reducción de sueldo. El incremento acumulado por hora trabajada no llega a un peso por año.

Docentes semiescolarizados del IEMS acusan 19 años de discriminación laboral y exigen basificación el Día del Maestro

El engaño del código CF

Durante varios años, la administración anterior del IEMS aseguró a los docentes semiescolarizados que ya estaban “basificados”. El argumento era que sus contratos por tiempo indeterminado, firmados a partir de 2021 tras un proceso de selección que los propios docentes describen como opaco, equivalían a una plaza. Los docentes lo refutaron con evidencia: si estaban basificados, ¿por qué podían ser removidos sin causa? ¿Por qué no tenían derecho a afiliarse a ninguno de los sindicatos reconocidos? ¿Por qué no recibían incrementos salariales anuales?

La respuesta llegó con la actual administración. El director general del IEMS, el Dr. Jorge Santos Valencia, reconoció en una reunión con el colectivo que el código CF que aparece en sus contratos no significa “código funcional”, como se les había dicho durante años, sino “código de confianza”. La diferencia no es semántica: el personal de confianza no cuenta con los mismos derechos laborales que el personal de base, puede ser removido con mayor facilidad y queda al margen de la protección sindical.

El mismo funcionario reconoció ante el colectivo que la basificación no ha ocurrido y que, según sus propias palabras, no existe el recurso presupuestal para realizarla. Los docentes rechazan este argumento: los contratos irregulares, el código de confianza y la ausencia de escalafón son decisiones administrativas que dependen de voluntad política, no de disponibilidad presupuestal, y existen compromisos previos que lo demuestran.

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Una promesa que viene desde la campaña

La demanda de basificación del semiescolarizado no nació con este colectivo ni en este sexenio. En febrero de 2023, cuando el Sindicato de la Unión de Trabajadores del IEMS (SUTIEMS) estalló huelga en los 28 planteles de la institución afectando a más de 30 mil estudiantes, la entonces jefa de gobierno Claudia Sheinbaum reconoció públicamente que desde su campaña le habían pedido basificación a los docentes semiescolarizados. Su respuesta había sido, según sus propias palabras en conferencia de prensa, otorgarles contratos anuales e ingresarlos a una nómina con seguridad social.

Eso es exactamente lo que los docentes entrevistados describen como insuficiente. Lo que ocurrió en 2023 fue una regularización mínima, no una basificación. Los contratos firmados ese año tienen irregularidades documentadas por el propio colectivo: personas que ya no laboraban en el instituto aparecen como firmantes, los salarios presentan inconsistencias, y varios docentes nunca llegaron a firmar. Algunos de los 406 profesores del sistema semiescolarizado siguen sin ningún documento que acredite su situación laboral.

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Discriminación cotidiana dentro de la escuela pública

El problema laboral se traduce en discriminación cotidiana dentro de los planteles. Los docentes escolarizados tienen cubículos asignados. Los semiescolarizados, que en algunos planteles como el Iztapalapa 5 constituyen la mayoría absoluta, comparten un espacio reducido para más de 50 personas. Los laboratorios, los instrumentos musicales, las salas de proyección están formalmente asignados a los primeros porque así está estructurado el organigrama institucional, que no reconoce al semiescolarizado como una modalidad con derechos plenos sobre los espacios.

“Yo ocupo la sala de juntas para proyecciones, voy, y ya está ocupada. Todo el semestre apartada. La paso y está vacía. Y si la uso y llegan, me sacan”, narró Rodríguez Ramos.

El organigrama del IEMS no contempla una jefatura de unidad departamental específica para el sistema semiescolarizado. Hay una sola persona en oficinas centrales a cargo de los 406 docentes repartidos en 28 planteles. En cada plantel, la estructura de autoridad es igualmente difusa: un enlace que en teoría funge como jefe directo de los docentes semiescolarizados, pero cuyas funciones no están reglamentadas. Esa ambigüedad ha servido históricamente como mecanismo de control: docentes que han pedido mejores condiciones de trabajo o que se han negado a aprobar estudiantes sin mérito han visto reducidas sus horas o han sido trasladados a planteles en el extremo opuesto de la ciudad.

