Sobreviviente de la Masacre de Acteal e integrante de Las Abejas, Juana Arias Pérez dedicó su vida a resguardar la memoria de las 45 víctimas. Murió sin que el Estado mexicano garantizara verdad y justicia.
Por Mario Marlo / @Mariomarlo
Fotografías: Las Abejas de Acteal
Acteal, Chenalhó, Chiapas.- La Organización Sociedad Civil Las Abejas de Acteal informó el fallecimiento de Juana Arias Pérez, mujer tsotsil sobreviviente de la Masacre de Acteal del 22 de diciembre de 1997 y reconocida por su presencia constante junto a la ofrenda que cada año honra a las 45 personas asesinadas —más cuatro bebés no nacidos— en la capilla de la comunidad.
Juana Arias, conocida como doña Juanita, no solo fue sobreviviente: fue una Guardiana de la Memoria. En cada conmemoración se colocaba a unos centímetros de la ofrenda, entre velas, flores e incienso, sosteniendo con su presencia el vínculo entre las víctimas, la comunidad y la exigencia de justicia.
Originaria de Quextic Centro, fue desplazada forzadamente junto a su esposo en el contexto de la estrategia contrainsurgente desplegada tras el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en 1994. Días antes de la masacre, se había refugiado en Acteal buscando protección frente al hostigamiento de grupos armados.
La Masacre de Acteal ocurrió en el marco de la llamada “guerra de baja intensidad”, estrategia que, según organismos de derechos humanos, implicó la promoción y tolerancia de grupos paramilitares en comunidades indígenas de Los Altos de Chiapas.
El 22 de diciembre de 1997, un grupo armado atacó a población civil desarmada que realizaba una jornada de ayuno y oración por la paz. La presencia de fuerzas de seguridad a escasos metros del lugar ha sido señalada como un elemento que compromete la responsabilidad estatal.
Aunque hubo detenciones y renuncias políticas tras los hechos, las comunidades han denunciado la falta de investigación a mandos superiores y la persistencia de la impunidad estructural. El caso permanece en el sistema interamericano ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, sin resolución definitiva.
Tras la masacre, Juana Arias asumió la tarea de sahumadora en la Tierra Sagrada de Acteal. Con el humo del incienso acompañaba las ceremonias que honran a las víctimas y exigen justicia.
“El cuerpo de doña Juanita, lo sembraremos en el seno de las montañas que resguardan la Tierra Sagrada de Acteal y la Memoria de nuestras hermanas y hermanos masacrados. Su ejemplo de resistencia, fe y lucha, permanecerá vivo en nuestro corazón y en nuestras comunidades.”
A través de un comunicado, Las Abejas de Acteal resaltaron que Juanita murió sin haber conocido la verdad judicial plena ni las garantías de no repetición que el Estado mexicano está obligado a asegurar conforme al derecho internacional de los derechos humanos.
“Nuestra hermana Juanita, se ha ido a encontrarse con su esposo, con las mujeres, con las niñas y niños, con las 45 personas y más los 4 bebés no nacidos. Seguramente, ha llevado nuestras palabras, para compartir que aquí en Chiapas y en todo México, vivimos en la vorágine de la violencia por las políticas de desprecio y de muerte del mal gobierno en complicidad con los ricos y poderosos.”
Para Las Abejas, su partida no cierra una etapa; al contrario, refuerza el compromiso de mantener viva la memoria frente al negacionismo y la violencia que persisten en Chiapas.
“Que el humo del incienso, lleve el espíritu de nuestra hermana Juanita hasta el cielo y, que allá, por fin pueda descansar en paz, en los brazos de Dios Papá-Mamá.”









