En México, la violencia contra periodistas no cede: al menos una agresión ocurre cada día. Dos comunicadores narran en anonimato lo que significa informar bajo amenaza: vigilancia, desplazamiento y la posibilidad de abandonar el oficio.

Por: Araceli Barón, Valentín Ángeles y Guillermo Ruíz

Cambiar de domicilio, vivir bajo vigilancia constante, evitar compartir información personal en redes sociales y pensar dos veces cada palabra antes de publicarla. Para muchos periodistas mexicanos, estas medidas forman parte de su vida cotidiana.

“Tuve que cambiar mi lugar de residencia para resguardarme”, relata Eva, periodista de un medio de circulación nacional cuya identidad fue reservada por motivos de seguridad. Su experiencia refleja una realidad que enfrentan numerosos comunicadores en México, donde investigar temas relacionados con corrupción, crimen organizado, derechos humanos o violencia de género puede convertir a un reportero en blanco de amenazas, agresiones y campañas de intimidación.

Ejercer el periodismo en América Latina, y particularmente en México, se ha convertido en una actividad de alto riesgo. Más allá de la búsqueda de información, quienes ejercen esta profesión enfrentan amenazas constantes, vigilancia, agresiones físicas, violencia digital, censura y condiciones laborales precarias. A ello se suma la impunidad que frecuentemente rodea las agresiones contra la prensa.

México es considerado uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo fuera de contextos de guerra. Los periodistas suelen investigar casos relacionados con corrupción, abuso de poder, crimen organizado y violaciones a los derechos humanos, temas que afectan intereses políticos, económicos y criminales.

Juan N., periodista que solicitó permanecer en el anonimato, resume esta situación de la siguiente manera:

“México se ha convertido en uno de los territorios más letales para ejercer el periodismo. Vivimos en un estado de alerta constante, donde la libertad de expresión encuentra límites marcados por la violencia y la muerte. Investigar la verdad se convierte en un acto de alto riesgo.”

Los testimonios recabados para este reportaje muestran que la violencia contra la prensa no se limita a los asesinatos. También se manifiesta mediante amenazas, vigilancia, hostigamiento digital, desplazamiento forzado, campañas de desprestigio y presiones institucionales.

Eva explica que los temas que considera más peligrosos de cubrir son el narcotráfico, el crimen organizado, la corrupción política, los derechos humanos, la violencia social, la nota roja y los asuntos ambientales:

“Los temas más peligrosos que considero cubrir son el narcotráfico, el crimen organizado, la corrupción política, las autoridades, los derechos humanos, la violencia social, la nota roja y los asuntos ambientales.”

Su trayectoria profesional ha estado marcada por la cobertura de casos de feminicidio, una labor que considera indispensable para visibilizar problemáticas que con frecuencia permanecen ocultas.

“Me ha tocado cubrir casos de feminicidio. Han sido historias muy duras, pero necesarias porque visibilizan una realidad que muchas veces se intenta ocultar.”

Sin embargo, investigar estos casos implica enfrentarse a estructuras de poder complejas.

“Cuando investigas estos casos, muchas veces te enfrentas a redes de poder, negligencia institucional o incluso a personas involucradas directamente en los hechos, donde existen intereses para que estas historias no salgan a la luz.”

Tras la cobertura de uno de estos casos, Eva comenzó a recibir amenazas que transformaron radicalmente su vida personal y profesional: tuvo que abandonar su domicilio y cambiar de ciudad. A partir de entonces, la seguridad se convirtió en una prioridad cotidiana. Evita compartir información personal y limita la exposición pública de sus actividades. No obstante, las amenazas continúan presentes.

Una de las formas de violencia que más la ha afectado es la psicológica:

“Sentía que me vigilaban constantemente, que mis conversaciones podían filtrarse y que alguien observaba cada uno de mis movimientos. Es una guerra de desgaste mental.”

La violencia digital es otro de los mecanismos de intimidación documentados contra periodistas en México. Según el informe Estructuras del silencio de Article 19, durante el litigio WhatsApp vs. NSO Group quedó registrado que México concentró 456 de los 1,400 ataques cibernéticos documentados a nivel mundial, con objetivos que incluían periodistas, abogadas, activistas y disidentes.