“A mí me ofrecieron más horas, pero no se acoplaban a mis horarios”, relató Castro González. “Les dije que podía dar las clases si ajustábamos los horarios. Desde ese momento ya nunca me ofrecieron más grupos. Y he visto llegar y salir a tres o cuatro profesores de física en este plantel mientras yo sigo con las mismas horas.”

La vulnerabilidad no afecta solo a los docentes. El colectivo señala que sus estudiantes son tratados como ciudadanos de segunda dentro de una escuela pública: cuando se asignaron recursos para comprar equipos de cómputo en uno de los planteles, a la profesora semiescolarizada le entregaron máquinas desechadas. De un grupo de más de veinte estudiantes, solo tres equipos funcionaban.

Un caso ilustra el límite al que puede llegar esta precarización: una docente fue contactada desde el hospital donde acababa de tener a su bebé por cesárea para exigirle que repusiera las clases que había perdido durante el parto. No tenía incapacidad. No tenía IMSS. “Pues tú sabes cómo le haces, o no regresas”, fue la respuesta que recibió.

Más carga, menos reconocimiento

El sistema semiescolarizado exige más de sus docentes que el escolarizado en casi todos los indicadores. Un profesor de tiempo completo en el semiescolarizado atiende hasta 12 grupos con 25 a 30 estudiantes cada uno. Un docente de tiempo completo en el escolarizado atiende entre 2 y 3 grupos de 10 a 12 alumnos. La carga académica es incomparable, y el salario no lo refleja.

“Los del escolar van a juntas y se quejan de que tienen tres grupos”, dijo Rodríguez Ramos. “Nosotros tenemos doce, cada uno con treinta estudiantes. Y ellos ganan mucho más.”

A pesar de esa carga, la eficiencia terminal del semiescolarizado supera a la del escolarizado, según señalan los propios docentes con el respaldo de los resultados de sus planteles. El Proyecto Educativo del IEMS, aprobado por el Consejo de Gobierno en 2006, reconoce que la basificación de los profesores semiescolarizados es una condición necesaria para la calidad educativa de la institución.

Un artículo académico publicado en 2016 en la revista Horizonte de la Ciencia por el Dr. Jorge Prado Zavala, docente-tutor-investigador del propio IEMS, señalaba que el reconocimiento salarial de estos docentes era indispensable para la sostenibilidad del modelo tutorial que distingue al instituto en América Latina. Una década después, la situación no ha cambiado.

El semiescolarizado además atiende poblaciones que el escolarizado no alcanza: es la única modalidad que tiene grupos de comunidad sorda con intérpretes. Cuando los intérpretes no son asignados, los docentes resuelven como pueden, porque tampoco ellos tienen garantías laborales estables.

Las cinco exigencias del 15 de mayo

La Unión de Trabajadores y Académicos Semiescolar lleva cinco demandas concretas a la concentración del Día del Maestro:

Primera, basificación real con eliminación del código de confianza y reconocimiento pleno de derechos laborales. Segunda, fin a la discriminación dentro de los planteles: acceso igualitario a espacios, materiales y recursos de la escuela pública para docentes y estudiantes de ambas modalidades. Tercera, aumento salarial inmediato y mecanismo de incremento anual equivalente al de los docentes escolarizados. Cuarta, cumplimiento de los acuerdos ya pactados con la Dirección General: días económicos, permisos parentales, regularización de horarios. Quinta, contratos correctamente firmados para los 406 docentes, incluidos aquellos que aún no tienen ningún documento que acredite su situación laboral.

“Si estamos aquí es porque nos gusta, pero también las condiciones deben cambiar y tienen que dignificarse”, dijo Castro González. “Sabemos que somos los más vulnerables y que nos pueden correr a la menor provocación. Sabemos que muchos de nuestros compañeros son jefas de familia y no se pueden arriesgar a una huelga. Pero sabemos que si no peleamos nosotros, nadie más lo va a hacer.”

La maestra Rodríguez Ramos lleva 19 años en esa convicción. Ha egresado a estudiantes que hoy son universitarios y que le mandan mensajes para avisarle que ya se titularon. “Sientes mucha emoción porque dices, puse mi granito”, dijo. “Lógicamente no nada más soy yo, somos todos los compañeros. Pero sí. Eso es lo que nos mantiene aquí.”

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