El municipio más pobre de México concentra el mayor número de niñas y niños migrantes. Cientos trabajan desde las siete de la mañana sin acceso a escuela ni protección.
Por Redacción / @Somoselmedio
Tlapa de Comonfort, Guerrero, 30 de abril 2026.- Mientras sus madres y padres cortan tomatillo bajo el sol de Nayarit, niñas y niños de la Montaña de Guerrero duermen en la tierra entre surcos, cargan costales o mecen a sus hermanitas recién nacidas sin sombra y sin guarderías. No son la excepción: son la norma de una migración jornalera que entre enero y el 23 de abril de 2026 desplazó a 979 niñas, niños y adolescentes desde los municipios más empobrecidos del país hacia campos agrícolas de al menos once estados, según registros del Consejo de Jornaleros Agrícolas de la Montaña.
De ese total, 382 no cursan la escuela ni tienen estudios. Otros 112 llegaron al preescolar con esfuerzo. Solo 80 cursan algún grado de secundaria.
El flujo migratorio parte de municipios donde las escuelas están cerradas, no hay docentes y la única salida es el jornal. Cochoapa el Grande —el municipio más pobre de México— concentra el mayor número de menores migrantes con 277. Le siguen Copanatoyac con 157, Tlapa con 150 y Metlatónoc con 107. Alcozauca aportó 70, Atlamajalcingo del Monte 62, Tlalixtaquilla 36, Atlixtac 29, Zapotitlán Tablas 18, Acatepec 13, Xalpatláhuac y Huamuxtitlán 6 cada uno, Malinaltepec y Tlacoapa 3 cada uno, y Alpoyeca 2.
La mayoría son na savi. También hay me’phaa, nahuas y, en menor medida, mestizos.
El registro abarca a 2 mil 251 jornaleros y jornaleras en total —mil 109 mujeres y mil 142 hombres— distribuidos en cuadrillas con contratos informales o sin ningún acuerdo. Decenas de niñas y niños quedan fuera del conteo porque sus familias viajan por cuenta propia, sin contrato ni registro: van en camionetas destartaladas durante dos o tres días, expuestos a las inclemencias del tiempo, a los retenes policiales y a los asaltos de grupos del crimen organizado.
La mayoría llegó a Michoacán. Sinaloa recibió menores en 17 campos, igual que Chihuahua. Baja California los distribuyó en 7 campos; Sonora, Jalisco y San Luis Potosí en 5 y 3 respectivamente. Nayarit y Zacatecas recibieron cuadrillas en 3 campos cada uno. También hay registros en Querétaro —campo San Juan del Río— y en Colima, en el campo Cerro Cortejo.
Las condiciones en destino varían según el tipo de empresa. Las agroindustrias más grandes ofrecen galeras, guarderías y acceso a aula. Pero en las “rancherías” —campos sin infraestructura donde las familias rentan su alojamiento— no hay guarderías ni servicios básicos. Ahí, las niñas y los niños permanecen en los surcos desde que empieza el jornal. Incluidos los recién nacidos.
Los menores de siete a diez años comienzan a ayudar a sus familias para sumar algunos pesos más al jornal. El trabajo es por destajo: en la cosecha de tomatillo, la arpilla se paga a 40 pesos en el primer corte y a 50 en el segundo. Los adultos más diestros cosechan hasta 60 botes por jornada; el promedio es de entre 10 y 12 arpillas. Las niñas y los niños van a su ritmo, de las 7 de la mañana a las 5 de la tarde.
A un metro de los surcos con enredaderas, una niña de año y medio hace equilibrio entre las ramas de tomate que el viento mueve. Más arriba, otros niños tratan de dormir en la tierra mientras una de cuatro años sacude una sonaja para que su hermanita recién nacida no llore.
El 30 de abril —Día de la Niñez— nadie fue a verlos. Trataron de jugar con varas, plásticos y terrones de tierra. El único regalo fue la sombra que pudieron conseguir mientras sus padres se partían la espalda.
El dato más grave que arroja el registro del Consejo de Jornaleros es educativo: de 979 menores, 382 no tienen ningún grado de escolaridad. Sus padres no tienen dinero para inscribirlos y, en varias comunidades de origen, las escuelas están cerradas o sin maestros.
En La Montaña de Guerrero los juegos que se inventan tienen que ver con el trabajo del campo. Juegan con los perros a la yunta. Las oportunidades de estudiar se vuelven sueños rotos.
En enero salieron más de 150 niñas y niños integrados en diez cuadrillas hacia los campos de tomatillo de Nayarit y Jalisco. El sistema educativo no fue con ellos.