A ello se suma la violencia institucional, que puede manifestarse mediante obstáculos al acceso a la información, falta de investigaciones efectivas, demandas judiciales o mecanismos de presión que buscan desalentar el trabajo periodístico.

Las consecuencias de este contexto son profundas. En algunos casos, los periodistas optan por omitir información para proteger su integridad física.

“Hay información que sé que es importante, pero que no puedo publicar por el riesgo.”

La autocensura no representa una renuncia al compromiso periodístico, sino una estrategia de supervivencia frente a amenazas reales.

“Vivo con miedo y en constante alerta, porque ahora todo lo pienso dos veces.”

El impacto también alcanza la salud emocional y la estabilidad personal.

“Estoy considerando dejar el periodismo por seguridad.”

Cuando un periodista abandona su profesión por temor a las represalias, la pérdida no es únicamente individual. También se afecta el derecho de la sociedad a estar informada.

Ante este panorama, organizaciones de defensa de la libertad de expresión desempeñan un papel fundamental. Una de ellas es Article 19, organismo que documenta agresiones contra periodistas, brinda acompañamiento legal a víctimas, impulsa acciones de incidencia pública y desarrolla investigaciones sobre las condiciones en las que opera la prensa.

En el marco de su vigésimo aniversario, la organización presentó el informe Estructuras del silencio: censura, opacidad y vigilancia, un análisis sobre la libertad de expresión, el acceso a la información y la violencia contra la prensa en México, Cuba, El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Honduras.

Los datos sobre México detallaron que en 2025, Article 19 registró 451 agresiones contra la prensa en el país, una cifra que permanece casi igual a las 465 documentadas en 2024, lo que confirma que la violencia no cede. De esas 451 agresiones, 197 corresponden a ambiente hostil —amenazas, estigmatización, campañas de desprestigio—, 153 a abuso del poder público y 53 a ataques físicos directos.

El Estado mexicano figura como agresor en más del 50% de los casos documentados. Además, siete periodistas fueron asesinados en 2025 en posible relación con su labor, y al menos ocho más sobrevivieron a tentativas de asesinato. Desde el año 2000, el informe contabiliza 176 periodistas asesinados en México en posible relación con su trabajo. Reporteros sin Fronteras ubica al país en el segundo lugar mundial en número de periodistas asesinados, solo detrás de los territorios ocupados de Palestina.

Durante la presentación del informe, realizada en el Centro Cultural de España en México, Olivia Zerón —periodista, reportera de radio y televisión y jefa de información del diario digital Animal Político— señaló que en el país persisten estructuras de poder que buscan inhibir el ejercicio periodístico y restringir la circulación de información de interés público.

En entrevista para este reportaje, Zerón explicó que uno de los principales hallazgos del informe es que el silencio informativo no surge por falta de voluntad de los periodistas, sino por los elevados costos personales y profesionales que implica publicar determinadas investigaciones.

Entre los temas identificados por el informe destacan la vigilancia y el espionaje digital, la opacidad institucional tras la desaparición del INAI, la estigmatización de periodistas, el desplazamiento forzado y el deterioro de la salud mental de quienes ejercen la profesión.

Según Zerón, el informe busca convertirse en un espacio de reflexión colectiva sobre los desafíos que enfrenta actualmente la libertad de expresión en la región.

La periodista destacó además que el ejercicio periodístico exige reconocer la inevitable subjetividad humana, sin renunciar al compromiso con los hechos verificables y la búsqueda de la verdad.

“Somos personas, tenemos visiones subjetivas sobre las cosas, pero sí podemos intentar apegarnos lo más posible a la verdad. Eso requiere preparación, experiencia y mucha voluntad.”

Al dirigirse a las nuevas generaciones de periodistas, Zerón compartió una reflexión sobre la importancia de la humildad profesional:

“Reconocer que no lo sabemos todo. Lo más importante es acercarnos a los temas con humildad para comprender mejor la realidad e informar con calidad.”

Eva aún no ha tomado una decisión. Sigue cubriendo, sigue pensando dos veces cada palabra antes de publicarla. Pero la posibilidad de dejar el periodismo está sobre la mesa. Cada vez que eso ocurre —cada vez que un periodista abandona su profesión por miedo—, la sociedad pierde también una parte de su derecho a saber.

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