En Xoxtla, Puebla, la defensa del agua enfrenta vigilancia, violencia y despojo institucional. Mientras el saqueo hídrico avanza con respaldo del Estado, los pueblos sostienen el cuidado del territorio como un acto de vida y resistencia.

Texto y fotografías: María Pichardo Ramírez / mar_visual_

Xoxtla, Puebla.- A las cinco de la mañana del 27 de octubre de 2025, el pueblo despierta no con el canto de los pájaros ni el murmullo del viento, sino con el estruendo de la maquinaria pesada ingresando a un parque público, como si nadie viviera alrededor, como si el agua no tuviera historia y la tierra no guardara memoria.

El parque Pavigi amaneció cercado, tomado y custodiado.

Pascual Bermúdez camina despacio entre patrullas y cinta amarilla. Tiene 66 años y una memoria profunda. Habla no para convencer, sino como quien ya ha dejado huella en esta tierra. Desde 2014 participa en la defensa del agua en Xoxtla y desde entonces ha aprendido que las luchas no comienzan con gritos ni violencia, sino con organización, cuidado y permanencia.

Defensa comunitaria del agua en Xoxtla frente al saqueo hídrico

“El agua de Xoxtla se queda en Xoxtla. Cada pueblo tiene la necesidad de defender lo que le da vida”,afirma.

Desde mayo, cuando el pueblo logró frenar un primer intento de perforación, la presencia policial se volvió cotidiana. Elementos de la Guardia Nacional, la Fiscalía y patrullas permanecen estacionados en las esquinas, resguardando el territorio donde el saqueo del agua avanza. Durante las asambleas públicas, cuando la comunidad exige claridad y justicia sobre las decisiones gubernamentales en torno a la extracción del agua, la señal telefónica se corta. Nadie explica por qué. Nadie asume responsabilidad. El silencio también vigila.

“¿A quién van a proteger?”, preguntó el pueblo.
“A la maquinaria”, respondieron las autoridades.

Defensa comunitaria del agua en Xoxtla frente al saqueo hídrico

Diversos puntos del parque quedaron cercados. Los baños públicos fueron cerrados como medida de presión contra quienes resisten dentro de las instalaciones y el suministro de agua fue cortado. Pascual explica que sólo existen dos juegos de llaves: uno en manos de la comunidad que protege el espacio y otro bajo control policial. Ante la restricción de recursos, quienes permanecen en el plantón deben salir de madrugada al campo para cubrir necesidades básicas. El cuerpo aprende rápido lo que significa el castigo.

Aun así, la resistencia se sostiene colectivamente. “El agua que tenemos nos la traen los vecinos; cada quien aporta lo que puede”,dice Pascual.

El SOAPAP, organismo operador del agua en la zona metropolitana de Puebla, tiene autorizado extraer 34.4 litros por segundo de tres pozos en Xoxtla. Sin embargo, actualmente extrae alrededor de 330 litros por segundo: casi diez veces más. La cifra se repite entre los habitantes como una herida abierta. La Comisión Nacional del Agua ha reconocido que no existen permisos claros para al menos tres pozos, incluido el de Pavigi. Aun así, la perforación continúa.

Defensa comunitaria del agua en Xoxtla frente al saqueo hídrico

“Siempre desgracian a los pueblos que menos se pueden defender”, señala Pascual. “El agua se va a las empresas, a las colonias ricas, y aquí nos dejan la tierra seca”.

Aunque la nueva Ley General de Aguas promete ordenar lo que durante décadas se permitió saquear y, en teoría, reconoce el derecho de los pueblos a la consulta y prioriza el agua para la vida, en Xoxtla la ley sólo ha tenido efecto cuando la comunidad se organiza y sostiene la defensa del territorio. En la práctica, una ley no protege si no hay cuerpos que la respalden.

Además de amenazas constantes, Pascual Bermúdez sobrevivió a un intento de homicidio ocurrido en ese mismo parque. Lo relata sin énfasis, como si su cuerpo ya hubiera aprendido a cargar demasiadas historias. Un hombre armado apareció por la parte lateral del parque; había salido de la zona resguardada por policías. Corrió alrededor del área hasta que los compañeros de Pascual lograron resguardarlo en el kiosco. El agresor huyó por detrás del parque. En la salida, más elementos policiales lo rodearon, lo cubrieron y lo sacaron en una patrulla por una puerta trasera.

Defensa comunitaria del agua en Xoxtla frente al saqueo hídrico

“Aquí lo vi correr”, dice Pascual, señalando el piso. “Y aquí lo desaparecieron”.

No hubo detenidos. No hubo explicaciones. Sólo más vigilancia.

Las noches se llenan, en ocasiones, de disparos al aire y amenazas. El cierre de baños y el corte del agua se convirtieron en mecanismos de presión. Cuando el pueblo solicitó apoyo a la Comisión de Derechos Humanos, las llamadas se interrumpieron. La violencia no siempre grita: a veces responde con silencio.

Pascual recuerda cuando comenzó a hablar de los efectos de la privatización del agua y nadie le creía. “Decían: ‘¿cómo nos van a vender el agua si Dios la manda con la lluvia?’”. Él respondía: “Un día un litro de agua va a costar más que un litro de leche”. Hoy, el agua cuesta quince pesos; la leche recién ordeñada quieren pagarla a nueve.

Antes había ojos de agua. Antes el río Prieto corría. Antes las garzas blancas cubrían los árboles como si nevara. Hoy aparecen animales muertos y aves que caen en pleno vuelo. La tierra también habla, pero de otra forma.

Defensa comunitaria del agua en Xoxtla frente al saqueo hídrico

“Si no cuidamos el agua, ¿a dónde vamos?”, pregunta Pascual. No espera respuesta. Su voz se pierde en el silencio del parque mientras, a lo lejos, suena una canción de resistencia.

Defender el agua se ha vuelto un delito; extraerla sin permiso, no. Una de las batallas más urgentes de nuestro tiempo es el cuidado del agua y, paradójicamente, sigue siendo una de las más invisibilizadas. Nombrarla, confrontarla y organizarse contra quienes lucran con lo que debería ser un derecho es el primer paso para desmontar el modelo extractivo.

Por eso, en Xoxtla, los pueblos resisten y persisten. Porque donde el agua se convierte en privilegio de unos cuantos, defenderla no es una opción: es una obligación. Como dicen los pueblos cholultecas, la lucha también es por quienes aún no pueden defenderse.

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