Antonio Orozco Michel, uno de los fugados, contó en radio la historia completa: cómo cayeron presos, cómo planearon la operación desde adentro y cómo la ejecutaron en dos minutos la noche del 22 de enero de 1976.
Por Mario Marlo / @Mariomarlo
El 22 de enero de 1976, seis integrantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre abrieron un hoyo en el muro del Penal de Oblatos con un desarmador, cruzaron un torreón abandonado, tomaron una caseta de guardia y descendieron por cuerdas tejidas con estambre hasta una camioneta que esperaba afuera. Todo duró dos minutos.
Casi cinco décadas después, uno de ellos lo cuenta en voz propia.
En el décimo episodio de Territorio Sonoro, programa de La Coyotera Radio Comunitaria 102.3 FM producido por Somoselmedio, Antonio Orozco Michel —el Michel— narró hora por hora cómo fue planeada y ejecutada la fuga que la propia Liga Comunista llamó Operativo 29 de Mayo, en memoria de tres guerrilleros asesinados meses antes.
Cómo llegaron a Oblatos
Michel fue detenido en febrero de 1974 junto con otros dos compañeros. La policía judicial los ubicó en un vehículo señalado como utilizado por la organización. Fueron llevados a una casa de seguridad donde los sometieron a interrogatorio, golpes y torturas, y luego trasladados al rastro del Penal de Oblatos: el dormitorio de aislamiento y máxima seguridad donde el Estado fue concentrando a los cuadros de la Liga uno por uno.
Ahí estaban también Enrique Pérez Mora —el Tenebras, líder de la organización—, Mario Álvaro Cartagena el Guaymas, José Natividad Villela Vargas el Billetes, Francisco Mercado Espinoza el Flaco y Armando Escalante el Loco.
Durante el primer año los mantuvieron encerrados 22 horas al día en celdas de tres por dos metros. Visitas familiares restringidas a primer grado. Sin acceso a la población general del penal.
Sabían que no saldrían por la vía legal. Los cargos —portación de armas, homicidio en enfrentamiento con la policía, secuestro— garantizaban sentencias largas. La fuga era la única salida.
Estudiaron cada detalle del penal: los turnos de guardia, los cambios de relevo, los muros. La dirección del penal los desalojó tres meses del rastro para reforzar precisamente los muros que daban a la calle. Cuando regresaron, esos muros eran una jaula. Pero encontraron algo que nadie había reforzado: el baño de la última celda de la planta alta, que no daba a la calle sino al torreón de la esquina —inhabilitado, hueco, con la puerta de la muralla abierta.
Fue el Tenebras quien lo vio.
Para tener un desarmador y un martillo sin levantar sospechas, montaron un taller de artesanías —rebozos y gabanes— y solicitaron formalmente las herramientas a la dirección del penal. Con ese desarmador rasparon el muro durante meses, despegando los mosaicos del baño con cuidado para poder volver a colocarlos después de cada jornada. La tierra que extraían la echaban a los respiraderos de las celdas.
Las armas —dos Colt calibre 25 y una Walter 380— entraron al penal escondidas en las ollas del guisado que llevaban sus madres en las visitas.
Las madres
Michel le explicó a su madre, doña Teresa, por qué se había integrado a la guerrilla. Ella era de origen campesino. Su familia también había sido víctima de injusticias. Lo entendió. Cuando él le pidió que ayudara a meter las piezas de las pistolas en la comida, ella dudó un momento y luego dijo: “Está bien, yo les ayudo.”
La madre del Tenebras, doña María, ya sabía desde antes. Había vivido con su hijo en una casa de seguridad cuando él era buscado por la policía. Cuando Enrique cayó preso por segunda vez, ella no tuvo que ser convencida.
El plan original era para el 16 de enero. Se pospuso cinco días. Esos cinco días adicionales, con el hoyo ya hecho y las armas adentro, fueron los más tensos.
La mañana del 22 no probaron alimento —en caso de herida de bala en el abdomen, mejor tener los intestinos vacíos. Sincronizaron los relojes con Radio Ranchito para coordinarse con los comandos exteriores. El Guaymas tejió las sogas con estambre horas antes, sin levantar sospechas: era sabido que los presos hacían artesanías.
A unos minutos de iniciar la operación, llamaron a Michel de la dirección del penal. Querían entrevistarlo para trasladarlo a la población común. Un agente de la Dirección Federal de Seguridad, plantado en el penal, había decidido sacarlo del rastro justo esa noche.
Michel entró en pánico. Le dijo al Tenebras que no podía ir, que si se quedaba solo lo matarían. El Tenebras le dio una cachetada y le dijo que se calmara.
El Guaymas le dijo al custodio que Michel se estaba bañando. Luego, que el director podía irse a chingar a su madre. El custodio se fue a reportarlo. En ese intervalo quitaron el último ladrillo.
Michel era el más corpulento del grupo. Al intentar cruzar el hoyo se atoró. El Guaymas jaló de sus pies, el Flaco empujó desde atrás. Pasó con las costillas raspadas por la piedra.
Desde afuera, un comando de la dirección nacional de la Liga —David Jiménez Sarmiento el Chano, Alicia de los Ríos Merino, Jesús Corral García— atacó la puerta principal del penal. Otro comando tomó la subestación eléctrica del Álamo en Tlaquepaque para cortar la luz. En la caseta nueve del torreón, un guardia rural estaba distraído mirando por binoculares a una pareja en el parque. No los vio llegar hasta que ya tenían tomada la caseta.
Dos minutos. Eso duró la fuga.
Al bajar de la camioneta, la organización los dispersó. No estaba previsto así. Tenían tres días antes de la primera cita de reencuentro, con el ejército y todas las policías del estado buscándolos.
Michel y el Guaymas llegaron a una casa en los límites de la barranca de Oblatos buscando costales para dormir. Don Pedro Torres, el dueño, los invitó a quedarse. A la mañana siguiente, cuando la televisión ya transmitía sus fotos como primera noticia, don Pedro los reconoció y les dijo: “Yo también anduve en problemas cuando era joven. Aquí se pueden quedar. Mi esposa dirá que son sus sobrinos.”
La Liga Comunista 23 de Septiembre fue prácticamente desmantelada entre 1979 y 1982. La Brigada Blanca —grupo paramilitar creado por la DFS en junio de 1976— ejecutó, torturó y desapareció a cientos de sus militantes. La Fiscalía Especial creada en el gobierno de Fox para investigar estos crímenes fue desmantelada en 2006 sin fincar responsabilidades. Los expedientes siguen incompletos.
Antonio Orozco Michel sigue aquí, contando la historia.
Territorio Sonoro se transmite los martes y jueves a las 20:00 horas por La Coyotera Radio Comunitaria 102.3 FM y en coyoteraradio.org. Es una producción de Somoselmedio.







