Migran de Guerrero 117 jornaleros indígenas de la Montaña al norte del país; 51 son niñas y niños y 64 nunca pisaron una escuela, denuncia Tlachinollan.

Por Redacción / @Somoselmedio

Tlapa, Guerrero. La pobreza y la falta de trabajo en las comunidades indígenas de la Montaña de Guerrero volvieron a expulsar a 117 jornaleras y jornaleros hacia los campos agrícolas del norte del país, informó el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan. Al filo del mediodía del martes 4 de agosto salieron rumbo a Chihuahua, Sinaloa, Zacatecas, Michoacán, San Luis Potosí y Sonora al corte de chile y tomate verde. Entre quienes viajaron había 25 niñas y 26 niños de 0 a 17 años, de acuerdo con el registro de la organización.

Tlachinollan documentó que el 53 por ciento de las familias son na savi, el 33 por ciento nahuas y el 14 por ciento me’phaa. La mayoría proviene de comunidades indígenas que, según el organismo, permanecen abandonadas por las autoridades: ni siquiera resolvieron a tiempo la compra de gas para que en la casa del jornalero se les diera comida caliente.

Sin gas ni comida caliente, 117 jornaleros indígenas de la Montaña migran a seis estados del norte

La salida de este martes se concentró en los municipios más pobres del país. De Copanatoyac partieron 34 personas; de Cochoapa el Grande, 28; de Tlapa, 25; de Metlatónoc, 20; de Alcozauca, 6; de Olinalá, 2, y una de Tlacoapa. Cochoapa el Grande y Metlatónoc han sido históricamente los municipios con mayor pobreza en México, y Tlacoapa registra un grado de marginación muy alto. En Alcozauca las familias sobreviven entre precariedades y conflictos agrarios, en un territorio donde también se han cometido feminicidios a plena luz del día, como el de Leuteria en enero de 2025.

La migración arrastra a la infancia hacia los surcos. De las familias que este martes se encaminaron a los campos, 20 son niños de 0 a 5 años que crecen entre las plantas de chile y tomate verde. Salvo en algunas empresas agroindustriales que cuentan con guarderías y escuelas del Conafe, en la mayoría de las rancherías las y los pequeños se quedan bajo una sombrilla, un árbol o entre los cultivos mientras sus padres trabajan.

Sin gas ni comida caliente, 117 jornaleros indígenas de la Montaña migran a seis estados del norte

El derecho a la educación se rompe generación tras generación. Los niños de 6 a 11 años que deberían estar en la primaria trabajan junto a sus padres porque en casa no hay dinero para sostener sus estudios; los de 12 a 17 años tampoco cuentan con la beca Benito Juárez que les permitiría dejar de heredar la explotación. Del grupo que viajó este martes, 52 personas alcanzaron a cursar algún grado de preescolar, primaria, secundaria o bachillerato, mientras que 64 nunca tuvieron acceso a la escuela. La falta de maestros e infraestructura educativa persiste, denuncia Tlachinollan.

Las familias no pueden dejar de migrar porque, de quedarse, mueren de hambre o por enfermedades. Por eso muchas llegaron en dos autobuses destartalados desde las 9 de la mañana del lunes 3 de agosto a la Unidad de Servicios Integrales (USI), conocida como la casa de los jornaleros. Ahí esperaron todo el día y pernoctaron en condiciones paupérrimas, sobre colchones de varios años que se deshilachan.

A doña Ofelia, jornalera ñuu savi de la comunidad de Loma Canoa, en Cochoapa el Grande, apenas le ofrecieron comida caliente en la casa del jornalero. Vestía un huipil florido y huaraches; a su lado estaban su hija Yanet, de 3 años, y Brayan, de 5, mientras cargaba en brazos a Crispín, de un año. Aunque teje huipiles que llegan a costar hasta 3 mil pesos, el ingreso no le alcanza: no siempre se los compran y tarda meses en terminar cada pieza. Tampoco recibe apoyos gubernamentales suficientes para enfrentar las emergencias.

Sin gas ni comida caliente, 117 jornaleros indígenas de la Montaña migran a seis estados del norte

El día de la salida las familias tuvieron que comprar sus propios alimentos porque las dependencias no compraron a tiempo el gas para cocinar siquiera frijoles. Hasta las 2 de la tarde llegó personal de la Secretaría para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos (SEDEPIA) para resolver el problema. Tlachinollan responsabilizó a esa dependencia, junto con la Secretaría de los Migrantes y Asuntos Internacionales, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social y el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, de haber dejado en el abandono a la población jornalera sin garantizar lo más básico para su estancia.

Las mesas interinstitucionales, señala la organización, quedaron sin efecto. La atención llegó a cuentagotas incluso frente a la emergencia de inseguridad de noviembre pasado, cuando un grupo del crimen organizado cobró cuota a las y los jornaleros que viajaban a Sinaloa; quienes no acataron las órdenes fueron agredidos a balazos y pedradas y despojados de los ahorros que llevaban para sobrevivir la primera semana en los campos.

El desamparo alcanzó incluso a quienes buscaban salir por primera vez. Oliverio, joven na savi de 18 años de Cochoapa el Grande, intentó migrar a los campos de Chihuahua al corte de chile, pero lo bajaron del primer escalón del autobús porque no había pagado su boleto de 2 mil pesos. Deberá esperar hasta el jueves 7 de agosto para viajar. A las cuatro de la tarde de ese martes aún no había comido, por la falta de gas en la casa del jornalero.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here
Are you human? Please solve:Captcha