Cada año, peregrinos de Puebla cruzan el histórico Paso de Cortés como parte de su camino hacia la Basílica de Guadalupe, una de las tradiciones religiosas más importantes de México. El trayecto incluye el cruce del Paso de Cortés, un puerto de montaña ubicado entre los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, a más de 3 700 metros sobre el nivel del mar, que representa uno de los momentos más exigentes y simbólicos de la peregrinación.

Fotografías Víctor Fernando Gahbler Madera / vicgahbler 

Texto: Mario Marlo / @Mariomarlo

Cada diciembre, millones de personas en México emprenden la tradicional peregrinación hacia la Basílica de Guadalupe. Para muchas comunidades, este recorrido es un acto de fe que se realiza año tras año, y entre las rutas más significativas destaca el Paso de Cortés, un camino de alta montaña ubicado entre los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl. Su combinación de historia y devoción lo convierte en uno de los trayectos más emblemáticos para quienes se dirigen al Tepeyac.

Peregrinos de Puebla cruzan el Paso de Cortés rumbo a la Basílica de Guadalupe

¿Qué es el Paso de Cortés y por qué es una ruta histórica?

El Paso de Cortés está a 3,700 metros sobre el nivel del mar, dentro del Parque Nacional Izta-Popo, en Amecameca, Estado de México. Antes de la llegada de los españoles, este corredor indígena era conocido como Cuauhíchcac, “tajón del águila”, por su importancia comercial y ceremonial. En 1519, Hernán Cortés cruzó este punto para entrar al Valle de México, y desde entonces el lugar adoptó su nombre actual.

Con el paso del tiempo, este sendero histórico se convirtió también en una ruta espiritual. Cada diciembre, numerosos peregrinos provenientes de Puebla cruzan el Paso de Cortés como parte de su camino hacia la Basílica. El trayecto es exigente, pero para muchos representa un espacio de encuentro con la fe y una oportunidad de agradecer o pedir favores a la Virgen de Guadalupe.

Peregrinos de Puebla cruzan el Paso de Cortés rumbo a la Basílica de Guadalupe

La tradición guadalupana tiene su origen en 1531, cuando la Virgen de Guadalupe se apareció al indígena Juan Diego y dejó su imagen plasmada en una tilma. Desde entonces, caminar hacia el Tepeyac se volvió una expresión de devoción profundamente arraigada. Miles de personas participan para cumplir una manda, agradecer un milagro o continuar una costumbre familiar que se ha transmitido por generaciones.

La peregrinación guadalupana es una de las movilizaciones religiosas más grandes del mundo. En 2024, la Ciudad de México estimó la llegada de más de 13 millones de visitantes durante la temporada. Solo desde Puebla se calcula que unos 150 mil peregrinos realizan esta travesía cada año. Muchos recorren más de 130 kilómetros a pie, en viajes que pueden durar entre tres y cuatro días. En el camino, reciben apoyo de comunidades locales que ofrecen agua, café o comida a quienes avanzan hacia la Basílica.

Entre las rutas más demandantes está la que cruza el Paso de Cortés. Los peregrinos inician la caminata de madrugada en Santiago Xalitzintla, el último poblado en Puebla antes de internarse en la montaña. Durante unas 12 horas recorren más de 40 kilómetros entre bosques fríos y senderos empinados hasta llegar a Amecameca, ya en el Estado de México. Esta travesía alcanza altitudes cercanas a los 3,700 metros, lo que la convierte en uno de los tramos más duros del recorrido guadalupano.

Peregrinos de Puebla cruzan el Paso de Cortés rumbo a la Basílica de Guadalupe

En este camino, los riesgos son constantes: bajas temperaturas, cansancio extremo, accidentes viales e incluso asaltos en ciertos tramos. Las autoridades recomiendan caminar en grupo, usar ropa térmica, portar identificación y seguir rutas vigiladas. Aun así, la gran mayoría de los peregrinos logra completar el trayecto, guiados por su fe y por el acompañamiento mutuo que se da entre quienes caminan juntos.

El momento clave llega el 11 de diciembre, cuando miles de peregrinos arriban a la Basílica después de horas o días de recorrido. Desde la tarde comienzan a llenar la explanada y las calles cercanas, donde muchos instalan campamentos improvisados para pasar la noche. Los grupos portan estandartes, flores e imágenes de la Virgen, mientras rezan y conviven con otras personas que llegaron desde diferentes regiones del país.

Peregrinos de Puebla cruzan el Paso de Cortés rumbo a la Basílica de Guadalupe

A la medianoche, las miles de voces reunidas entonan Las Mañanitas a la Virgen de Guadalupe, marcando el inicio del 12 de diciembre. Es un momento de profunda emoción en el que muchos peregrinos agradecen y levantan sus estandartes con orgullo. Tras cumplir su promesa, regresan a casa convencidos de que cada paso, cada frío y cada cansancio valió la pena para honrar a la Virgen Morena.

Peregrinos de Puebla caminando por el Paso de Cortés rumbo a la Basílica de Guadalupe.

Peregrinos de Puebla cruzan el Paso de Cortés rumbo a la Basílica de Guadalupe

Peregrinos de Puebla cruzan el Paso de Cortés rumbo a la Basílica de Guadalupe

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