En el oriente de Guadalajara, en el barrio de San Andrés, con su quiosco, arboles, puestos de biónicos y antojitos, música y un antimonumento instalado en 2023. Pocos saben que ahí, cincuenta años antes, comenzó una de las experiencias de organización juvenil más importantes del México del siglo XX.

Por Mario Marlo / @Mariomarlo

San Andrés, antes conocido como Villa Mariano Escobedo, es un barrio que creció con familias migrantes que llegaron del campo a buscar trabajo y encontraron renta barata en los márgenes del oriente tapatío. Tiene su plaza, su quiosco, su iglesia. Y tiene una historia que los gobiernos de varias décadas intentaron enterrar.

En el noveno episodio de Territorio Sonoro, el programa de La Coyotera Radio Comunitaria producido por Somoselmedio, recorrimos esa historia en tres momentos: el barrio de San Andrés, la pandilla de Los Vikingos y el Frente Estudiantil Revolucionario. Una trayectoria que desembocó en la Liga Comunista 23 de Septiembre, organización cuya historia sigue pendiente de justicia.

San Andrés no aparece en los relatos oficiales de Guadalajara. Tampoco en los libros de texto. Pero durante los años sesenta y setenta fue el territorio de origen de decenas de jóvenes que decidieron enfrentarse a la Federación de Estudiantes de Guadalajara —brazo represor de la universidad y del gobierno del estado— y que pagaron ese enfrentamiento con cárcel, tortura, exilio y muerte.

El barrio tenía su propia geografía interna: grupos juveniles con nombres propios —los Mártires, los del Valle, los Rudos, los Cines, los de Las Huertas— cada uno con presencia en calles específicas. La unión entre ellos ocurría sólo cuando había una amenaza externa. Era, en palabras de sus propios integrantes, una federación de territorios.

El centro de gravedad era la escuela primaria Lázaro Cárdenas, donde la mayoría de quienes después formarían Los Vikingos se conocieron desde niños. El jardín de San Andrés —en la que entonces se llamaba calle Golfo de México, hoy Amistad— era el punto de reunión. El espacio donde se construyó una identidad que con el tiempo se volvería política.

“Éramos muy felices ahí, la verdad. Siempre olía a tierra mojada San Andrés porque era todo tierra y bien pedrado.”
— Ricardo Velasco, integrante de Los Vikingos

El nombre tiene al menos tres versiones. La primera: una película de Kirk Douglas y Tony Curtis sobre expedicionarios vikingos que se transmitió en televisión y quedó grabada en el imaginario colectivo del barrio. La segunda: un herrero local fabricó hebillas de metal con el rostro de un vikingo que los jóvenes usaron como símbolo de identificación. La tercera ocurrió en una rocola a pocas cuadras del jardín: el grupo iba a llamarse Los Venus, por una canción de Frankie Avalon, pero alguien rechazó el nombre y en ese momento, con alguien gritando “arriba los vikingos” al entrar al local, el nombre quedó.

Los Vikingos llegaron a reunir jóvenes de doce o quince barrios del oriente: Oblatos, Cantaranas, La Provincia, La Aurora, Pericles. La unión no operaba por obligación sino por pertenencia.

“El sentimiento que distinguía mucho a los Vikingos era que nunca dejaban abajo a ningún miembro. Ya sea para la comida, para la ropa, para invitarlo a dormir. Era más allá de la amistad, era como una hermandad.”
— Jorge Pérez Mora, hermano de Enrique “El Tenebras” Pérez Mora

Esa cultura de solidaridad barrial fue exactamente lo que los diferenció de la Federación de Estudiantes de Guadalajara cuando ambos mundos se encontraron en las aulas de la secundaria y la preparatoria. La FEG practicaba la novatada —cortar el pelo a los estudiantes de nuevo ingreso, quitarles la ropa, humillarlos— con respaldo del gobierno del estado e impunidad total. Los Vikingos decidieron que eso no volvería a ocurrir.

La Federación de Estudiantes de Guadalajara no era una organización estudiantil ordinaria. Fundada en 1948, operó durante décadas como el brazo represor tanto de la rectoría de la Universidad de Guadalajara como del gobierno del estado. Sus integrantes —muchos de ellos ya no estudiantes, los llamados “fósiles”— recibían autos, armas, relojes y “charolas” que les otorgaban impunidad ante cualquier acto de violencia.

En 1968, cuando el movimiento estudiantil nacional convocó a universidades de todo el país, Guadalajara fue la única que no respondió al llamado. La FEG secuestró y golpeó a los enviados del Consejo Nacional de Huelga y los expulsó de la ciudad. Ese contexto de represión local, que rara vez aparece en los relatos del 68, es fundamental para entender lo que vino después.

Cuando los Vikingos comenzaron a presentar candidatos en las elecciones estudiantiles y a disputar democráticamente el control de las sociedades de alumnos, la respuesta de la FEG fue la violencia. El 29 de septiembre de 1970, en el Politécnico de Guadalajara, elementos de la federación atacaron un mitin con armas largas y cortas. Murió Francisco Villagonzález Mirabontes, el primer caído. Once compañeros más resultaron heridos.

El Frente Estudiantil Revolucionario nació oficialmente en septiembre de 1970, con la toma del Feso y la elección de Arnulfo Prado Rosas como su primer dirigente. No nació como una organización guerrillera: nació como un frente estudiantil que quería democratizar la Universidad de Guadalajara, que las asambleas estudiantiles tuvieran poder real.

Lo que ocurrió después fue consecuencia directa de la represión del Estado. Tras los hechos del Politécnico, muchos de sus integrantes salieron de sus casas y vivieron en la clandestinidad durante tres años, sosteniendo presencia en todas las escuelas de la UdeG a través de volantes, pintas en bardas y camiones y brigadas de agitación. Llegaron a conformarse más de 400 brigadas. El promedio de edad de sus integrantes era de 17 a 18 años.

“Yo fui secuestrado por la FEG el 13 de enero del 71. Me torturaron. Querían que firmara una declaración. Siempre me negué. Todo eso lo callé durante más de cincuenta años.”
— Ricardo Velasco

Ricardo Velasco fue secuestrado, torturado y abandonado. Sobrevivió porque unos transeúntes lo encontraron y auxiliaron. Durante 52 años no habló de eso públicamente. En este programa lo hizo por primera vez, nombrando directamente a Enrique Alfaro Anguiano —presidente de la FEG en esa época, padre del actual gobernador de Jalisco— como responsable de los grupos que lo detuvieron.

El 15 de marzo de 1973, en una casa de la calle Porfirio Díaz 689, Sector Libertad, Guadalajara, se celebró la primera reunión nacional de la Liga Comunista 23 de Septiembre. El FER se disolvió para integrarse a un proyecto nacional. La historia que siguió —la de la Liga, los caídos, los desaparecidos— será el tema del próximo episodio de Territorio Sonoro.

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