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Las mentiras de la mañanera

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presidencial Claudia Sheinbaum

Por Max González Reyes

Desde que asumió la presidencia Andrés Manuel López Obrador en 2018 estableció una forma de comunicación que le permitió por sí mismo expresar su interpretación de la política a su forma y a su modo. Ya lo había hecho cuando fue jefe de Gobierno del Distrito Federal (2000-2006). La conferencia mañanera tuvo sus orígenes en aquel sexenio, en buena medida para contrarrestar las declaraciones del entonces presidente Vicente Fox. Esa estrategia en realidad fue una promoción para lo que sería su primer intento por llegar a la presidencia. Como se recordará, la elección de 2006 fue de las más polémicas y aun hoy se sigue hablando y cuestionando sus resultados.

Una vez que llegó a la presidencia en 2018, López Obrador replicó su estrategia de comunicación que tanto éxito le dio a nivel local. Desde esa trinchera, y desde el primer día, el ex presidente se mostró tal cual es. No había día que no hablara en contra de quienes eran sus críticos y opositores. Al tener todos los reflectores por tiempo ilimitado (hubo mañaneras que duraron más de cuatro horas), era dueño del escenario. Sus declaraciones eran nota de primera plana todos los días. Desde ese púlpito matutino, habló en contra de empresarios, de políticos, de medios de comunicación, de periodistas; dio instrucciones a niños, jóvenes y adultos, dio su interpretación de la historia, recomendó libros, repitió una y otra vez que él no era como los otros, tacho de neoliberales y conservadores a sus opositores, etc. Pero también mostró sus afinidades. Desde ahí demostró que los que eran leales los exaltaba y los protegía. Desde la mañanera se creó un escenario que era completamente de él.

Las mañaneras mostraron la intolerancia del ex presidente tal como es. Todo aquel que estaba en su contra lo exhibía con nombre y apellido. Con la ayuda de todo el aparato técnico que el Estado le proporcionaba, mostraba diapositivas, reproducía declaraciones y videos, etc. Desde ahí se mostró su intolerancia a la crítica, a la oposición. Al ser dueño del micrófono en un escenario solo de él, no había otra palabra que la del presidente.

Posteriormente, la presidenta Claudia Sheinbaum continuó con las mañaneras y, al igual que su antecesor, también ha mostrado su intolerancia a la crítica.

Con todo lo anterior como antecedente, hoy estamos ante un nuevo capítulo de intentar acallar a quien piensa diferente a la presidenta. En la mañanera del pasado martes 28 de julio, la presidenta acompañada de la Consejera Jurídica, Luisa María Alcalde Luján, presentó el proyecto por el que la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT), instancia encargada de regular la radio y la televisión, podrá multar a una televisora o a una radiodifusora que difunda información que considere falsa. El proyecto que presentó la presidenta junto con la Consejera Jurídica, forma parte de los Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias, la cual estará a consulta del 27 de julio al 21 de agosto.

El texto promete en su artículo 2 no restringir la libertad editorial ni permite la censura previa, pero en el artículo 12 obliga a no difundir información falsa, además castiga la falsa información con una multa de 1% de los ingresos de quien difunda la información.

Este proyecto no es otra cosa que el intento del actual régimen de callar a los opositores. El gobierno se pone un disfraz para que en nombre de la seguridad se restrinja la libertad de expresión, en nombre de protección del derecho de las audiencias. Desde luego, nadie está en contra a que la ciudadanía reciba información falsa o que no esté comprobada, pero los gobiernos de la Cuarta Transformación tienen la piel muy delegada respecto a la crítica.

Parte del problema del documento que se puso a consulta es que su interpretación depende del criterio de la misma autoridad. Frente a ello, las preguntas que surgen son qué se entiende por “información veraz” o quién determina cuando una información está “descontextualizada”. Si es la CRT entonces no se aceptará la crítica y sólo se aceptará lo que diga el ejecutivo en sus mañaneras.

Es claro que hay mucha información que no está comprobada, y los medios deben ser responsables de la información que difunden, pero de eso a acallarles la boca hay un abismo de diferencia. Si fuera el caso, la misma mañanera debería ser censurada, pues desde los tiempos de López Obrador se dijeron muchas mentiras. Algunos analistas han registraron entre 80 y 100 falsedades en cada mañanera de López Obrador. Hay que recordar que cuando al ex presidente le mostraban datos sobre el poco o nulo crecimiento de la economía, él simplemente decía “yo tengo otros datos”; además, repitió hasta el cansancio que México tendría un sistema de salud igual o mejor al de Dinamarca y, por el contrario, sigue habiendo carencias básicas en todo el sector salud; también dijo que en su gobierno se acabó la corrupción y ésta sigue existiendo. En el actual sexenio no ha cambiado mucho. Las mentiras han continuado.

Podríamos seguir enumerando la cantidad de mentiras que se han dicho desde la mañanera: la construcción del Tren Maya, la Refinería de Dos Bocas, el caso de Segalmex, etc. Si el gobierno pretende aplicar la multa del 1% tendría que empezar por él mismo.

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